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4. Una orquestación publicitaria
esconde el fracaso en las urnas

Sorprende, a primera vista, la desproporción entre la importancia mediática y política y el real peso numérico del movimiento piquetero.
Unos pocos vienen adueñándose del espacio de los medios de comunicación en forma progresiva.

Unos pocos han adquirido una fuerza de negociación con las autoridades nacionales que no se justifica ni por su número ni por la irrelevante votación obtenida en las elecciones.

Pese a ello hasta los comentadores políticos le dan cada vez más protagonismo en sus análisis de la realidad nacional.(16)

Un primer factor de esta distorsión lo encontramos en la capacidad de movilización, perdida por las organizaciones políticas y sindicales y, en pequeña medida pero con gran frecuencia, tomada por los piqueteros.

Otras causas más profundas de la distorsión debemos buscarlas en factores ideológicos y estratégicos mucho menos visibles, pero no por ello menos importantes.

El permisivismo de las autoridades nacionales y locales encargadas de mantener el orden y, en algunos casos, el decisivo apoyo económico y político que reciben de organismos oficiales, son factores coadyuvantes a la desorbitada importancia política de estos grupos.
La amplificación desde el Exterior es una concausa que no debe desconocerse.(17)

Otro factor es el uso sistemático de la mentira como arma de acción política, al mejor estilo de los métodos totalitarios utilizados por el nacional socialismo en la Alemania nazi o el comunismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. (18)

Estas causas se potencian entre sí y explican la impresión del hombre común que, viendo a diario sus derechos conculcados, no acierta a encontrar una explicación de por qué grupos tan reducidos se han constituido en una amenaza cierta a su libertad y seguridad.

Solo le queda el "humor" de desagrado y la perplejidad o la posibilidad de expresar una queja a través de una "Carta de Lectores", como las que aparecen en nuestros periódicos cada vez con más frecuencia.

Pese al poder mediático-político descripto, a la capacidad de movilización demostrada y a la variedad de temas enarbolados como banderas, el movimiento piquetero no ha conseguido atraer la simpatía de las mayorías.

Al contrario, casi se diría que, por instinto, los argentinos rechazan el desorden, la prepotencia, el uso de la fuerza, la inacción de las autoridades y no dejan de preguntarse cuál será el día de mañana de todo ste desorden que parece instalado, de modo definitivo, en el panorama nacional.

La respuesta la dan a diario los mismos piqueteros: o el Gobierno atiende todos sus reclamos –los que por cierto no conocen límite ni medida– o la sociedad queda expuesta a la arbitrariedad y, por qué no, a una inusitada explosión de violencia y caos.

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