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Godofredo de Bouillon
“Duque y Defensor del Santo Sepulcro”

El gran triunfador de la Primera Cruzada, guerrero extraordinario, conquistó la Ciudad Santa de las manos de los infieles y estableció el Reino Latino de Jerusalén, del cual fue el primer Soberano, convirtiéndose en el cruzado por excelencia

Algunos grandes hombres dejan detrás de si una leyenda que los rodea con una luz especial, convirtiendo en arquetipo sus hechos y sus glorias. Uno de ellos fue Godofredo de Bouillon, el conquistador y fundador del Reino Latino de Jerusalén. “La leyenda se apoderó de este poderoso y tierno señor del país valón para tornarlo el arquetipo del cruzado”. (1)

Luego de su muerte, pasó a ser el héroe de las canciones de gesta, como lo habían sido antes Carlomagno y Rolando.

Hijo de Eustaquio, conde de Boulogne, y de Ida, hija de Godofredo el Barbudo, duque de la Baja Lorena y de Bouillon, Godofredo pertenecía a una antigua familia que alegaba tener a Carlomagno entre sus ancestros.

Era “generalmente estimado, recto, valeroso, manso, casto, devoto, humano, y de hermoso aspecto y elevada estatura, cabellos rubios”, (2)y “se lo retrata como el perfecto tipo del caballero cristiano. Alto de estatura, con un porte agradable y con una manera tan cortés, ‘que parecía un monje mas que un guerrero’”. (3) Era “considerado tan buen guerrero como fervoroso cristiano”. (4) Su fuerza era proverbial. Narran las crónicas que, con un solo golpe de espada, partió a un guerrero árabe de arriba abajo, en dos partes iguales. (5)

Godofredo, el Cruzado: inicio de la epopeya

Cuando murió su tío Godofredo III, el Jorobado, en 1076, heredó el condado de Verdun y la Marca de Anvers. Más tarde, en 1089, el Emperador Enrique IV le cedió el Ducado de la Baja Lorena en vasallaje. Godofredo siguió al Emperador, convertido en su soberano, en la Guerra de las Investiduras y en la expedición italiana contra el Papa San Gregorio VII, entrando en Roma en 1084.

Según algunos, para expiar este pecado, Godofredo fue de los primeros en tomar la cruz respondiendo al llamado del papa Urbano II, en 1096, junto con sus dos hermanos, Balduino y Eustaquio. Para financiar la campaña, vendió o empeñó varios de sus estados, reuniendo, con sus hermanos, 80 mil guerreros. Su ejército estaba compuesto en su mayoría, por valones y flamencos. Como hablaba corrientemente ambas lenguas, por haber nacido en la frontera de esas dos naciones, servía de árbitro entre las querellas nacionalistas de dichos pueblos.

Los varios príncipes cruzados tomaron, con sus respectivos ejércitos, diferentes recorridos hacia Tierra Santa, combinando reunirse en Constantinopla. Godofredo y los franceses del norte siguieron su camino con severa disciplina, a través de Alemania, Hungría y Bulgaria, llegando a las puertas de la capital del Imperio do Oriente.

El grito “Dios lo quiere”– victoria de Godofredo

El juramento de Godofredo al Emperador Alexis

Cuando Bohemundo, príncipe de Tarento, propuso a Godofredo unir sus ejércitos para atacar al Emperador bizantino Alexis, “Godofredo, que era muy honrado, no quiso luchar contra cristianos, y temió agotar las fuerzas de su ejército antes de enfrentar a los infieles”. (6)

Después de muchas negociaciones, Godofredo prestó el juramento de fidelidad a Alexis, aunque con restricciones, y llevó a otros a imitarlo. Pero algunos príncipes se negaron a prestar el juramento, pues los francos menospreciaban a los griegos.
En 1097 tuvo lugar el cerco de Nicea, donde afirman algunos que Godofredo no se destacó en forma especial (7); otros, en cambio, sostienen que “sólo cuando la división comandada por Godofredo se acercó, al clamor del trueno ‘¡Dios lo quiere!’, la reñida batalla se decidió a favor de los cristianos”.(8)

Los cruzados tomaron después Edesa, y formaron un principado del que Balduino, hermano de Godofredo, se tornó señor, derrotando a los turcos de varias fortalezas.

El Encuentro de la lanza de Longinos

Durante el cerco de Antioquía, con el inverno llegaron las lluvias y las enfermedades, alcanzando a hombres y animales. El ejército cruzado quedó reducido a la mitad. La primavera trajo una mejora. Sobre todo debido a los refuerzos venidos por mar, los cruzados conquistaron finalmente la ciudad. Por poco tempo, pues tres días después, los turcos volvieron con más de 200 mil hombres y cercaron Antioquía. El hambre y la enfermedad se abatieron nuevamente sobre los sitiados. Fue entonces cuando un sacerdote de Provenza, Pedro Bartolomé, anunció que Nuestro Señor se le había aparecido en sueños y le había revelado donde estaba enterrada la lanza que atravesara su pecho adorable. En efecto, junto al altar de la iglesia de San Pedro encontraron una lanza. (9) Este hecho sobrenatural dio nuevo ánimo a los cristianos que, llenos de entusiasmo, cayeron sobre los musulmanes, a pesar de la desproporción numérica.

Algunos afirmaron haber visto a San Jorge dirigiendo al batalla. Con la victoria, Bohemundo se estableció como señor de Antioquía.

El mismo impulso podría haber llevado inmediatamente a la conquista de la Ciudad Santa. Pero el cansancio, la falta de caballos, y sobre todo las querellas entre los príncipes cristianos, además de otra peste devastadora que segó la vida de 50 mil soldados, disminuyeron en mucho el número de cruzados que se dirigieron a Jerusalén. La ciudad estaba fortificada y bien defendida por más de 40 mil hombres. El día 7 de junio 1099 los cruzados iniciaron el cerco. Nuevamente todos los sufrimientos de un sitio prolongado, como la sed bajo un sol abrasador de verano, castigaron a los caballeros de la Cruz.

Visión de San Jorge y toma de Jerusalén

La entrada de godofredo en Jerusalén

Finalmente, “Godofredo vio en el Monte de los Olivos a un hombre con un brillante escudo: ‘San Jorge viene en nuestro auxilio!’” — exclamó.(10) Entusiasmados, los guerreros cristianos empujaron las torres de combate contra las murallas de la ciudad. Extendieron puentes, y Godofredo fue uno de los primeros en saltar, corriendo a abrir las puertas.

El ejército, como la crecida de un río, penetró en la ciudad. “La sangre corría por las escaleras y llegaba hasta las patas de los caballos”. “Fue un juicio de Dios”, afirma el cronista Guillermo de Tyro, “que los que habían profanado el Santuario del Señor con ritos supersticiosos, y se lo habían arrancado al pueblo fiel, expiasen el crimen con su propia sangre y exterminio”. (11)

Después, los cruzados se lavaron, y con sentimientos de piedad fueron caminando a los lugares santos, besándolos “con gran devoción, humildad y corazón contrito, entre sollozos y lágrimas”. (12)

Pasados los primeros días en devociones y en limpiar la ciudad de los cadáveres, enseguida quisieron asegurar la victoria, elevando a Jerusalén a la categoría de Reino Latino.

El elegido para reinar en Jerusalén

“Cuando se trató de elegir un rey, se interrogó, bajo juramento, a los servidores de los Príncipes con mejores condiciones para ello, acerca de la vida de sus señores. Algunos declararon cosas que los perjudicaban, por temor a tener que quedarse en Jerusalén y no volver a sus tierras. Otros príncipes declararon que no deseaban ser elegidos para el cargo, tan oneroso.

Así, cuando llegó el turno de Godofredo de Bouillon, sus servidores sólo pudieron decir contra él que siempre permanecía demasiado tiempo en la iglesia, aun después de terminada la misa y preguntaba sobre cada cuadro y su historia; y que, mientras tanto, se enfriaba la comida”,(13) lo que sirvió para que los electores lo escogiesen por unanimidad como a la persona más digna para el cargo.

¡Rey no!: Defensor del Santo Sepulcro

De acuerdo con las crónicas del tiempo, Godofredo se negó a usar la corona “por respeto a Aquel que había sido coronado con una Corona de Espinas en aquel lugar”. (14) “Nunca usó el título de rey (que solamente aparece bajo su sucesor), y se contentó con el de de Duque y Defensor del Santo Sepulcro”.(15)

Poco tiempo después, Godofredo consolidó la victoria en la batalla de Ascalón, derrotando, con apenas 5 mil caballeros y 15 mil infantes, al ejército de Al-Afdhal, Visir musulmán de Egipto, que contaba con 200 mil etíopes, beduinos y árabes. Con mucha valentía y una dirección prudente, en el primer ataque los cristianos dispersaron a los moros. Con esa brillante victoria, la fama de Godofredo se difundió por todo el Oriente.

Un emir preguntó a Godofredo si podía cortar el pescuezo de un gran camello con un solo golpe de espada, a lo que el Duque accedió sonriendo. Los moros entonces pensaron que su espada estaba encantada.

Enseguida, con una simple lámina sarracena, degolló a un segundo camello con la misma facilidad, llenando de admiración a los árabes, que constataron que la fama de su fuerza prodigiosa era verdadera” (16). Interpelado sobre la fuerza de sus brazos, Godofredo respondió que ello se debía al hecho de que jamás había utilizado sus miembros para cometer ningún pecado contra la santa pureza.

Tal era la reputación de justo de Godofredo, que hasta los caudillos árabes le sometían sus litigios. Protegió las fronteras, favoreció el comercio y gobernó con religiosa prudencia y gravedad.

Con la ayuda de los cruzados de Pisa, reconstruyó la ciudad de Jaffa para convertirlo en un puerto para el arribo de los caballeros cristianos. Intentó asediar Acre, pero era designio de Dios que aquél que pasara por tantos peligros en los combates, muriera simplemente en un lecho de hospital. Godofredo fue atacado por la peste en Cesarea. Retornó a Jerusalén, donde, después de nombrar a su hermano Balduino como sucesor, falleció el 18 de julio de 1100, a los 39 años de edad, siendo enterrado en la iglesia del Santo Sepulcro.

Notas:
1. Hachette Multimedia / Hachette Livre, online edition, Copyright © 2001 Yahoo! France.
2. Juan Batista Weiss, Historia Universal, Tipografía La Educación, Barcelona, 1928, vol. V, p. 467.
3. Robert the Monk, Hist. Occid. Crois., III, 731, apud Louis Bréhier, The Catholic Encyclopedia, 1906, vol. VI, online edition, Robert Appleton & Cia., 1999.
4. La Grande Encyclopédie, Paris, Société Anonyme de la Grande Encyclopédie, tomo 18, p. 1145.
5. Cfr. Guibert de Nogent, Gesta, vol. VII, 11, apud Louis Bréhier,The Catholic Encyclopedia, Online Edition.
6. Weiss, op.cit., p. 470.
7. Cfr. The Catholic Encyclopedia, y Hachette Multimedia.
8. Weiss, op. cit., p. 474.
9. Cfr. Weiss, op. cit., p. 477; La Grande Encyclopédie, tomo XIII, acepción “Croisade”, p. 441.
10. Weiss, op. cit., p. 479.
11. Guilelmus Tyrius, VIII, cap. 20, in Weiss, op. cit., p. 479.
12. Weiss, op. cit., p. 479.
13. Id., p. 480.
14. The Catholic Encyclopedia, online edition.
15. Id, ib.
16. Weiss, op. cit., p. 482.

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