Escuadrón Fénix
El escuadrón Fénix estaba integrado por argentinos, civiles y militares, que participaron de la Batalla Aérea de las Malvinas, en su calidad de Pilotos, navegantes, responsables de las radiocomunicaciones, mecánicos aeronáuticos, armeros y tripulantes en general, afectados a sus misiones estratégicas: en tareas de redespliegue, guiado de escuadrillas de ataque, distracción, abastecimiento, exploración y reconocimiento, búsqueda y salvamento, retransmisión de comunicaciones, transporte de cargas y pasajeros, informe meteorológico, patrullaje costero y fisura de los lóbulos de radar enemigo, etc.
Esta actitud de los miembros del Escuadrón Fénix, la de asumir la responsabilidad civil de la defensa de la Patria como el militar de carrera, permitió brindar un apoyo eficiente y útil, para que la Fuerza Aérea Argentina hiciera lo que debía hacer, y facilitó por lo tanto su lucimiento durante el combate.
Formado en 1982 a partir del Grupo I Aerofotográfico de la II Brigada Aérea, con asiento en Paraná, dio cabida a aeronaves de origen civil, para integrarse al mismo junto con sus pilotos y mecánicos, correspondientes a cada tipo de aeronave.
El Escuadrón Fénix tuvo su Bautismo de Fuego en el Conflicto del Atlántico Sur, pero su nacimiento data de 1978, durante el casi conflicto con Chile, cuando nació el proyecto por parte del Brigadier Retirado Don Gilberto Hilario Oliva, que pretendía crear una estructura que respondiera a las necesidades operativas de la FAA. en tiempos de guerra, integrada por profesionales aeronáuticos civiles, y con el propósito de materializar la idea fue convocado el Capitán Retirado Don Jorge Luis Páez Allende, quien comenzó con las tareas de organización.
Significó la requisa de aeronaves con envolventes de vuelo de amplio espectro. (Aviones Jet de negocios como: Lear jet LR-24, LR-25, LR-35, Cessnna Citation, Hawker Sidneley HS-125, aviones turbohélices como: Turbo Commander 690 69-T, Mitsubishi MU-2 y aviones a pistón: Aerostar 600, 601 P, TS-60.
Estas aeronaves, a diferencia de las construidas para uso militar, no se encontraban artilladas, de modo que las mismas se enfrentaban al enemigo sin la posibilidad de dar respuesta bélica alguna, por lo que su única alternativa constaba en quedar libradas a su buena suerte y las maniobras evasivas que pudieran realizar para evitar impactos mortales de la agresión de aviones SeaHarrier y/o misiles lanzados desde tierra o de las posiciones navales.
Igual desventaja, y pérdida de chances, tenía lugar en caso de enfrentamiento y ello era así, por el hecho de que estas aeronaves no contaban en ningún caso con la posibilidad de eyección o del lanzamiento en paracaídas de sus tripulantes.
Los integrantes del Escuadrón Fénix asumieron con el desarrollo del conflicto una mayor participación, debiendo poner en juego su profesionalidad al servicio de la Patria y el coraje necesario para poder enfrentarlas ya que en la mayoría de los casos sus pilotos y mecánicos no poseían entrenamiento militar, para sobrellevar las constantes exigencias de las misiones ordenadas por la superioridad.
La primera única y significativa baja del Escuadrón Fénix fue la de su propio Jefe, le tocó al Nardo-1 según su indicativo, quien volaba en escuadrilla con el Nardo-2, ambos Lear Jet-35, donde fueron derribados el Sr. Vicecomodoro Rodolfo De La Colina, quien era su comandante, pereciendo sobre el Estrecho de San Carlos a bordo de su LR-35, junto con su tripulación, copiloto el Mayor Juan José Falconier, fotógrafo, el Capitán Marcelo Pedro Lotufo, mecánico fotógrafo, suboficial Auxiliar Guido Antonio Marizza y el mecánico del avión Francisco Tomás Luna.
Fueron derribados a 12.000 metros de altitud, a las 09:02 hs. manteniendo enlace con el radar de Malvinas, quien no informaba sobre algún peligro cercano, pero sin saberlo entraban dentro del radio de acción de los nuevos misiles Sea Dart con que contaba el Destructor HMS. EXETER, quien disparó dos de ellos sobre los Nardo 1 y 2.
Al advertir esta situación Nardo-1 avisa a Nardo-2 pero la maniobra evasiva del viraje escarpado no fue suficiente para esquivarlo y uno de los dos misiles impacta en la parte posterior de su empenaje, luego de casi dos minutos de agonizante caída la aeronave se estrelló al norte de la Gran Malvina, en la isla Borbón, bajo el seguimiento absorto e impotente de su compañero de escuadrilla.
Como expresión del temple de sus integrantes, traemos la memoria de la carta escrita por el Mayor Juan José Falconier a sus hijos, a serles entregada en el caso de fallecer en combate.
A Ñequi y Mononi:
Su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los demás, por ustedes y vuestros hijos... y los que hereden mi PATRIA.
Les va a faltar mi compañía y mis consejos, pero les dejo la mejor compañía y el más sabio consejero, a DIOS; aférrense a EL, sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegría, y amen limpiamente, que es la única forma de vivir la "buena vida", y cada vez que luchen para no dejarse tentar, para no alejarse de EL, para no aflojar. Yo estaré junto a ustedes, codo a codo aferrando el amor.
Sean una "familia", respetando y amando a mamá aunque le vean errores, sean siempre solo "uno", siempre unidos.
Les dejo el apellido: Falconier para que lo lleven con orgullo y dignifiquen, no con dinero ni bienes materiales, sino con cultura, con amor, con belleza de las almas limpias, siendo cada vez más hombre y menos "animal" y por sobre todo enfrentando a la vida con la "verdad", asumiendo responsabilidades aunque les "cueste" sufrir sinsabores, o la vida misma.
Les dejo:
- muy poco en el orden material,
- un apellido: "Falconier", y
- a DIOS (ante quien todo lo demás no importa)
Papá
Para que mis hijos lo lean desde jóvenes y hasta que sean viejos, porque a medida que pasen los años, adquieran experiencia, o tengan hijos, le irán encontrando nuevo y más significado a estas palabras que escribí con amor de padre. |
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