INICIO Mapa del Sitio
RECONQUISTA       Y       DEFENSA
Quienes somos
InscripcionContáctenos
AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
Castillos e iglesias medievales
La falsa promesa de la felicidad
Santos:¿sentimentales o fuertes de alma?
+ Ver todos
- -
ESTUDIOS
Nazismo y Comunismo: ¿enemigos o amigos?
Evolucionismo: La ciencia demuestra su caducidad.
La Cruzada del Siglo XXI
+ Ver todos
- -
DOCTRINA SOCIAL
Textos pontificios
El lujo y el desapego de los bienes terrenos
La incompatibilidad con el socialismo
La desigualdad, el Estado y la Propiedad Privada
+ Indice temático
- -
EFEMERIDES ARGENTINAS
Historia de Don Martin de Alzaga, héroe de la reconquista
Genealogía de José Hernandez: autor del Martín Fierro
+ Ver todos los artículos de Historia
- -
NUESTRAS ACCIONES
+ Ver todas nuestras acciones

Cuentele a un amigo sobre esta página

Su E-M@il Mail de su amigo

HERNANDARIAS

Conquistador, gobernante y hombre de Dios

Hernando Arias de Saavedra fue, quizás, el último representante del espíritu de la conquista en el Río de la Plata y su nombre debe inscribirse junto al de aquellos que lucharon y dedicaron su vida a colonizar y evangelizar estas lejanas comarcas que constituyeron uno de los confines más alejados del imperio español.

Hijo de esta tierra, había nacido en Asunción del Paraguay, cabeza de la gobernación del Río de la Plata, el 10 de septiembre de 1561. Fue su padre el capitán español Martín Suárez de Toledo y su madre doña María de Sanabria, por lo que era nieto por vía materna del adelantado don Diego de Sanabria y de doña Mencia Calderón de Sanabria, rica dama española que trajo su fortuna al Paraguay. Hernandarias fue además, medio hermano de Fernando de Trejo y Sanabria, que hacia fines del siglo XVI era obispo del Tucumán y uno de los fundadores de la Universidad de Córdoba.

Don Hernando, hombre culto, prudente y generoso, de caballerescos modales y grandes iniciativas, era sumamente versado en historia romana, que según algunos historiadores, llegó a sus manos a través de las tan comunes abreviaciones españolas de aquellos días. Educado en el convento franciscano de su ciudad natal, tuvo por maestro a Ruy Díaz de Guzmán, célebre historiador de la época, autor de “La Argentina o Historia de la Provincia del Río de la Plata” (1612).

Como todo individuo de buena cuna y elevada educación de aquellos tiempos se cree que dominó el latín y que fue versado en otras materias.

Integrando las milicias de su ciudad natal, marchó muy joven a la guerra contra las tribus fronterizas que hostigaban a la población cristiana. Según cuenta la tradición, para evitar mayores derramamientos de sangre, retó al cacique enemigo a un duelo cuerpo a cuerpo y en el combate le dio muerte, sufriendo tan solo unas pocas lesiones.

Hernandarias se enroló en la expedición a la Ciudad de los Césares organizada por el gobernador Abreu (1578), participó en la fundación de Salta, formando en las milicias de don Hernando de Lerma y estuvo a cargo del ganado destinado a la segunda fundación de Buenos Aires emprendida por su futuro suegro, don Juan de Garay, a quien acompañó como cabo segundo en su expedición a las sierras de Tandil y de la Ventana. A los 20 años de edad, se casó con la hija del adelantado, doña Jerónima de Contreras y se fue a vivir a Santa Fe, donde estableció su residencia.

La universidad de Córdoba con la Iglesia de los Jesuitas

Años después Hernandarias combatió contra las tribus niguares del Paraguay, participó en la fundación de Concepción del Bermejo, de la que fue primer alcalde ordinario e integró la expedición que a través de las actuales selvas formoseñas, abrió un nuevo camino a la ciudad de Asunción.

Personaje destacado de la fundación de Corrientes, en 1588, reemplazó a Alonso de Vera “Cara de Perro” en el gobierno de Asunción, ejerciendo la tenencia general de las provincias el 13 de julio de 1592. Su amplia hoja de servicios se vio incrementada cuando en 1592 fue teniente de gobernador de don Hernando de Zárate y en 1597 de Juan Ramírez de Velasco.

Se hallaba en Concepción del Bermejo cuando se enteró de la trágica muerte de Ramírez de Velasco y encabezando 80 efectivos, partió desde aquella ciudad para enfrentar a los indios, a los que aniquiló tras una sangrienta batalla en la que resultó herido.
Ya en Asunción, encontró a la ciudad convulsionada, debido a las discrepancias que existían en cuanto a si Ramírez de Velasco había depositado en él su confianza o no. En gesto de alta nobleza declinó el mando para someterse a los designios de la mayoría y el 4 de enero de 1598 la Asamblea lo designó gobernador “…con mucho gusto y aplauso de toda la gobernación…haciendo uso del privilegio concedido por el emperador Carlos V”.

Apaciguado el Paraguay, a poco de su reconocimiento por la Audiencia de Charcas, Hernadarias bajó a Buenos Aires, amenazada entonces por la acción de piratas, previa designación de su cuñado, el capitán Antonio de Añasco, como teniente de gobernador.
Disipado aquel peligro, pasó a Santa Fe, sede de su hogar, donde recibió del Virrey del Perú la designación de gobernador interino y la visita de su medio hermano el obispo Trejo, que llegaba con la misión de ordenar sacerdotes en Paraguay. Junto a este regresó a la capital, ciudad de su nacimiento, donde fue recibido por el pueblo que le hizo entrega de las llaves, con las que abrió su puerta simbólica.

Mientras el obispo Trejo administraba el sacramento de la Confirmación a más de 3000 pobladores, Hernandarias comenzó a organizar la expedición contra los indios alzados del Paraná, quienes habían asesinado a más de una veintena de españoles, entre ellos Bartolomé de Sandoval y el general Iñigo de Velasco.

Partió al frente de un escuadrón de 200 efectivos bien armados, dividido en ocho columnas con un capitán a su frente cada una y, encabezando esas fuerzas, aniquiló por completo la rebelión. Los indios que no fueron muertos, huyeron hacia los bosques para no regresar.

De vuelta en Asunción, Hernadarias dictó ordenanzas sobre la base de las que impusieran oportunamente don Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Domingo Martínez de Irala, organizando pueblos con asientos mucho más favorables, a cargo cada uno de un protector, pagando y sosteniendo al sacerdote encargado de la enseñanza religiosa. Nueve años después, el padre Luis Bolaños recorrió las regiones civilizadas, fundando las primeras reducciones franciscanas de aquellos lares: Caazapá y Yutí.

El 20 de junio de 1596 el Rey Felipe II designó gobernador a don Diego Rodríguez Valdez y de la Banda, ello tras la definitiva renuncia de Juan Torres de Vera y Aragón. Tras una prolija y ordenada administración de los fondos públicos, Hernandarias dejó su primer gobierno, pero regresó en 1597, tras el fallecimiento de su titular, en la ciudad de Santa Fe.

El 12 de enero de 1603, fue designado por el virrey del Perú para un tercer período, para júbilo de la población, que se deshacía en elogios a su persona. La gobernación se hallaba vacante desde el 12 de agosto del año anterior.

Una de las primeras decisiones de Hernandarias fue emprender una nueva expedición en busca de la mítica Ciudad de los Césares, hecho que anunció a través de pregones en todas las ciudades de la gobernación.

Organizarla le llevó cerca de seis meses, reuniendo 130 soldados, 600 vacunos, igual número de caballos y unas setenta carretas con sus respectivos bueyes, además de 600 indios auxiliares.

La expedición partió de Buenos Aires el 1 de noviembre de 1604, internándose en el inmenso desierto pampeano, para seguir los rastros de la legendaria expedición de Francisco César, soldado de Solís, que dio origen a la leyenda.
Tras recorrer 150 leguas, los españoles llegaron a las márgenes de los ríos Colorado y Negro y costeando siempre sus riberas, alcanzaron Choele Choel y el territorio donde en la actualidad se encuentra la ciudad de Gral. Roca.

Habían explorado un vasto territorio, descubierto importantes salinas y fértiles valles y confirmado la dominación de España en aquellos territorios, en lo que fue un antecedente más que notable de la conquista del desierto, todo ello, después de batir a los indios que los superaban en número de diez a uno.

De regreso en Buenos Aires, ciudad a la que este gobernador elevó de categoría e importancia, contribuyó con energía, proveyendo de carretas, bueyes y víveres, a equipar la expedición del gobernador de Chile Mosquera, que venía proveniente de España, encomendado para hacer la guerra a los araucanos. Ocurrió que Mosquera actuó con soberbia y su soldadesca incurrió en graves desmanes contra la población, motivando su reacción violenta.

De la mano de Hernandarias, Buenos Aires logró sustentarse de su propio comercio con el Brasil. Fue él quien reconstruyó el fuerte y, bajo su mando, los pobladores comenzaron a edificar el Cabildo.

Este tercer gobierno se extendió hasta el 21 de diciembre de 1609, cuando llegó un nuevo titular Diego Marín Negrón, que acabaría sus días asesinado, en pleno ejercicio de sus funciones. De nada valieron las malas intenciones de los enemigos de Hernandarias ya que el juicio de residencia arrojó, por segunda vez, una administración más que impecable, razón por la cual, se retiró a su residencia particular de Santa Fe, junto a su familia, en espera de nuevos acontecimientos.

Hernandarias fue gobernador por cuarta vez, por designación fechada el 7 de septiembre de 1614. Se hizo cargo de esas funciones en su casa de Santa Fe el 3 de mayo de 1615 e inmediatamente después se trasladó a Buenos Aires, a la que llegó el 29 de mayo de ese año. En esta nueva oportunidad, adoptó enérgicas medidas en defensa del vecindario y su comercio, razón por la cual, expulsó de la ciudad a judíos portugueses que simulando ser católicos practicantes, ejercían el contrabando en desmedro de la economía regional. De este período dice el historiador Raúl A. Molina: “…la muerte de Martín Negrón había acentuado la política del fraude aduanero iniciada bajo su gobierno; y durante la actuación de su sustituto Mateo Leal de Ayala, se formó el famoso cuadrilátero, que mantuvo a esta ciudad en el desafuero y la violencia.
“Hernandarias inició el proceso con el título ‘de los excesos y desórdenes del puerto de Buenos Aires’ a cuya trascendencia debemos atribuir todas las calamidades que ocurrieron en la ciudad desde entonces y que debían alcanzar casi un siglo de duración.
“Simón de Valdés fue desterrado a España, Vergara y Diego de Vega huyeron al Alto Perú y muchos vecinos fueron procesados; a tal punto llegó que se paralizaron las pesquisas por extinguirse las existencias de papel. Hernandarias repuso las ordenanzas de la Metrópoli, y al fin, después de comprobar la resistencia de los complicados, asistió a las luchas del vecindario entre beneméritos y confederados, origen de los dos primeros partidos de nuestra vida política, y también a los asesinatos del alguacil Guadarrama y otros en que hasta su misma vida corrió peligro. Por último, repartió las nuevas permisiones entre los vecinos y, colocado en la gobernación con el título de Juez Pesquisidor con que lo invistió la real audiencia de Charcas, se instituyó en juez implacable de los contrabandistas”.
En 1618 la corona española dividió la Provincia del Río de la Plata en dos, la gobernación del Paraguay, con Asunción como capital y el Río de la Plata con Buenos Aires como cabecera, medida de la que Hernandarias, como en su momento el arcediano Martín del Barco Centenera (1587) y fray Juan de Rivadeneira (1581) habían sido propulsores. Dijo al respecto Vicente Fidel López “Reinaba Felipe III, y previas las consultas y los acuerdos con el Consejo de Indias y Casa de Contratación, fue aprobada la indicación de Hernandarias, y promulgada en diciembre de 1617, la separación del Paraguay y el Río de la Plata en dos provincias de igual categoría”.
Hernandarias se retiró a la vida privada pero al poco tiempo, sufrió injusta persecución por parte de su sucesor, el navarro Diego de Góngora. Este valeroso capitán de Flandes, nacido en Pamplona, se dejó influenciar por la facción del partido confederado, ordenando el arresto de aquel. Como dice Molina: “El prestigio político que Hernandarias había ganado en sus cincuenta años de servicio, fue agredido por el gobernador Góngora y sus secuaces, reduciéndolo a prisión durante dos años y rematándole los bienes”. El sevillano Juan de Vergara y el portugués Diego de Vega, contrabandistas perseguidos y expulsados por don Hernando, regresaron a la ciudad y al amparo del gobernador, se transformaron en individuos influyentes con gran poder de decisión sobre vidas y haciendas, hasta tal punto, que llegaron a convertir a los funcionarios de gobierno en simples marionetas.
El propio gobernador Góngora comprendió su error y antes de morir, habiendo reunido al cabildo en su propia casa, declaró culpables a aquellos y designó gobernador interino al capitán Diego de Páez y Clavijo. El juicio de residencia lo encontró culpable por haber perseguido injustamente a Hernandarias y cuando un nuevo Juez Pesquisador hizo su entrada en Buenos Aires a finales de 1623, aquel, don Hernando Arias de Saavedra, cabalgaba a su lado, para beneplácito de todo el vecindario.
En 1628 estallaron violencias en Buenos Aires entre confederados y beneméritos y a Hernandarias acudió el nuevo gobernador, don Diego Martínez del Prado para que intervenga e hiciera valer su influencia. El noble asunceño, cuya “venerable ancianidad transcurría plácida en la ciudad de Santa Fe” respondió de inmediato y terminó designado comisionado por la Audiencia. El 1 de mayo volvió a entrar en Buenos Aires restableciendo la calma.
De regreso en Santa Fe, vivió allí los últimos seis años de su vida, respetado y admirado por todos los habitantes de la gobernación, siendo la suya, palabra autorizada y requerida en cuanta iniciativa se emprendía por entonces. Falleció en 1634, a los 72 años de edad. De su matrimonio con doña Jerónima de Contreras, había tenido tres hijas: Gerónima, Isabel y María.
Sus restos fueron enterrados en el Convento de San Francisco, de la antigua ciudad de Santa Fe, junto al altar mayor y allí yacen hoy, junto a los de su esposa y otros vecinos de la antigua población, a la vista del público, en las ruinas de Cayastá, uno de los puntos de interés histórico más atractivos de aquella provincia.

Hernandarias fue el prototipo del guerreo español en estas latitudes, audaz, valeroso y temerario. Fue quizás uno de los últimos modelos de la conquista. Como gobernante llevó a cabo una obra magna, impartiendo justicia, administrando con prudencia, manejando los caudales públicos con rectitud, limpiando de vagos y delincuentes la provincia y persiguiendo al contrabando con dureza. Bajo su administración se establecieron las misiones jesuíticas en el Paraguay y Misiones, se edificaron iglesias y se repararon templos, se abrieron caminos y se pusieron en práctica leyes justas que a todos beneficiaron. Fue ejemplo de caballero cristiano y sinónimo de nobleza hispana.

Ir Arriba

Los contenidos son marca registrada © 1991 - 2004 de la Fundación Argentina del Mañana