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Jornada Histórico-genealógica
del Tucumán y Cuyo

Hacienda de la Candelaria
Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta
Depto. de Chilecito
Prov. de La Rioja

El 22 y 23 de Noviembre del 2002 se llevó a cabo, en la ciudad de Sañogasta, Depto. de Chilecito (Pcia. de La Rioja), el I Curso de Genealogía y la I Muestra Heráldica

El evento, que contó con la participación de prestigiosos historiadores, genealogistas y estudiosos de nuestra historia, fue organizado por el Sr. Luis María Mesquita, quien reside en Sañogasta, simpática y evocativa localidad serrana que fuera sede del Mayorazgo de San Sebastián.

El curso de Genealogía estuvo a cargo del Prof. Ignacio Tejerina Carreras y en el mismo se expusieron escudos de armas, árboles genealógicos, documentos y testimonios de gran interés.

Además, se realizó una visita a la contigua Iglesia de San Sebastián, donde se homenajeó a la Virgen de la Candelaria a quien se le agradecieron los beneficios concedidos a la población y la evangelización de la región, y al mismo tiempo se le imploró que esa acción benéfica fructifique plenamente en la Argentina de hoy.

La cena de despedida fue precedida por un evocativo acto sobre la fundación del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta, con participación de ballet folklórico y desfile de los Camperos de San Sebastián.

Quienes desean mayor información o el texto integral de las ponencias, dirigirse a luismesquita@arnet.com.ar.

A continuación, publicamos la ponencia de la Fundación Argentina del Mañana en la cual se alude al accionar de Reconquista y Defensa de los ideales que nunca mueren.


¿Qué tiene que ver una institución como la Fundación Argentina del Mañana que en su nombre proclama la orientación hacia el futuro, con un Curso de Genealogía y con una Muestra Heráldica? ¿Esas no son cosas del pasado?

Hay en nuestra lengua castellana dos expresiones tan próximas ortográficamente como distantes en significado. Cementerio y sementero. Uno es el lugar donde se rinde culto a los muertos. El otro, el sementero, es donde se conservan o se llevan las semillas.

Y esta no es una reunión de cementerio sino una sementera. Aquí hay semillas, resultantes de la planta anterior, que contienen al futuro.

Nuestra nación fue mimada por la Divina Providencia con dones y dotes de todo orden. Gran territorio, en ese territorio una gran riqueza, ese territorio y esa riqueza colocados en manos de una población variada y espiritualmente enraizada en nuestra Santa Fé.

Todo esto constituye valores realmente muy grandes que hicieron del nuestro, un país de gran significación.

Y el llamado mundo del progreso, el mundo de la evolución, vio surgir promisoria en el hemisferio sur a una nación que, para sorpresa de muchos, parecía superar a los mismos Estados Unidos. Los días de hoy muestran que las ilusiones del comienzo del siglo XX no están presentes en este nuestro comienzo de milenio.

El progreso trajo consigo desilusiones terribles, trajo consigo aprensiones también terribles, y las perspectivas con las que el mundo -y no sólo nuestro país- encara el milenio son perspectivas mucho más cargadas y sombrías que aquellas con las que transpuso, en medio de fiestas, de placeres, de expansiones y de satisfacción de todo orden, el 1900, el siglo que prevía tantas maravillas.

Fue probado que simplemente con el desarrollo de la máquina, de la evolución y del progreso material, el mundo no llega a gran cosa; que bajo el fardo de sus descubrimientos y de sus riquezas nuevas, el mundo encontraría nuevos problemas y nuevas dificultades: es un hecho que al fin del siglo XX las cosas son mucho más duras y mucho más difíciles de lo que fueron a su comienzo.

¿Cómo resolver los múltiples problemas que aquejan a nuestra Argentina y a la Humanidad en consecuencia de un progreso que, alejándose de Dios, alejándose de la Fé, acabó construyéndose sobre bases exclusivamente materiales, como fue ese progreso de todos los pueblos en el siglo XX?

La gran verdad que nos aparece es que nosotros no podríamos vivir pensando apenas en el presente y en el futuro, sino que deberíamos volvernos también hacia el pasado. Y recoger del pasado las lecciones indispensables para la construcción de un mundo nuevo.

Entre las lecciones que el pasado nos dejó y que más o menos alocadamente ese mundo que le siguió relegó a un lado, en ese pasado una de las grandes lecciones era la importancia de las elites, de las personas descollantes, de los hombres virtuosos, emprendedores, heroicos, y de las familias tradicionales.

Desde 1811 y cada vez más a lo largo del siglo XX la importancia de las elites fue siendo negada, fue siendo puesta al margen por una Argentina -y por una Humanidad- preocupada mucho más por las masas, por el poder de las masas, por la orientación que las masas imaginadas soberanas habrían de comunicar a los acontecimientos, que preocupada con la calidad de las orientaciones que esas masas recibirían para encontrar los rumbos en los que la Historia se debería desarrollar.

Así sucedió que, según todas las apariencias, cada vez más las elites fueron perdiendo actualidad, fueron perdiendo importancia, se dejó de hablar de ellas, hasta se tuvo la impresión de que estaban en un proceso de descomposición y de muerte.

En un momento determinado, cuando los sociólogos más actualizados y los más finos observadores comenzaron a darse cuenta que al mundo contemporáneo le faltaban elites, que era preciso reconstituirlas, que era preciso revitalizarlas, cuando esa convicción comenzó a hacerse firme, ella se afirmó en buena medida, y vaya sorpresa, entre intelectuales norteamericanos de óptimo vuelo de pensamiento, que constituyeron una corriente elitista de repercusión en el mundo entero.

En nuestro hemisferio sur, y desde aquí con elocuente repercusión en Europa, esa convicción se manifestó con un renovado dinamismo en la obra "Nobleza y elites tradicionales análogas, en los discursos de Pío XII a la Nobleza y el Patriciado Romanos", del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, fecundo intelectual y hombre de acción del Brasil, que se destacó por la pujanza del movimiento que inspiró en los cinco continentes, a favor de los ideales perennes de la Civilización Cristiana: Tradición, Familia y Propiedad.

La lectura de esta obra, no puede dejar de ser dicho, se hace cada día más imprescindible para quienes desean aportar las riquezas del pasado en la construcción del futuro.

Al considerar el horizonte de crisis que en su tiempo se estaba concentrando sobre la familia, la sociedad y la civilización, S. S. Pío XII, en una serie de catorce Alocuciones - continuadas por S. S. Juan XXIII en 1960 y 1963, y reafirmando cuanto enseñó, por S. S. Pablo VI en 1964 - presentó a las familias de elites tradicionales como las depositarias de los modelos capaces de reerguir el mundo.

Las llamó a salir del anonimato, a vencer las frías e injustas murallas de la incomprensión y a comunicar a todas las clases sociales el buen ejemplo de virtud y cultura heredado de sus antepasados.

Pío XII puso particularmente de relieve que las elites tradicionales tienen la obligación de no dejarse diluir en el olvido, de resistir moralmente a la corrupción moderna y de sobresalir en la vida cotidiana dando genuinos ejemplos para que todas las clases sociales se puedan beneficiar de ellos.

Como observa el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, esta obligación incumbe a todas las familias que componen la elite de sus respectivas clases o categorías sociales -por lo tanto, aristocráticas, burguesas y populares- que se distinguen por una atmósfera interior rica de valores morales, culturales y sociales atesorados y desarrollados a lo largo de generaciones.

Elites empeñadas en proyectar al futuro las tradiciones del pasado, perfeccionándose continuamente y enfrentando muchas veces dificultades económicas, ingratitudes o el desprecio de la mediocridad o de la vulgaridad bruta y jactanciosa.

Recordando su misión a las elites tradicionales y recomendando al pueblo fiel seguir su ejemplo, apartándose de los falsos modelos extravagantes, obscenos, colectivistas y ateos, Pío XII ha señalado inequívocamente los paradigmas de conducta familiar y social que, hoy más que nunca, son válidos e indispensables en la Argentina.

El libro de Plinio Corrêa de Oliveira abreva en las palabras de sabiduría eterna del Evangelio, en las palabras de sabiduría eterna del Divino Maestro, Nuestro Señor Jesucristo, interpretadas por ese inmortal y siempre recordado pontífice que fue Pío XII, para encontrar allí una serie de pensamientos, de principios y de orientaciones que habrían de dar nuevo vigor al pensamiento tradicional en pleno siglo XX.

Y hacer que en este siglo XXI, muchas cosas que se reputaban que en él serian inmortales hoy están amenazadas de muerte, pero que una cosa que se juzgaba que estaba muerta está viva, y es la tradición. Esa tradición que vive y transpone animosamente el umbral del nuevo siglo y del nuevo milenio.

En este simposio, en que argentinos del Tucumán y del Cuyo y de los cuatro puntos del horizonte nacional, ligados a amigos con pensamiento afín en varios lugares del mundo, se reúnen para analizar las raíces en nuestro pasado, debemos, si queremos ser coherentes, actuar sobre el presente y sobre el futuro.

Así como nuestro país tiene una serie de riquezas que siquiera consiguió explorar en su integridad de tantas que son, así también la realidad argentina es muy profunda y tiene una serie de riquezas que, en las convulsiones de nuestros días, comenzamos a percibir.

Entre esas riquezas, la singular riqueza de que, bien analizada la contextura social argentina, se verifica que en vez de ser construida contra las elites -en un movimiento más o menos impulsivo de oposición a éstas- al contrario, en su seno las elites continuaron existiendo.

Existiendo discretamente, existiendo sobriamente, existiendo sin embargo eficazmente, con una eficacia bastante grande para que se pueda decir que ellas conservaron consigo tesoros de alma, tesoros de sabiduría y de ciencia provenientes de su pasado, que se suponía que no existiesen más.

Hablamos de elites genuinas, cuyas costumbres y modo de ser se ubican en el polo opuesto de los anti-modelos y de las contra-elites que llenan las pantallas y las páginas de los medios impresos.

Por lo tanto, alejadas de las vulgares y adineradas corrupciones del jet-set o de los egoísmos desenfrenados de cierta burguesía sanchopancesca.

Movidas por el anhelo de impulsar todas las clases hacia la excelencia cultural y moral cristianas. Embebidas del deseo de servir al bien común, con un énfasis especial por los más necesitados.

Muchas veces despreciadas e incomprendidas por cultivar y servir tan nobles ideales, relegadas al ostracismo por los medios que se complacen en promover tipos humanos groseros, proletarizados, encarnación del colectivismo ateo e igualitario.

Las elites están y aparecen por lo tanto en la Historia, vuelven a la superficie en las investigaciones de los especialistas, con las manos cargadas de lecciones, cargadas de enseñanzas, guardadas discretamente para un día en que la Nación -y que el mundo entero- de ellas precisen.

Esta es una principal verdad -- verdad edificante, verdad estimulante, que nos da la alegría de reconocer una nueva riqueza en la Argentina, en Europa y hasta en los mismos Estados Unidos, para el bien del mundo entero -- que se celebra en este simposio.

Digo se celebra porque ¿cómo no alegrarnos juntos, ilustres amigos, con esta gran realidad? ¿Cómo no sentir alegría de que, participando todos nosotros de esa convicción, podamos dar un impulso certero al progreso verdadero, al progreso inteligente, maduro y bien pensado de nuestro país, y de todo el género humano?

Es evidente que, en ese sentido, a partir de este siglo y de aquí hacia adelante, es que estamos aquí reunidos.

Digo que estamos reunidos - y desdichadamente la realidad me lleva a decir que ustedes están reunidos - porque que yo no participo de esa reunión con ustedes y me veo reducido a hacerles llegar algunas palabras de lejos, y en medio de esas palabras incluir la afirmación de mi pesar de no atender mi deseo de estar con ustedes en esta ocasión.

Los días en que vivimos me obligaron a eso. No es el momento de hablar aquí de todos los riesgos y de todos los problemas que pusieron a las Fundaciones en jaque por la crisis que todos sobrellevamos.

Uds. salen ganando. Quien les lee estas reflexiones en mi nombre es un apasionado conocedor de la materia. Es un ya veterano de Reconquista y Defensa, una iniciativa de jóvenes de la Fundación Argentina del Mañana, que no se resignan ni a la condición de meros espectadores de los acontecimientos, ni a dejar arrancar sus convicciones por la confusión y el caos tan característicos de nuestros días.

Reconquista y defensa de los ideales que nunca mueren.

En este sentido, el rumbo de la Fundación Argentina del Mañana está apuntado: busca detectar y vincular a los elementos sanos de la sociedad y servir luego de canal de acción y de protesta para quienes desean poner un dique a la ofensiva anti-familiar que barre nuestro país.

La Argentina tiene sobradas condiciones para convertirse en una de las mayores naciones del mundo, cuando llegue al mediodía grandioso de su historia. Para que esta borrascosa aurora se haga mediodía, es necesario que andemos no en el terreno polvoriento de las refriegas político-partidarias, de las cuales está harta la atención pública, sino en la acción individual, dedicada, infatigable, de cada persona de bien junto a sus familiares, sus íntimos, sus colegas de trabajo, sus compañeros de tiempos libres.

Para llegar a cumplir el deber es imprescindible volver a hacer la donación de sí mismos al bien común, es fundamental en estos días trabajar para restituir a nuestros contemporáneos el gusto de la reflexión social y política, alimentada en tertulias, en reuniones de familia, en los ambientes sociales, en los círculos intelectuales.

Reflexión que, mucho más que los medios de comunicación social, asegure a la auténtica Argentina las condiciones para, por sí misma, formar su propio pensamiento, relegando al plano inferior que les toca las interminables discusiones sobre intereses partidarios, apetitos personales, difamaciones recíprocas, etc., que constituyen el pobre e indigesto menú de las cocinas de nuestro actual sistema representativo.

El verdadero hombre de elite actuante en el presente, tiene conciencia de que el debate de las altas cuestiones ideológicas, aclarando y orientando la investigación social, lo conducirá al encuentro de la solución socio-económica de nuestros problemas.

Esta sí constituye la vía a lo largo de la cual el País encontrará sus verdaderas fórmulas de ser, de trabajar, de progresar y de vencer.

Esta es la hora de los grandes planteos precedidos de grandes reflexiones. Y agregamos, desde el fondo de nuestros corazones de católicos: esta reflexión, a su vez, debe ser precedida y seguida de una conmovida y confiante oración.

Para eso, y para reforzar la institución de la familia y los lazos de Patria a los pies de la Virgen de Luján, la Fundación Argentina del Mañana promueve la Cruzada Reparadora del Santo Rosario.

Los que se reúnen aquí lo hacen sin compromisos, sin obligaciones próximas o remotas, apenas con el impulso de hacer el bien. Esta reunión tiene un objetivo respecto del cual levanto una oración a Dios Omnipotente, y a Dios por medio de Nuestra Señora, Su Madre y Mediadora Universal:

Consolatrix afflictorum, ora pro nobis! Oh Madre Santísima de la Candelaria, abrid Vuestro Corazón a los afligidos que por el mundo se vuelven tan abundantes, rogad por todos nosotros, y haced que, fieles a la tradición del pasado y deseando un futuro lleno de esperanzas cristianas, consigamos de hecho erguir al mundo del lodazal en que se encuentra y abrir nuevos días de esperanza y de paz.

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