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Jaime I el Conquistador

Rey de Aragón y Cataluña, guerrero victorioso y cruzado invicto, don Jaime I ganó para la Iglesia vastas extensiones de tierra sobre el Levante español, ganándose por ello el justo título de “Conquistador”

Don Jaime I de Aragón nació en Montpellier, hoy territorio francés, el 2 de febrero de 1208. Hijo de Pedro II el Católico, rey de Aragón y de María de Montpellier, tenía apenas seis años cuando su padre murió en la batalla de Muret, contra los albigenses (1213) y él quedó prisionero en poder de Simón de Monfort, líder de la liga herética. Recién en 1214 fue devuelto a los aragoneses por pedido expreso del Papa Inocencio III, el mismo año en que fue jurado en las Cortes de Lérida.

Discípulo de la Orden del Temple

Jaime pasó a residir en el castillo de Monzón, bajo la tutela de los templarios y la regencia de su tío Sancho Raimúndez, hijo de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. En 1218 fue declarado mayor de edad y a la muerte de su madre, ala ño siguiente, heredó el condado de Montpellier.

En 1228 don Jaime inició su reinado luchando contra la nobleza levantista que, incluso, en una oportunidad, logró hacerle prisionero, pero gracias a la intervención del Arzobispo de Tortosa, firmó en el mes de marzo de 1227 la Concordia de Alcalá que le permitió fijar su mirada en territorios musulmanes.

Don Jaime I fue, por sobre todas las cosas, un guerrero, de ahí su apodo de “Conquistador”, pero además de ello fue un noble, un cruzado y, por consiguiente, un hombre de Dios.

La conquista de las Baleares

En diciembre de 1228 don Jaime reunió a los nobles en y al año siguiente en Lérida y acordó la conquista del archipiélago balear, instigado por comerciantes y mercaderes de Cataluña, víctimas de las constantes incursiones de los piratas mallorquíes y deseosos de abrir nuevos mercados para colocar sus productos.

El ejército de don Jaime embarcó en Salou y zarpó con destino a Mallorca para iniciar su conquista.

Desembarcados en Santa Ponsa, aragoneses y catalanes marcharon hacia el interior, enfrentándose a los musulmanes en Portopi, el 13 de septiembre de 1229. El triunfo de los cruzados fue total y la dispersión de los árabes les permitió alcanzar Palma de Mallorca, donde pasaron a gran número de habitantes.

Los musulmanes se hicieron fuertes en la sierra de Tramontana mientras los españoles se adentraban en su territorio, tomando una a una, villas, aldeas y ciudades. Aquellos que no cayeron en combate fueron esclavizados o huyeron al África, seguidos de cerca por las tropas vencedoras que al ver en ellos a enemigos de la fe, no tuvieron misericordia y se mostraron implacables.

La masacre de Palma de Mallorca, ciudad capital a la que los árabes denominaban Medina Mayurqa, trajo la peste en la isla, peste a la que no escaparon las fuerzas de don Jaime que vieron mermar su número considerablemente, agravado por una revuelta a causa del botín, hechos que impidieron la conquista de Menorca.

Jaime I estableció el reino de Mallorca a través de una carta de franquicia fechada en 1230 y dos años después redujo a los moros de la Tramontana, eliminando el último foco de resistencia islámica.

Menorca fue reducida a vasallaje ese mismo año y en esas condiciones permanecería sujeta a Aragón hasta la conquista militar que llevó a cabo Alfonso III en 1287. Cuatro años después, caerían bajo la misma condición Ibiza, Formentera y las demás islas del archipiélago.

Recuperado Valencia para la Cristiandad

Mientras las islas Baleares se iban repoblando de campesinos catalanes, los ejércitos de don Jaime iniciaban la conquista de Valencia, el importante reino del levante español conquistado para Alfonso VI por el Cid Campeador y perdido nuevamente en poder de los musulmanes a poco de su fallecimiento.

La primera en caer fue Morella en 1232 seguida al año siguiente por Burriana y Peñíscola. La conquista hispana se detuvo un tiempo hasta que el 9 de octubre de 1237, tras duras batallas por tierra e incluso, por mar, el gran rey aragonés entró triunfante en Valencia que definitivamente quedó en poder de la cristiandad.

Celebraba el mundo católico esta conquista todavía cuando la población mudejar comenzó a dar señales de malestar. Y en 1244 se alzó contra sus nuevos amos, al mando del caudillo Al-Azraq, al que don Jaime enfrentó en tres oportunidades, en la última de las cuales, perdió la vida en Alcoy (1276).

La conquista de Murcia

La nueva situación llevó al monarca a enfrentar nuevamente a la nobleza de Aragón al establecer para las tierras conquistadas los fueros els Furs, por los que reconocía a Valencia como reino autónomo, unido a la Corona de Aragón (1239), impidiendo a los nobles prolongar sus señoríos aragoneses en las tierras valencianas.

Después de solucionar el conflicto ultrapirenaico, acordando con San Luis de Francia el reparto de territorios fronterizos.

Habiendo estallado la rebelión en Murcia contra los castellanos, Jaime I, llamado por su hija, la reina Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, organizó un nuevo ejército a cuyo frente puso a su hijo, el futuro Pedro III el Grande, que derrotó al emir Muhammad ibn Hûd Biha al-Dawla y conquistó el reino. Sin embargo, debió regresárselo a Castilla en vistas de las cláusulas del Tratado de Almizra de 1244.

La Cruzada a Tierra Santa
Don Jaime I de Aragón llevaba el signo de la cruz grabado en su corazón. Por ese motivo, organizó una cruzada a Tierra Santa que partió de Barcelona en el mes de septiembre de 1269. Estaba decidido a todo con tal de recuperar para la Iglesia, los lugares sagrados donde vivió y predicó Nuestro Señor Jesucristo pero las naves de su armada fueron dispersadas por un furioso temporal que lo obligó a regresar, desembarcando en Aigües-Mortes, localidad costera próxima a Montpellier. Volvería a intentar la empresa en 1274 pero al fracasar por segunda vez, debido a las tormentas, comprendió que no era la voluntad del Creador que acometiese esa empresa.

Los últimos años
Sus últimos años de vida se vieron ensombrecidos por varios factores, la principal, el alzamiento que encabezó su hijo Pedro y las turbulencias su hijo bastardo Fernando Sanchís de Castro, promovió entre los feudales del reino.

Casado en primeras nupcias con Leonor de Castilla (1221) y en segundas con la princesa Violante, hija del rey de Hungría (1235).

Su reinado se caracterizó por sus reformas en materia de Derecho y la transformación de las Cortes. Fueron muestra cabal de lo primero los Fueros de Aragón, promulgados en las Cortes de Huesca en 1247 con los que reemplazó a los diferentes códigos regionales. Aparte de ello, promulgó las leyes englobadas en el Libro del Consulado del Mar, modificó el sistema comunal de Barcelona e implementó medidas que beneficiaron la economía del reino y el comercio catalán. También escribió una autobiografía titulada Libre dels feyts.

Don Jaime I el Conquistador falleció e Valencia, el 27 de julio de 1276, a los sesenta y ocho años de edad, poco después de dictar el testamento en el que dividió su extenso reino entre sus hijos Pedro III (Aragón, Cataluña y Valencia) y Jaime II (islas Baleares, el Rosellón y Montpellier).

Fue uno de los más grandes reyes españoles, valeroso cruzado y prudente legislador, equiparable en grandeza a San Luis de Francia y Fernando III el Santo de Castilla y León.

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