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Los Sin Tierra avanzan
sobre Misiones

Carta a Mons. Piña Battlevel

Algunos titulares de las noticias publicadas en importantes medios son reveladores de la grave situación creada en la provincia de Misiones con las invasiones de tierra: "Los sin tierra avanzan sobre Misiones" ("La Nación", 29 de Septiembre de 2002). "La intrusión pone en riesgo unas 900 mil hectáreas de selva y sus beneficios" ("El Territorio", 23 de Septiembre de 2002). "El 22 por ciento de los ilegales proviene del Brasil" (ib. id.)

En ese contexto, causaron profunda preocupación a numerosos católicos varias declaraciones que los medios atribuyeron a Monseñor Joaquín Piña Battlevell, SJ., Obispo de Puerto Iguazú, respecto al derecho de propiedad privada, a las invasiones de propiedades y el movimiento Sem Terra (Sin Tierra) del Brasil.
De ahí que, jóvenes aglutinados en Reconquista y Defensa de los ideales que nunca mueren (1), dirigieran una respetuosa carta a Mons. Piña Battlevell, en la que le solicitaron esclarezca el real contenido de tales declaraciones.
Estas son, en síntesis, las preguntas hechas al Obispo de Puerto Iguazú, que, lamentablemente, quedaron sin respuesta.
a) ¿Cuál es el sentido profundo de propiedad privada que V. Excia. sustenta en las citadas declaraciones y cuál su relación con la enseñanza constante de los Papas sobre ese mismo tema?;
b) ¿V. Excia. considera que la ocupación de tierras en Misiones está dando lugar a que se introduzca en nuestra Patria un elemento más -y cuán grave- de perturbación del orden y de la paz social, como lo es el Movimiento de los Sin Tierra oriundo del Brasil?;
c) ¿ V. Excia. tiene presente hasta que punto el apoyo dado por la "izquierda católica" al Movimento dos Sem Terra brasileño es un factor altamente favorecedor de la violencia y del socialismo de tipo cubano en el vecino país?

Buenos Aires, 18 de Octubre de 2002.- A
Su Excelencia Reverendísima
Monseñor Joaquín Piña Battlevell, SJ
Obispo de Puerto Iguazú
Guatambú 184
N3370DPD - PUERTO IGUAZÚ
Pcia. de Misiones
Excelencia Reverendísima:
Somos jóvenes católicos que, con gran interés y también con gran aprensión, acompañamos el desarrollo de los acontecimientos en el país, a la luz de la doctrina y de la tradición de nuestra Santa Madre Iglesia. En orden a la acción, tenemos un site en Internet -Reconquista y Defensa de los ideales que nunca mueren- puesto al servicio de los principios sagrados y perennes de la Civilización Cristiana: la tradición, la familia y la propiedad. A este título, debemos confesarle la perplejidad que nos ha causado la lectura de varias declaraciones atribuidas a V. Excia., referentes al derecho de propiedad y a las invasiones de propiedades rurales, publicadas en "El Territorio" de Posadas y "La Nación" de Buenos Aires, a fines de Septiembre y comienzos del presente mes de Octubre. Aprensión y perplejidad que tienden a transformarse en alarma, si consideramos que lo sucedido en Misiones debe ser visto en el contexto de la gravísima situación de la Argentina en su conjunto, precisamente aquí donde los ataques al principio de propiedad individual fueron tan demoledores en los últimos meses, que, agudos observadores no vacilaron en denunciar la mayor confiscación de nuestra historia, con un solo antecedente inequívoco: la revolución bolchevique de 1917.
Es la razón por la cual nos dirigimos con todo respeto a V. Excia. para pedirle tenga a bien esclarecer el real contenido de tales declaraciones, que, según hemos podido comprobar, han causado profunda preocupación a numerosos católicos de nuestra querida Patria.

* * *

A propósito de las ocupaciones de tierras que están ocurriendo en la Provincia de Misiones, de acuerdo a informaciones publicadas por la prensa, un comunicado de la Diócesis de Iguazú sustenta: "el derecho a la tierra es un derecho hermoso, y es por eso que lo queremos para todos, y especialmente para quienes viven y trabajan la tierra, como Dios manda" (cfr. La Iglesia apoya la ocupación ilegal de tierras en el norte misionero, "El Territorio", 16-IX-02). Pedimos a V. Excia. que nos aclare: si el derecho de propiedad es para todos, ¿no lo es también para los actuales propietarios de la tierra? Y si éstos tienen ese derecho, ¿pueden ser desposeídos del mismo? ¿Qué principio de la doctrina católica lo justifica? Tampoco está claro que se quiso decir con la expresión: "especialmente para quienes viven y trabajan la tierra". ¿El derecho de propiedad comporta grados de intensidad? ¿Quién trabaja la tierra tiene un derecho de propiedad "más fuerte" que el que la adquirió, recibió por regalo o adquisición? Se atribuye aún a V. Excia. la afirmación de que: "no es justo que las empresas tengan grandes extensiones de tierras, no las exploten razonablemente y no permitan que viva la gente" (cfr. Piña pidió al gobierno la expropiación de tierras, "El Territorio", 17-IX-02). Para V. Excia., las empresas "tienen tierras improductivas que deberían cederlas a quienes no la tienen. Como Iglesia apoyamos el derecho de esa gente a vivir en algún lugar" (Los sin tierra avanzan sobre Misiones, "La Nación", 29-IX-02). No sólo V. Excia. Revma., sino todos los argentinos queremos que esa gente viva en algún lugar. Pero ¿por qué ése lugar tiene que ser necesariamente obtenido con la invasión de la propiedad ajena? Todo esto nos parece algo extraño a las enseñanzas de la Iglesia, sobretodo si tenemos en cuenta lo que enseña el Papa Pío XI: "aún está más lejos de la verdad el decir que por el abuso o el simple no uso de las cosas perece o se pierde el derecho de propiedad" (Pío XI, Encíclica Quadragesimo Anno, 17). Además, si bien el derecho a la vida es anterior al derecho de propiedad ¿qué pruebas fehacientes han sido presentadas a fin de demostrar que, para vivir, tengan la imperiosa necesidad de invadir aquellas tierras? ¿Acaso no existen otras soluciones para garantizarles el derecho a la vida? ¿Por qué los paliativos a todos los males que afectan al país los debe pagar el propietario de tierras? Igualmente causa extrañeza leer que V. Excia. habría enseñado que "la tierra no es un derecho absoluto porque es de Dios" (cfr. El respeto a la propiedad privada en Misiones, Edgar Castro, "El Territorio", 26-IX-02). Que la tierra es de Dios no hay duda alguna. ¡No solamente la tierra! ¡Todo es de Dios!. La vida humana, los bienes de la Iglesia, todo es de Dios. ¿Por qué hablar de la tierra? El hecho de que la tierra sea de Dios no significa que todos tengan derecho a utilizar cada lote de tierra. La división en propiedades particulares es necesaria al bien común. En efecto, la licitud intrínseca de la propiedad, sentada en primer plano por Santo Tomás de Aquino, "es de fe católica". La Iglesia ha condenado en todos los tiempos a los adversarios de la propiedad privada y los Papas han repetido con insistencia que el derecho de propiedad está "no solamente reconocido y proclamado en la Sagrada Escritura, en todo el Antiguo Testamento", sobre todo en dos preceptos del decálogo (el séptimo "No robar" y el décimo "No codiciar los bienes ajenos"), así como en el Nuevo Testamento, "sino que dimana de múltiples exigencias de la naturaleza humana, como el derecho natural que tiene el hombre a los frutos de su trabajo; al sustento de su propia vida y a proveer de un modo estable a sus propias necesidades; al deber natural y cargo que tiene de atender al sustento de su familia y proveer a su seguro porvenir. Todo lo cual demuestra que esta tendencia a la posesión privada es inclinación universal, que tiene su fundamento en la misma naturaleza y, por lo tanto, un origen divino" (cfr. Suma Teológica, Biblioteca de Autores Cristianos, tomo VIII, introducción a la cuestión 66, II, La división de las posesiones y el derecho de propiedad, Madrid, 1956, el subrayado es nuestro). Ahora bien, para V. Excia., la solución de las invasiones pasa por el reconocimiento de los derechos de los ocupantes: "Se los debe reconocer y garantizar jurídicamente el derecho de ocupación e incluso de propiedad sobre la tierra que habitan y trabajan, arbitrando cuando sea necesario los recursos que establece nuestra legislación sobre la legítima expropiación de tierras, máxime de las improductivas". (La Iglesia apoya la ocupación ilegal de tierras en el norte misionero, "El Territorio", 16-IX-02). ¿Defendería entonces V. Excia. un "derecho" a ocupar lo que ya es de otro? Más aún, ¿defendería V. Excia. el principio socialista - tan utilizado en la extinta Unión Soviética y en Cuba - de que el Estado tiene el derecho, sin más, de expropiar las tierras de los particulares para dárselas a otros? Para completar, el mismo periódico, con fecha del 17-IX-02, informa: "el obispo de la diócesis de Iguazú, Joaquín Piña, subrayó que el Gobierno debería expropiar las tierras ocupadas a cambio de impuestos". ¿No es acaso otra la doctrina católica sobre el papel del Estado? Parece que sí: "Ni la Justicia ni el bien común consienten en damnificar a alguien ni en invadir su propiedad bajo ningún pretexto", dijo el Papa Juan Pablo II, por ocasión de su visita a Brasil en 1991. "Al Estado - continuó el Pontífice - le cabe el deber principalísimo de asegurar la propiedad particular por medio de leyes sabias" (apud "Folha de S. Paulo", 15-X-1991). Y sobre la cuestión de los impuestos, enseña el Papa León XIII "... que no se abrume la propiedad privada con enormes tributos e impuestos. No es la ley humana, sino la naturaleza la que ha dado a los particulares el derecho de propiedad, y por lo tanto, no puede la autoridad pública abolirlo, sino solamente moderar su ejercicio y combinarlo con el bien común. Obrará, pues, injusta e inhumanamente, si de los bienes de los particulares, extrajera, a título de tributo, más de lo justo" (Encíclica Rerum Novarum, 24/663). Dice aún "El Territorio" del 17 de Septiembre ya citado que V. Excia. recordó que el derecho de propiedad "no es absoluto y éste cede ante derechos mayores". Una vez más, esa afirmación atribuida a V. Excia. parece ambigua. Es evidente que cualquier derecho humano cede ante los derechos mayores. El mismo derecho a la vida, por ejemplo, debe ceder cuando el soldado es convocado a defender la Patria en peligro. ¿Por qué hablar así sólo del derecho de propiedad? ¿Y cuáles son esos derechos "mayores" ante los cuales debe ceder el derecho de propiedad? ¿Será el derecho de vivir de los campesinos intrusos? ¿Está probado que ellos no vivirán si no invaden la propiedad ajena? ¿Dónde están las pruebas? A creer en las declaraciones atribuidas a V. Excia. y, hasta donde sabemos, no desmentidas, V. Excia. querría "revisar el concepto de propiedad privada que manejan las empresas" (La Nación, 29-IX-02). No nos consta que algunas empresas "manejen" un concepto de propiedad privada distinto del sentido común. Pero si fuera así, sería necesario demostrarlo y señalar su maldad. Quedarse en generalidades en este campo es de lo más peligroso, pues genera ambigüedades gravemente lesivas a los derechos seguros y ciertos, así como a la estabilidad social. Por lo demás nos preguntamos, ¿cómo será posible un "revisar" del concepto de propiedad privada si el Papa Juan XXIII enseña que "el derecho de propiedad privada, también en cuanto a bienes (res) destinados a la producción, conserva su valor en todo tiempo, como que está contenido en la misma naturaleza de las cosas, que nos enseña que los individuos están antes que la sociedad civil (civilis societas) y que por ello la sociedad civil ha de dirigirse al hombre como hacia su fin" (Encíclica Mater et Magistra, 87, subrayado nuestro).
* * *
También bajo otro aspecto la posición de V. Excia. se muestra de difícil comprensión para un católico argentino. Sucede que las tales "gentes" necesitadas, de hecho no se reducen a pobres campesinos que, apremiados por el hambre, procuran donde vivir y comer. Ellos forman parte de un movimiento organizado que tiene sus raíces en Brasil y ya se extendió al Paraguay: el "Movimiento de los Sin Tierra" (MST), que ahora procura afincarse en la Argentina.
Se trata de un movimiento que en sus documentos oficiales afirma explícitamente que su objetivo es la toma del Poder y la implantación de un régimen socialista (cfr. por ej. "Documento Básico do MST", aprobado por el "VI Encontro Nacional do Movimento", en la ciudad de Piracicaba, Estado de San Pablo, 1991). Ese movimiento está cada vez más cerca de la criminalidad. Uno de los principales líderes del MST brasileño, José Rainha Jr., actualmente preso por acusaciones de varios delitos vinculados con invasiones de tierra, llegó a solicitar públicamente la liberación de todos los presidiarios del Brasil:"Este país sólo va ser serio cuando los portones de las cárceles fueren abiertos. Tenemos que sacar a quienes están allá adentro y colocar allí a esos vende patria" (apud "Jornal do Brasil", 27-VII-2000). Los diarios abundan en datos que muestran conexiones de las invasiones de tierra en Misiones con el MST brasileño: "los campesinos dicen estar vinculados con el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil (MST) y su similar del Paraguay que se muestran muy activos en departamentos limítrofes con Misiones. Algunas estimaciones extraoficiales estiman que sólo un 20% de los ocupantes ilegales es de nacionalidad brasileña" (La Nación, 29-IX-02). En el mismo sentido, La Nación" afirma al día siguiente: "Ahora se identifican como pertenecientes al Movimiento de los Sin Tierra (MST) (...) la mayoría habla portugués y admite que la movilización va más allá de las fronteras argentinas, estableciendo una suerte de interrelación político-social con Brasil" (cfr. Continúan los pedidos de los Sin Tierra, "La Nación", 30-IX-02) Por más que apreciemos a las naciones vecinas, ¡lo único que ahora nos faltaba es volver a importar revolucionarios socialistas de esos países para hacer aquí una revolución social impregnada de criminalidad! No olvidemos que el MST brasileño cultiva relaciones con las guerrillas de las FARC de Colombia. En ese sentido, es oportuno recordar que Mons. Antonio Baseotto, Obispo de Añatuya, refiriéndose a la penetración de guerrilleros del Sendero Luminoso en la Argentina, denunció que "la fuerza internacional del maxismo quiere destruir nuestra cultura y nuestros valores" ("Cristo Hoy", 14 a 20 de Marzo de 2002). Además, si se tratara de hambre, ¿por qué tienen que venir a saciarse en la Argentina? Brasil tiene un territorio mayor que el nuestro y le sobran posibilidades de alimentar su población. V. Excia. parecería tener muy presente el grado de peligrosidad de esa gente ya que, según "La Nación" del 29-IX-02: "El obispo no descartó que pueda haber derramamiento de sangre a causa de posibles enfrentamientos entre propietarios e intrusos". Ya antes V. Excia. había declarado: "La violencia nadie quiere, pero de alguna manera lo están provocando. Si no se soluciona va a llegar un momento en que la gente se pondrá fuerte y violenta" ("El Territorio", 17-IX-02). Si estos intrusos significan tal gran peligro para nuestra Patria, resulta evidente que no es lícito brindarles apoyo. Sin embargo, hay quienes llegan a ver en las palabras de V. Excia. una velada amenaza a los propietarios ¡para que éstos cedan ante las invasiones! Como tal hipótesis no hace honor a V. Excia., preferimos ni siquiera considerarla, pues significaría que, para evitar la violencia, un padre de familia debería ceder ante los ladrones que roban su casa, amenazan a sus hijos y abusan de sus hijas.
* * *
No podemos dejar de referirnos a un aspecto de la situación particularmente doloroso para nuestros corazones católicos. Es el papel ejercido por elementos del clero de izquierda en la formación del MST y su propulsión. De Brasil nos llegan noticias de sacerdotes participando de usurpaciones y del apoyo abierto de Obispos a las invasiones de tierras.
Por otra parte un informe de "La Nación" del 30-IX-02 dice: "Recientemente, estuvo en la Argentina el sacerdote Arturo Paoli, uno de los principales referentes del MST del Brasil. Dictó conferencias en el Congreso de la Nación y mantuvo contactos con miembros de la clerecía en Córdoba y Rosario". Tememos que se esté organizando una internacional de los movimientos de invasión de tierras en América Latina y hay razones para suponer que la Argentina ya está siendo víctima de esa embestida socialista. Las aprensiones derivadas del apoyo que eclesiásticos dan a las invasiones de tierra hace mucho han llegado hasta la Cátedra de San Pedro. Al recibir, el 21-III-1995, a los Obispos brasileños del Estado de San Pablo, Juan Pablo II fue muy incisivo en su condena: "Recuerdo las palabras de mi predecesor León XIII cuando enseña que `ni la justicia, ni el bien común consienten en damnificar a alguien o invadir su propiedad bajo ningún pretexto' (Rerum Novarum, 55). La Iglesia no puede estimular, inspirar o apoyar las iniciativas o movimientos de ocupación de tierras, ya sea por invasiones por el uso de la fuerza, ya sea por la penetración subrepticia de las propiedades agrícolas" (A.A.S. 10-11-95, apud "Folha de S. Paulo", 24-4-1996).
* * *
Esta carta, Excelencia, fue más extensa de lo que pretendíamos. Pero la gravedad de los hechos, el amor que tenemos a nuestra Argentina, regia y maternalmente protegida por la Virgen de Luján, y nuestra identificación con la Santa Iglesia, de la cual queremos ser hijos fieles e incondicionales, nos ha llevado a profundizar los temas más de lo previsto.
Así, concluimos pidiendo permiso para resumir la perplejidad que nos domina, a nosotros y a incontables católicos:
a) ¿Cuál es el sentido profundo de propiedad privada que V. Excia. sustenta en las citadas declaraciones y cuál su relación con la enseñanza constante de los Papas sobre ese mismo tema?;
b) ¿V. Excia. considera que la ocupación de tierras en Misiones está dando lugar a que se introduzca en nuestra Patria un elemento más -y cuán grave- de perturbación del orden y de la paz social, como lo es el Movimiento de los Sin Tierra oriundo del Brasil?;
c) ¿ V. Excia. tiene presente hasta que punto el apoyo dado por la "izquierda católica" al Movimento dos Sem Terra brasileño es un factor altamente favorecedor de la violencia y del socialismo de tipo cubano en el vecino país?
Le quedaremos muy agradecidos, Excia. Revma., si tuviese la caridad de esclarecernos sobre esos puntos y, aguardando su respuesta, le pedimos la bendición.
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