Capítulo IX
La fuerza propulsora de la Contra-Revolución
Existe una fuerza propulsora de la Contra-Revolución, así como
existe otra para la Revolución.
1. Virtud y Contra-Revolución
Señalamos como la más potente fuerza propulsora de la Revolución,
el dinamismo de las pasiones humanas desencadenadas en un odio metafísico
contra Dios, contra la virtud, contra el bien y, especialmente,
contra la jerarquía y contra la pureza. Simétricamente, existe también
una dinámica contra-revoluciónaria, pero de naturaleza por completo
diversa. Las pasiones, en cuanto tales -tomada aquí la palabra en
su sentido técnico- son moralmente indiferentes; es su desarreglo
lo que las vuelve malas. Sin embargo, en cuanto reguladas, son buenas
y obedecen fielmente a la voluntad y a la razón. Y es en el vigor
de alma -que le viene al hombre por el hecho de que en él Dios gobierna
la razón, la razón domina la voluntad, y ésta domina la sensibilidad-
donde es preciso procurar la serena, noble y eficientísima fuerza
propulsora de la Contra-Revolución.
2. Vida sobrenatural y Contra-Revolución
Tal vigor de alma no puede ser concebido sin tomar en consideración
la vida sobrenatural. El papel de la gracia consiste exactamente
en iluminar la inteligencia, en robustecer la voluntad y en templar
la sensibilidad de manera que se vuelvan hacia el bien. De suerte
que el alma lucra inconmensurablemente con la vida sobrenatural,
que la eleva por encima de las miserias de la naturaleza caída y
del propio nivel de la naturaleza humana. Es en esa fuerza de alma
cristiana que está el dinamismo de la Contra-Revolución.
3. Invencibilidad de la Contra-Revolución
Se puede preguntar de qué valor es ese dinamismo. Respondemos
que, en tesis, es incalculable, y ciertamente superior al de la
Revolución: "Omnia possum in eo qui me confortat" (Filip. 4, 13).
Cuando los hombres resuelven cooperar con la gracia de Dios, se
operan las maravillas de la Historia: es la conversión del Imperio
Romano, es la formación de la Edad Media, es la reconquista de España
a partir de Covadonga, son todos esos acontecimientos que se dan
como fruto de las grandes resurrecciones de alma de que los pueblos
son también susceptibles. Resurrecciones invencibles, porque no
hay nada que derrote a un pueblo virtuoso y que verdaderamente ame
a Dios.

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