BREVE RESEÑA HISTORICA
En la segunda mitad del siglo XV, más precisamente en 1476, Tupac Inca Yupanqui, emperador del Perú, decidió extender sus dominios sobre las tierras del sur, alistando para ello a un poderoso ejército.
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Yocavil. Ruinas de los Quilmes
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Dividiendo a sus legiones en dos columnas, asumió el mando de la primera mientras confiaba la segunda a su general Sinchi Rocca (al que no debemos confundir con el segundo soberano inca, sucesor de Manco Capac), lanzándose ambos, con un total de 50.000 hombres, sobre las tierras de Chile y el noroeste argentino.
Mientras una de las divisiones ocupaba Coquimbo y Copiapó, la otra descendía desde el altiplano, encontrando férrea resistencia por parte de diaguitas y calchaquíes.
La campaña duró cerca de siete años y en ella, los incas extendieron su frontera hasta el río Maule y con ella la red de caminos, notablemente mejorada.
Siguiendo el relato de Pedro Cieza y León (Crónicas del Perú, Tomo II), el sucesor de Tupac Inca Yupanqui, Huayna Capac, pasó con sus fuerzas por las tierras de Jujuy, Salta y Tucumán, enviando divisiones contra los chiriguanos mientras cruzaba la cordillera y se adentraba en territorio araucano.
Toda vez que los incas invadieron territorio diaguita, hubo guerra y destrucción. Los naturales, confederados, buscaron refugio en sus fortalezas e intentaron resistir, sin poder evitar que sus tierras sucumbiesen y quedasen sujetas al poder del Cuzco hasta la llegada de los españoles.
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Incahuasi, sala del "trono" |
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El "trono" de Incahuasi |
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Otra vista del "trono" |
Pese a que Ambrosetti, Freyre y hasta el mismo padre Lozano negaron la presencia incaica en la región, vestigios como El Shinkal, en Catamarca y La Paya en Salta, confirman la postura de Cieza y León, el Inca Gracilaso, Montesinos, Marmolejo, Rosales, Santa Cruz Pachacuti Yamqui y Roberto Levillier.
Durante mucho tiempo se supuso a La Paya, sede de las autoridades incas hasta que descubrimientos y análisis posteriores llevaron a suponer que fue El Shinkal el lugar donde aquellos tuvieron su asiento. Tampoco se descarta la posibilidad de que se tratase de las capitales de dos provincias diferentes del virreinato del Collasuyo, al que pertenecieron estas regiones.
Vicente Fidel López, en su Historia de la República Argentina, explica que la penetración peruana llegó hasta el corazón de Córdoba y que en Cosquín, vocablo que significa “pequeño Cuzco”, por la similitud de su geografía, se estableció una suerte de poblado o avanzada militar.
Contra aquella invasión habría luchado un pequeño rey local llamado Tucma, de donde provendría la palabra “Tucumán” aunque de momento, solo se trata de pura especulación.
Durante la primera mitad del siglo XVI, caído el imperio incaico, se produjo la ocupación española, cuyas sucesivas expediciones pusieron nuevamente a diaguitas y calchaquíes en estado de guerra.
El primero en ollar tierras del noroeste fue Diego de Almagro en su marcha hacia Chile, seguido por Diego de Rojas, Juan Núñez del Prado, García Hurtado de Mendoza, Diego de Villarroel y Francisco de Aguirre, quienes iniciaron la conquista del Tucumán fundando ciudades como Barco, Cañete, Esteco y Córdoba del Calchaquí.
Contra esta nueva fuerza se alzaron los naturales, acaudillados por un cacique que hizo la guerra en los territorios de Salta y Jujuy, Juan Calchaquí, que tuvo su capital en la antigua Tolombón. El alzamiento se extendió desde 1560 a 1563 y acabó con la victoria de los españoles y la muerte de los jefes rebeldes.
En 1594 Viltipoco, cacique de los omaguacas y último rey de Tilcara, encabezó una rebelión mucho más vigorosa en la que 10.000 guerreros diaguitas lograron aislar gran parte del Tucumán. Sin embargo, los españoles lograron imponerse cuando un grupo “comando” de 25 soldados encabezado por el capitán Francisco de Argañaras y Murguía, entró furtivamente en la Quebrada de Humahuaca y en horas de la noche tomó por asalto su campamento, matando a sus lugartenientes. Viltipoco fue hecho prisionero y conducido a San Salvador de Jujuy, donde murió en prisión algunos años después.
Fue la rebelión indígena más importante de la historia argentina, conocida como el “Gran Alzamiento” en el que las incipientes poblaciones blancas, entre ellas Cañete, Pomán, el Barco y Córdoba del Calchaquí fueron arrasadas y sus poblaciones aniquiladas. La respuesta española fue dura, con matanzas, asesinatos, destrucción de ciudades y deportaciones masivas.
La estrategia de la deportación ya había sido utilizada por los incas con notable éxito, al desarraigar naciones enteras y trasladarlas a lugares remotos. Y eso también hicieron los españoles con los quilmes de Yocavil, acabando con un pueblo que había alcanzado un notable grado de desarrollo.
Los de Juan Calchaquí y Viltipoco no fueron las únicas rebeliones que enfrentaron los españoles. Les siguieron los de Lempita, Quipildor, Titaquín y Tolay, todos sangrientos y a muerte, en los que los europeos se impusieron, no sin sufrir elevadas pérdidas.
En 1656 un aventurero español, Pedro Bohórquez, que tenía por compañera a una aguerrida mestiza chilena, intentó hacerse pasar por un descendiente de los emperadores incas y una vez más, alzó en rebelión a los pueblos del noroeste.
Si bien los naturales nunca creyeron su versión de que se trataba de un inca, lo aceptaron como líder pensando que con él, lograrían sacudir el yugo español y recuperar su libertad.
En un primer momento el gobernador del Tucumán, don Alonso de Mercado y Villacorta, lo trató con respeto, asignándole el grado de capitán general, pero pronto cayó en la cuenta de que se trataba de un rebelde, confirmando las sospechas del obispo, fray Melchor de Maldonado y Saavedra, que siempre desconfió de él.
Para entonces, Bohórquez estaba reforzando la prehispánica de Tolombón, al sur de Cafayate, donde hizo reforzar las defensas, levantar murallas e instalar cañones de madera elaborados bajo su guía y dirección.
Bohórquez y su lugarteniente, Lorenzo Tisapango, atacaron las ciudades de Salta y Tucumán e incendiaron las misiones jesuíticas y otras poblaciones, provocando gran daño y una elevada cantidad de muertos.
Sin embargo, al cabo de varias batallas, el falso inca fue derrotado, finalizando con él la efímera existencia del reino de Tolombón. Enviado prisionero a Lima donde fue ajusticiado el 3 de enero de 1667 y su cabeza colocada en una pica, para escarmiento de todos.
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Plano de la moderna Tilcara (Siglo XVI).
Al sud-oeste la ciudad Pre-Hispánica |
Así terminó el tercer alzamiento y con él, el esplendor de las culturas del noroeste. Sus ciudades fueron cubiertas por el polvo, sus fortalezas cayeron en el olvido, sus sistemas de riego desaparecieron y sus caminos abandonados dejaron de ser transitados.
El recuerdo de aquel pueblo laborioso y guerrero se fue desvaneciendo hasta que, cuatro siglos después, sus vestigios volvieron a ver la luz.
Sin embargo, los tesoros del noroeste siguen sin ser valorados en su justa dimensión. Los contingentes de turistas que visitan nuestra tierra, llegan y se van sin haber oído hablar de aquella cultura y de sus grandes realizaciones. Los diferentes gobiernos que se han sucedido desde los tiempos de Ambrosetti y Debenedetti no han sabido promocionar esa maravilla que atesora nuestro territorio, don que nos ha dado el Señor y que, como en la Parábola de los Talentos, no sabemos aprovechar.
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