|
|
|
|
Cuando Bohemundo, príncipe de Tarento, propuso a Godofredo unir sus ejércitos para atacar al Emperador bizantino Alexis, “Godofredo, que era muy honrado, no quiso luchar contra cristianos, y temió agotar las fuerzas de su ejército antes de enfrentar a los infieles”. (6) Después de muchas negociaciones, Godofredo prestó
el juramento de fidelidad a Alexis, aunque con restricciones, y
llevó a otros a imitarlo. Pero algunos príncipes se
negaron a prestar el juramento, pues los francos menospreciaban
a los griegos. Los cruzados tomaron después Edesa, y formaron un principado del que Balduino, hermano de Godofredo, se tornó señor, derrotando a los turcos de varias fortalezas. El Encuentro de la lanza de LonginosDurante el cerco de Antioquía, con el inverno llegaron las lluvias y las enfermedades, alcanzando a hombres y animales. El ejército cruzado quedó reducido a la mitad. La primavera trajo una mejora. Sobre todo debido a los refuerzos venidos por mar, los cruzados conquistaron finalmente la ciudad. Por poco tempo, pues tres días después, los turcos volvieron con más de 200 mil hombres y cercaron Antioquía. El hambre y la enfermedad se abatieron nuevamente sobre los sitiados. Fue entonces cuando un sacerdote de Provenza, Pedro Bartolomé, anunció que Nuestro Señor se le había aparecido en sueños y le había revelado donde estaba enterrada la lanza que atravesara su pecho adorable. En efecto, junto al altar de la iglesia de San Pedro encontraron una lanza. (9) Este hecho sobrenatural dio nuevo ánimo a los cristianos que, llenos de entusiasmo, cayeron sobre los musulmanes, a pesar de la desproporción numérica. Algunos afirmaron haber visto a San Jorge dirigiendo al batalla. Con la victoria, Bohemundo se estableció como señor de Antioquía. El mismo impulso podría haber llevado inmediatamente a la conquista de la Ciudad Santa. Pero el cansancio, la falta de caballos, y sobre todo las querellas entre los príncipes cristianos, además de otra peste devastadora que segó la vida de 50 mil soldados, disminuyeron en mucho el número de cruzados que se dirigieron a Jerusalén. La ciudad estaba fortificada y bien defendida por más de 40 mil hombres. El día 7 de junio 1099 los cruzados iniciaron el cerco. Nuevamente todos los sufrimientos de un sitio prolongado, como la sed bajo un sol abrasador de verano, castigaron a los caballeros de la Cruz. Visión de San Jorge y toma de Jerusalén
Finalmente, “Godofredo vio en el Monte de los Olivos a un hombre con un brillante escudo: ‘San Jorge viene en nuestro auxilio!’” — exclamó.(10) Entusiasmados, los guerreros cristianos empujaron las torres de combate contra las murallas de la ciudad. Extendieron puentes, y Godofredo fue uno de los primeros en saltar, corriendo a abrir las puertas. El ejército, como la crecida de un río, penetró en la ciudad. “La sangre corría por las escaleras y llegaba hasta las patas de los caballos”. “Fue un juicio de Dios”, afirma el cronista Guillermo de Tyro, “que los que habían profanado el Santuario del Señor con ritos supersticiosos, y se lo habían arrancado al pueblo fiel, expiasen el crimen con su propia sangre y exterminio”. (11) Después, los cruzados se lavaron, y con sentimientos de piedad fueron caminando a los lugares santos, besándolos “con gran devoción, humildad y corazón contrito, entre sollozos y lágrimas”. (12) Pasados los primeros días en devociones y en limpiar la ciudad de los cadáveres, enseguida quisieron asegurar la victoria, elevando a Jerusalén a la categoría de Reino Latino. El elegido para reinar en Jerusalén“Cuando se trató de elegir un rey, se interrogó, bajo juramento, a los servidores de los Príncipes con mejores condiciones para ello, acerca de la vida de sus señores. Algunos declararon cosas que los perjudicaban, por temor a tener que quedarse en Jerusalén y no volver a sus tierras. Otros príncipes declararon que no deseaban ser elegidos para el cargo, tan oneroso. Así, cuando llegó el turno de Godofredo de Bouillon, sus servidores sólo pudieron decir contra él que siempre permanecía demasiado tiempo en la iglesia, aun después de terminada la misa y preguntaba sobre cada cuadro y su historia; y que, mientras tanto, se enfriaba la comida”,(13) lo que sirvió para que los electores lo escogiesen por unanimidad como a la persona más digna para el cargo. ¡Rey no!: Defensor del Santo SepulcroDe acuerdo con las crónicas del tiempo, Godofredo se negó a usar la corona “por respeto a Aquel que había sido coronado con una Corona de Espinas en aquel lugar”. (14) “Nunca usó el título de rey (que solamente aparece bajo su sucesor), y se contentó con el de de Duque y Defensor del Santo Sepulcro”.(15) Poco tiempo después, Godofredo consolidó la victoria en la batalla de Ascalón, derrotando, con apenas 5 mil caballeros y 15 mil infantes, al ejército de Al-Afdhal, Visir musulmán de Egipto, que contaba con 200 mil etíopes, beduinos y árabes. Con mucha valentía y una dirección prudente, en el primer ataque los cristianos dispersaron a los moros. Con esa brillante victoria, la fama de Godofredo se difundió por todo el Oriente. “Un emir preguntó a Godofredo si podía cortar el pescuezo de un gran camello con un solo golpe de espada, a lo que el Duque accedió sonriendo. Los moros entonces pensaron que su espada estaba encantada. Enseguida, con una simple lámina sarracena, degolló a un segundo camello con la misma facilidad, llenando de admiración a los árabes, que constataron que la fama de su fuerza prodigiosa era verdadera” (16). Interpelado sobre la fuerza de sus brazos, Godofredo respondió que ello se debía al hecho de que jamás había utilizado sus miembros para cometer ningún pecado contra la santa pureza. Tal era la reputación de justo de Godofredo, que hasta los caudillos árabes le sometían sus litigios. Protegió las fronteras, favoreció el comercio y gobernó con religiosa prudencia y gravedad. Con la ayuda de los cruzados de Pisa, reconstruyó la ciudad de Jaffa para convertirlo en un puerto para el arribo de los caballeros cristianos. Intentó asediar Acre, pero era designio de Dios que aquél que pasara por tantos peligros en los combates, muriera simplemente en un lecho de hospital. Godofredo fue atacado por la peste en Cesarea. Retornó a Jerusalén, donde, después de nombrar a su hermano Balduino como sucesor, falleció el 18 de julio de 1100, a los 39 años de edad, siendo enterrado en la iglesia del Santo Sepulcro. Notas:
|
Los
contenidos son marca registrada © 1991 - 2004 de la Fundación
Argentina del Mañana |