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El último cuerpo militar
nobiliario de la Historia

Quien no conoció la profunda dedicación de algunas familias de todas las clases sociales al Papado y a la Iglesia de Roma – desde los porteros de los sacros palacios a los sampietrini de la Basílica Vaticana [1], de la Guardia Suiza a la antigua Guardia Noble – no puede tener una idea del “sentire cum Ecclesia” que anima a todo ese círculo laical que vivió por siglos a la sombra de la gran cúpula de San Pedro. La Guardia Noble ocupa, en ese conjunto, un papel destacado.

El marqués Giulio Patrizi di Ripacandida fue el último Coronel Ayudante del Comandante de la Guardia Noble, el Cuerpo Militar de los hidalgos italianos dedicados a la seguridad del Papa disuelto en 1970 juntamente con el resto de la Corte Pontificia. El marqués concedió gentilmente una entrevista al corresponsal en Roma de la revista “Catolicismo”,  Sr. Juan Miguel Montes., que aquí reproducimos. [2]

Descendiente de una familia que dio a la Iglesia nada menos que cuatro santos y beatos, el marqués Giulio Patrizi muestra una memoria precisa al presentarnos un lúcido análisis de aquel cuerpo militar, que nos hace revivir con emoción algunas páginas gloriosas al servicio de la Sede Apostólica.

Aún cuando habla sobre los “melancólicos acontecimientos de 1970” (se refiere a la disolución de la Guardia Noble por Pablo VI) lo hace con una elegancia señorial y con un respeto filial y devoto a la Iglesia. Durante toda la conversación hace gala de una gran nobleza de sentimientos. Se puede comprender que, si fuese por él, de buen grado habría continuado por el resto de su vida al servicio del Papa.

Pero los tiempos, como se estila decir, quisieron que las cosas corrieran de otro modo. Nada, no obstante, hizo disminuir su amor a los sucesores de Pedro y sus ojos brillan cuando nos cuenta la emoción con la cual vio por televisión, hace poco más de un año, el anuncio hecho desde el balcón de la Basílica de San Pedro de la elección de un nuevo Papa.

Hubo un tiempo en que los guardias nobles podían estar físicamente al lado del Romano Pontífice. Hoy, aquellos que aún viven, pueden verlo solamente por la pequeña pantalla del televisor, pero su corazón late siempre al unísono con el del Santo Padre.

* * *

Catolicismo – Marqués, quien hoy visita el Museo Lateranense puede admirar los uniformes y el estandarte de la Guardia Noble de la cual usted formó parte hasta su disolución en 1970. Pasaron 36 años, pocos para la historia bimilenar de la Iglesia, pero que, por otra parte, pueden parecer muchos para la historia de un hombre. De todos modos, es una página que merece ser nuevamente abierta para nuestros lectores. ¿Podría ayudarnos a hacerlo?

Marqués Patrizi di Ripacandida Después de los melancólicos acontecimientos de 1970, el marqués Guido Avignone di San Teodoro, que era el archivista e historiador del Cuerpo, y yo que era Coronel Ayudante del Príncipe Mario Del Drago, montamos en el Palacio de Letrán el museo de la disuelta Corte Pontificia.
Pero no nos ocupamos solamente de la Guardia Noble, sino también de todos los personajes de la Corte, inclusive reuniendo los retratos de los Papas que aún faltaban en el Palacio Lateranense. El Cardenal Poletti nos dio un departamento del primer piso, aquel en el que fue firmado el Concordato [los Pactos Lateranos], y recibimos la asistencia del Profesor Pietrangeli, director de los Museos Vaticanos.

Fue un trabajo de paciencia, de años, y hoy debo confesar que se encuentra (el museo) un poco abandonado. Allí podemos ver el último estandarte, los uniformes y otras reliquias de la Guardia Noble.

Este Cuerpo fue el resultado de la fusión de otros dos: la Guardia de los Caballeros Ligeros y el Cuerpo delle Lance Spezzate [3]. En 1801, con la invasión de Roma [por las tropas francesas revolucionarias]. los dos cuerpos fueron suprimidos por los franceses. Al volver a Roma (después de su cautiverio en Francia) Pío VII reintegró los dos cuerpos en uno, que desde entonces usó el nombre de Guardia Noble del Cuerpo de Nuestro Señor [el Papa].
La continuidad fue garantizada por el hecho que el comandante y los oficiales fueron los últimos de los Caballeros Ligeros y Lance Spezzate de los cuerpos precedentes. Más tarde, en 1968 Pablo VI quiso denominarla Guardia de Honra de Su Santidad para finalmente disolverla en 1970. Después de su cierre, el Príncipe Carlo Colonna di Stigliano escribió un frase que me conmovió mucho: “Desaparece el último Cuerpo Militar Nobiliario de la Historia”.

Catolicismo - ¿Qué sucedió precisamente en aquella ocasión?

Marqués Patrizi di Ripacandida Cuando tuvimos conocimiento de aquella decisión de disolver el Cuerpo, pedimos una audiencia al Santo Padre para entregarle personalmente el estandarte. Personalmente escribí al Cardenal Villot, Secretario de Estado, para que nos fuese concedido este último homenaje y le dije: “Eminencia, podemos ser despojados de todo según las exigencias de los tiempos: de los privilegios, de la nobleza, del Cuerpo al que pertenecemos, de la patente militar, de las honras, pero no de nuestros sentimientos y de nuestra indefectible fidelidad al Papa y a la Iglesia”. El Cardenal me respondió que se había dirigido al Papa para hacerle leer mi carta y que el Sumo Pontífice la había “apreciado mucho y la recibía con agrado” y me “manifiesta su paternal reconocimiento”.

A pesar de ello, la audiencia no nos fue concedida, creo que por sugerencia de Monseñor Benelli, entonces Sustituto de la Secretaría de Estado. De cualquier manera, en el curso de una breve y sugestiva ceremonia pudimos restituir el estandarte al Secretario de Estado. El Comandante Del Drago, con la voz embargada por la emoción, pronunció unas breves palabras y concluyó de esta manera: “Desde 1485 hasta hoy la denominación del Cuerpo que tuve la honra de comandar cambió varias veces según las exigencias del momento y de las costumbres del tiempo; [...] lo que nunca cambió fue la interrumpida tradición de fidelidad al Papa, que con el curso de los siglos fue consagrada con sangre y con la prisión”. En seguida, el Cardenal Villot se inclinó ligeramente para recibir el antiguo estandarte arriado, e hizo un gesto de conmoción. Con palabras gentiles y de circunstancia, muy comedidas, agradeció el servicio fielmente prestado. El Sustituto de la Secretaría de Estado, Monseñor Benelli, permaneció erecto, impasible, casi ajeno. Entre los guardias nobles, algunas lágrimas surcaron los rostros.

Catolicismo - ¿A qué se refería el Príncipe Del Drago cuando mencionó la fecha 1485?

Marqués Patrizi di Ripacandida A la constitución del Cuerpo por el Papa Inocencio VIII, con el nombre de Guardia de los Caballeros Ligeros, formada por dos compañías que tenían su cuartel junto a la Puerta Posterla, que desde entonces tomó el nombre de Puerta de los Caballeros Ligeros (Porta Cavalleggeri), próxima a la Plaza del Santo Oficio, Aún hoy se puede ver sobre la vieja puerta el blasón de aquel Pontífice.

Catolicismo – El Príncipe Mario Del Drago habló también de la sangre derramada y de las prisiones sufridas por los guardias nobles en defensa del Papa.

Marqués Patrizi di Ripacandida – Sí, en particular la sangre derramada durante el Saqueo de Roma en 1527. La Guardia de los Caballeros Ligeros tuvo entonces su momento más brillante cuando Roma fue saqueada por las hordas del Gran Condestable de Borbón.
Los caballeros pusieron al Papa Clemente VII a salvo en el Castillo Sant’Angelo; luego corrieron a la Tumba de los Apóstoles y la defendieron hasta que cayó el último caballero. Murió todo el Cuerpo de los Caballeros Ligeros, murieron también casi todos los guardias suizos.

En 1801, cuando Roma fue ocupada por Napoleón, los guardias nobles que se negaron a usar el moño tricolor francés, fueron hechos prisioneros en el Castillo Sant’Angelo. Volvieron a ser encerrados en la rebelión de 1831.

Catolicismo —  ¿Cómo nace el nombre Lance Spezzate?

Marqués Patrizi di Ripacandida Después del saqueo de Roma el Cuerpo fue reconstituido, y el Senado Romano quiso colocar a su lado 100 “caballeros de guardia”, gentilhombres romanos a los que el Papa Pablo IV quería se los llamase “caballeros de la Fe”, pero que el pueblo bautizó como Lance Spezzate.

El nombre acabó siendo reconocido incluso en los documentos oficiales. Cuando fuimos disueltos, nosotros, de la Guardia Noble, quisimos retomar el antiguo nombre fundando una asociación civil denominada Compagnia delle Lance Spezzate (Compañía de las Lanzas Partidas), que se debía reunir tres veces por año: en la fiesta de San Sebastián, patrono del Cuerpo; para los ejercicios espirituales de Pascua y en la conmemoración de los Difuntos, en noviembre.

Catolicismo — ¿Cuáles eran las funciones de la Guardia en relación a la persona del Sumo Pontífice?

Marqués Patrizi di Ripacandida Tanto la Guardia Suiza como la Guardia Noble estaban junto a la persona del Papa, pero mientras la Guardia Suiza tenía otras obligaciones extrínsecas a la persona del Pontífice, la Guardia Noble tenía la tarea específica de la custodia física de su persona.
Por ejemplo, durante el período de la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, la Guardia Noble estuvo de servicio todas las noches en los departamentos papales. Durante el día lo acompañaba en las audiencias, escoltándolo en sus paseos por los jardines; de noche, con un candelero sobre un escritorio, estábamos siempre a su puerta. Nos moríamos de frío, porque el Papa Pacelli [Pío XII], para dar el ejemplo, no quería calefacción central, y nos congelábamos en el vestíbulo.

Durante siglos prestamos servicio con el sable, pero durante la guerra llevábamos una pistola automática. Una noche en que la que estaba de guardia, un avión – tal vez inglés – lanzó un artefacto luminoso que cayó sobre la terraza del Papa y quedó prendido por un largo tiempo, amenazando provocar un incendio. Avisados por una monja, Giorgio Sacconi y yo saltamos a la terraza y con nuestras chaquetas extinguimos las llamas y cargamos triunfalmente el artefacto con la mecha apagada. Fue necesaria la intervención de Monseñor Montini, que nos lo pidió gentilmente para entregarlo a los bomberos. Ellos lo debían examinar, mientras que nosotros queríamos conservarlo como un trofeo de guerra.

Catolicismo — Además de la protección de la persona del Papa ¿Había una suerte de secretariado del Papa?

Marqués Patrizi di Ripacandida El oficial de servicio de la Guardia Noble era el jefe de todos los cuerpos militares de la antecámara pontificia, incluida la Guardia Suiza y los gentilhombres, y tenía un delicado bastón como emblema de mando.

El oficial de servicio anotaba todo con extrema meticulosidad y hacía un informe semanal para Monseñor el Maestre de la Cámara Apostólica; ese informe comprende las audiencias reservadas del Papa no publicadas en “L’Osservatore Romano”. Una documentación preciosa.
Algunas veces el comandante me hacía leer esos informes, que contenían hasta cosas divertidas. Por ejemplo, con ocasión de una visita que hiciera a la Basílica de Santa Inés, Pío IX había subido al primer piso de un pequeño convento adyacente para recibir a los párrocos aledaños. El oficial de servicio anota: “No se había calculado el excesivo peso sobre esa vieja terraza y el piso cedió cayendo al de abajo. Gracias a Dios, Su Santidad no se lastimó, como tampoco mis dos guardias nobles, toda vez que luego de un largo servicio matutino yo los había dispensado de la audiencia a los párrocos”.

Todos esos documentos, algunos de los cuales son muy importantes, también los tuvimos que devolver.

Catolicismo — ¿Cómo se constituían los cuadros de la Guardia y cuáles eran sus uniformes?

Marqués Patrizi di Ripacandida La Guardia tenía un capitán general comandante, que no ejercía directamente el comando militar, pero tenía la representación del Cuerpo y era ayudado por un coronel ayudante: yo fui el último coronel ayudante.
El comando militar era competencia del oficial ayudante mayor. Luego venían dos brigadieres generales, que comandaban la brigada de servicio y la brigada de honor. Uno de ellos, en los últimos tiempo era el Príncipe Marcantonio Pacelli, sobrino del Papa, que aún vive: nosotros dos somos los decanos del Cuerpo. Él es decano en cuanto a la patente y me delegó la presidencia de la Compañía delle Lance Spezzate.
Luego de los brigadieres había nueve oficiales y los guardias eran subdivididos en diversos grados. Normalmente el Cuerpo estaba compuesto por una centena de guardias, pero al momento de la disolución éramos cerca de 80.
El uniforme de parada consistía en una túnica colorada bordada de oro, con pantalones blancos y botas altas. El uniforme diario era una túnica negra y colorada y pantalones azules. En algunas ocasiones, como en los funerales, la túnica era negra, pero usábamos los pantalones blancos y las botas altas. El yelmo o casco se usaba siempre, y en los desfiles se le adjuntaba un penacho y la crinera.

Catolicismo — ¿Cuál era la remuneración y cuál era el juramento que debían prestar los guardias nobles?

Marqués Patrizi di Ripacandida La remuneración, llamada “soldo”, era una cifra simbólica que apenas alcanzaba para mantener el uniforme. La Guardia Noble no prestaba juramento. Tenía esa prerrogativa desde sus comienzos. El Papa Inocencio VIII que la estableció declaró que la fidelidad de la Guardia Noble no estaba en discusión.

Inicialmente la Guardia sólo estaba abierta a los nobles provenientes de los Estados Pontificios, pero después de 1929 [con el tratado de Letrán] se amplió el ingreso a la nobleza de toda Italia. Curiosamente, el último guardia noble, nombrado por Pablo VI, fue un español.

Catolicismo — Muchas gracias Marqués por haber hecho de un modo tan cautivante una recapitulación de este glorioso Cuerpo, que ningún historiador de la Iglesia debería olvidar, con nada menos que 485 años de servicio a los Romanos Pontífices.


Notas:

[1] Sampietrini: Son llamados de este modo los guardas de la Basílica como también todo el personal de diversos géneros que presta servicios permanentes de mantenimiento.

[2] “Catolicismo”, Ed. Padre Belchior de Pontes Ltda., San Pablo, Brasil, agosto de 2006

[3] Literalmente, “de las lanzas partidas”. La expresión italiana lancia spezzata (lance spezzate en plural) es utilizada para referirse al hombre de armas siempre listo para cumplir cualquier misión.

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