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Clodoveo, Rey de los francos,
instrumento de la Providencia Divina

A los 15 años fue rey soberano de los francos, pueblo bárbaro, convertido al catolicismo. Fue un gran guerrero, unificador de su pueblo, campeón de la Iglesia Católica contra la herejía arriana

Entre las hordas de bárbaros que arremetían contra las posesiones romanas del Occidente, se destacaban los francos, pueblo guerrero y valiente. Ya fuera uniéndose a las tropas imperiales, ya combatiéndolas, se tornaron tan poderosos, que la hija de uno de sus reyes, Eudoxia, se casó con el Emperador Arcadio.

San Remígio le enseña el catecismo a Clodoveo

Con la caída del Imperio Romano en 476, los francos dominaron el norte de la Galia; los godos, el sur; los borgoñeses, ambos márgenes del Ródano, quedando todavía, entre los ríos Sena y Loire, remanentes del Imperio bajo el gobierno de Siagrio.

Uno de los grandes jefes francos fue Childerico I (458-481), que se casó con Basina de Turingia. Tuvieron un hijo sano y robusto a quien dieron el nombre de Clodoveo. Estaba destinado a mudar el curso de la historia de la Galia (Francia) y, por consiguiente, de toda Europa.

Vaso de Soissons: Clodoveo justiciero

Clodoveo subió al trono franco todavía adolescente, y con una madurez precoz hizo sus primeras conquistas. "Sagacidad en la deliberación y osadía en la ejecución distinguían sobre todo a este soberano”(1).

Como ya había hecho su padre, Clodoveo, a pesar de ser pagano, mantuvo cordiales relaciones con los obispos de la Galia. Cuando subió al trono, recibió una amistosa carta de San Remigio, arzobispo de Reims.

Lleno de vitalidad en el ardor de su juventud, para satisfacer el ánimo belicoso de sus súbditos, Clodoveo partió para la conquista de nuevas tierras, comenzando por derrotar a Siagrio, y apoderándose de su reino. Estableció entonces en Soissons su capital.

Y de esa época data el hecho legendario que aparece en todas las biografías del gran guerrero: Luego de la batalla, los francos habían tomado como botín de guerra, entre otras preciosidades de la iglesia de San Remigio, un bellísimo vaso. El arzobispo pidió a Clodoveo, que mucho lo respetaba, que lo devolviese. El rey prometió hacerlo, y fue a Soissons, donde serían repartidos los despojos. Pidió a sus guerreros que, además de la parte que le correspondía como rey, le diesen el vaso, para devolverlo a San Remigio. Todos estuvieron de acuerdo, menos uno que, de mal humor, dijo al rey: "Tu no tendrás sino lo que te cabe por derecho". Y, como bárbaro que era, le dio un hachazo al vaso. El rey, aunque indignado, no dijo nada. Un año después, sus soldados se presentan armados delante del soldado insolente; Clodoveo le sacó el hacha de las manos y le dio un tremendo golpe en la cabeza, diciendo: "Fue así que trataste al vaso de Soissons"

Conquistador con tacto político

Clodoveo extendió sus dominios hasta más allá del Sena, y después hasta el Loire.

Como buen estadista, el rey franco usó de mucha comprensión para con los pueblos conquistados, tratando del mismo modo a los galo-romanos y a los francos, escogiendo entre ambos sus consejeros, respetando las leyes locales, no tomando sus propiedades. Tomó para si y sus guerreros solamente las que pertenecían al Emperador o al Estado. Con eso, fue bien recibido por esas poblaciones y afirmó su poderío con sus conquistas.

Clodoveo recibió del Emperador de Constantinopla el título de patricio, de cónsul y de ilustris, lo que confirmó aún más su autoridad a los ojos de los pueblos conquistados.

El conocido historiador belga Godofredo Kurth sintetizó de modo feliz la misión providencial e histórica del rey franco: "Como estadista, consiguió lo que no alcanzó ni Teodorico el Grande, ni ninguno de los reyes bárbaros: sobre las ruinas del Imperio Romano, construyó un poderoso sistema, cuya influencia dominó a la civilización europea durante muchos siglos"(2).

Santa Clotilde: esposa apostólica

Aconsejado por los obispos católicos de su reino, Clodoveo pidió la mano de la princesa Clotilde, sobrina del rey borgoñés, el cual había asesinado a sus propios padres para apoderarse del trono. Según una tradición, el rey había dado su consentimiento, pero después se arrepintió y mandó una escolta atrás de Clotilde. Ésta, entre tanto, consiguió llegar ilesa hasta la frontera franca, donde Clodoveo la aguardaba.
Ese casamiento fue providencial, pues tanto el rey borgoñés cuanto los dos visigodos eran arrianos y oprimían a sus súbditos, que eran en su mayoría católicos. Clotilde se mantuvo fiel hija de la Iglesia, y comenzó a trabajar junto a su marido para convertirlo a la verdadera Fe.

La conversión de Clodoveo

El bautismo de Clodoveo

Mientras tanto, la gracia va trabajando en el alma de Clodoveo. En 496, durante la batalla de Tolbiac contra los alemanes, el rey franco vio que su ejército estaba a punto de ser aniquilado. Recordó entonces al "Dios de Clotilde". Se arrodilló y, con los brazos hacia el cielo, prometió a Jesucristo que, si le concedía la victoria, creería en Él. Inmediatamente la batalla tomó otro rumbo, y los alemanes fueron derrotados.

A ruegos de Santa Clotilde, San Remigio se encargó de instruir a Clodoveo y a sus francos en la Fe católica. Cuentan las crónicas que, cuando el santo Arzobispo narraba la Pasión de Cristo a aquellos bárbaros, Clodoveo se indignaba con las ofensas que le infligían al Salvador y, golpeando con su lanza en el suelo, exclamaba: "¡Ah! ¡Por qué no estuve yo ahí con mis francos!".

El día de Navidad de 496 fue celebrado solemnemente el bautismo del rey franco, de su hermana y de tres mil de sus guerreros. Todo el camino hasta la catedral de Reims estaba engalanado y ornamentado con flores y florones. El templo sagrado, ricamente adornado, brillaba a la luz de una infinidad de velas en medio de nubes de incienso. El rey bárbaro, emocionado, preguntó a San Remigio: "Santo Padre, ¿éste es el Cielo?"

En el momento en que lo bautizaba, dijo San Remigio las célebres palabras: "Curva tu cabeza, sicambro (uno de los nombres dados a los francos); adora lo que quemaste, y quema lo que adoraste".

En seguida fue consagrado como rey. En medio de multitud que llenaba la iglesia, no era posible ir a buscar el óleo en la sacristía. De pronto apareció una paloma blanca, trayendo en el pico una ampolla de óleo. Esa ampolla sirvió para la consagración de todos los reyes franceses hasta Luis XVI, hasta que fue destrozada por el diputado Rommé durante la Revolución Francesa.

Bautismo de Clodoveo: consecuencias transcendentales

"El bautismo de Clodoveo tuvo consecuencias incalculables para los destinos de la Iglesia y de Francia. Clodoveo, católico, fue considerado desde entonces como el jefe del catolicismo. San Avito, obispo de Vienne y primado de las iglesias de Borgoña, se apresuró a felicitarlo: “Vuestra adhesión a la Fe es nuestra victoria; todas las veces que combatáis, seremos nosotros quienes triunfaremos”(3).

El reino de Clodoveo se convirtió en ese entonces, en el primer Estado católico en medio de los reinos paganos o arrianos de Occidente, y ocupaba el territorio que correspondía aproximadamente a la Francia de hoy. En vista de eso, esa nación recibió el glorioso título de Hija Primogénita de la Iglesia (4).

Clodoveo prestó un gran servicio a la Iglesia Católica, combatiendo el arrianismo. Así, en el año 500, en una guerra fratricida del reino de Borgoña, se alió a uno de los hermanos arrianos y, unidos, vencieron a las tropas del otro que, para salvarse, prometió pagar un tributo anual al rey franco. Así los dos reyes borgoñeses se convirtieron en tributarios del monarca franco. Con eso cesaron las presiones sobre los católicos de aquel reino.

Más tarde Clodoveo venció a los visigodos de Aquitania, también arrianos, donde era ansiosamente esperado por los católicos locales, duramente perseguidos. Fue animado en esa empresa por el Emperador bizantino Anastasio. Los francos tomaron posesión del reino visigótico hasta los Pirineos y el río Ródano.

Al norte de la Galia, el rey de los francos fue anexando, aunque no siempre por métodos lícitos, otros reinos francos limítrofes con el suyo. Como Clodoveo esta emparentado con esos reyes, fue en parte por derecho de sucesión, en parte por aclamación popular, como se tornó soberano único de casi toda la Galia.

El papel de la Iglesia en la formación del reino franco

Al convertirse en señor de un gran reino, Clodoveo mudó su capital para París. Administraba sus provincias a través de condes, sus representantes, y formó una aristocracia compuesta de francos y galo-romanos. Ordenó que fuese puesta por escrito la Ley Sálica.

"Fue sobre todo gracias a su conducta en relación con la Iglesia como Clodoveo pudo extender tan fácilmente su poder sobre la Galia. Incluso antes de su conversión, mantenía relaciones con San Remigio y Santa Genoveva; y en seguida se encontró cerca de él San Avito, ya que mantenía relaciones con los obispos católicos de los reinos arrianos"(5).

Clodoveo falleció repentinamente con 45 años de edad, siendo sepultado en la cripta de la iglesia de Santa Genoveva, que él había construido. Allí permaneció su sarcófago hasta que los revolucionarios, durante la Revolución Francesa, lo destruyeron y esparcieron sus restos sacrílegamente, destruyendo también el bello santuario.

El rey franco dejó a sus cuatro hijos un reino que antes eran apenas escasos restos. Estaba asentada a base de la futura Francia, donde se reunirá "la cultura romana y su don de organización, el ardor y la movilidad de los célticos, la fuerza y profundidad germánicas" (6).

Notas:

1. Juan Bautista Weiss, Historia Universal, Tipografía La Educación, Barcelona, 1927, tomo IV, p. 378.

2. Godefroid Kurth, in The Catholic Encyclopedia, Robert Appleton Company, 1908, Online Edition by Kevin Knight, verbete Clovis.

3. Pe. A. Boulenger, Histoire de l'Église, Librairie Catholique Emmanuel Vitte, Paris, 1925, p. 157.

4. (Papa León XIII, carta Encíclica "Nobilissima Gallorum Gens", sobre las cuestiones religiosas de Francia, promulgada el 8 de febrero de 1884).

5.C. Bayet, La Grande Encyclopédie, Société Anonyme de la Grande Encyclopédie, Paris, tomo XI, verbete Clovis, p. 720.

6. Juan Bautista Weiss, op. cit., p. 392.

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