Castillos e iglesias medievales
La falsa promesa de la felicidad
Santos:¿sentimentales o fuertes de alma?
+ Ver todos
- -
Nazismo y Comunismo: ¿enemigos o amigos?
Evolucionismo: La ciencia demuestra su caducidad.
La Cruzada del Siglo XXI
+ Ver todos
- -
Textos pontificios
El lujo y el desapego de los bienes terrenos
La incompatibilidad con el socialismo
La desigualdad, el Estado y la Propiedad Privada
+ Indice temático
- -
Historia de Don Martin de Alzaga, héroe de la reconquista
Genealogía de José Hernandez: autor del Martín Fierro
+ Ver todos los artículos de Historia
- -
+ Ver todas nuestras acciones




 
 

I - Introducción

Pese a que en los últimos meses se ha pretendido, tanto desde las esferas del Gobierno Nacional como desde ciertos medios periodísticos, crear un clima de optimismo, es innegable que la actual situación político-social está embebida de una acentuada carga emocional, análoga a la de un individuo que, como dice una expresión popular, tuviera "los nervios a flor de piel".

La población vive en un estado de permanente tensión: sucesivos y desencontrados proyectos políticos; denuncias altisonantes seguidas de un desconcertante vacío informativo; ausencia de garantías para derechos elementales, como el de la propiedad privada o el de la libre circulación; proyecciones económicas sin fundamentos sólidos o duraderos; ausencia de planes a largo plazo; cambios en la legislación no previstos en las plataformas de los partidos; aumento vertiginoso de la criminalidad, con su secuela de secuestros, homicidios y robos; son algunas de las causas del estado de confusión y malestar.

En ese clima, el debate serio y honesto de las controversias políticas, económicas y sociales se ve perjudicado por opiniones más bien temperamentales, muchas veces precipitadas o carentes de reflexión, cuando no de una vehemencia tan vacua cuanto extremada. Hay una sensación generalizada de que los problemas reales que la Argentina vive no son analizados con la profundidad, la objetividad, la serenidad y la racionalidad indispensables.(1)

Mientras tanto, los piqueteros –un factor que no dudamos en calificar de explosivo– atraen sobre sí cada vez más la atención de todos.

De acuerdo a sondeos de opinión (2), el público manifiesta un creciente desagrado con relación a la actuación de los piqueteros.

Por otro lado se observa un creciente malestar porque las autoridades no garantizan el orden público y la libre circulación, conforme a la Constitución y las leyes, como por el hecho de que el financiamiento de tal movimiento provenga, en gran medida, de los mismos "planes sociales" concedidos "generosamente" por el Gobierno, con fondos originados en los impuestos pagados por todos los argentinos.

Slogans, demágogicamente manipulados, son erigidos como razones y justificación para que las autoridades asistan pasivamente a los mayores desmanes y excesos ocurridos durante las manifestaciones piqueteras: "exclusión social", "no se debe criminalizar la protesta", "no se debe usar la violencia contra los pobres" y tantos otros.

Insistentemente se pretende circunscribir el problema a un dilema simplista y sin salida: represión brutal con baño de sangre o convivencia habitual con el desorden, la trasgresión a la ley, el delito, con grave y evidente lesión de los legítimos derechos del ciudadano pacífico, honesto y trabajador.

Resulta evidente que tal dilema es falso y pernicioso porque mina peligrosamente en su raíz el Estado de Derecho, al paralizar toda reacción legal y permite que el movimiento piquetero se adueñe de calles, rutas y edificios públicos y privados, destruyendo el principio de autoridad y extendiendo peligrosamente la anarquía.

Un país en serio no puede ser acorralado indefinidamente con la falsa opción: represión brutal o aceptación del caos.

De lo que se trata es de hacer cumplir la ley. Que el Estado asuma su irrenunciable deber de mantener el orden público y asegurar la defensa de los derechos fundamentales de todos los argentinos, sin exclusión de nadie, y restaure la paz indispensable para la convivencia social. Así lo afirma el Ministro de Seguridad y Trabajo de la Provincia de Neuquén, Luis Manganar. Al declarar que no elegirá entre el diálogo o las confrontaciones para resolver los problemas sociales, aseguró: "Voy a optar por la ley", pues "los derechos humanos se defienden con la Constitución y las leyes". ("Urgente 24", 17-12-03)

Sin esto ningún proyecto político, social o económico será capaz de encauzar a la Nación hacia la grandeza espiritual y material a que la Divina Providencia la destinó.

* * *

La abundante documentación existente demuestra que, los anhelos del movimiento piquetero, no se reducen a la conquista de un mayor número de "planes sociales" o a alcanzar ventajas económicas de variados órdenes, ni menos aún a la obtención de genuinos puestos de trabajo para los desocupados.

En realidad, este movimiento forma parte de una maniobra publicitaria de gran envergadura –con innegables ramificaciones internacionales– que prepara a los espíritus para dar crédito al desgastado discurso marxista: en el actual régimen socio-económico, fundado en la propiedad privada y la libre iniciativa, sólo los ricos y los poderosos se benefician, y la pobreza y el hambre se expanden sin remedio y de modo alarmante.

Tal afirmación, de suyo, llevaría a aceptar, a desear y aún a imponer la transformación radical de una situación que los piqueteros presentan como odiosamente injusta, instrumentalizando al mismo Estado y recurriendo a la violencia si necesario fuera.

Asistimos así, a la introducción subrepticia en la convivencia social del perverso dinamismo de la vieja lucha de clases.

Es lo que deja claro uno de los líderes emblemáticos del movimiento: "Los piqueteros son el emergente de un problema irresuelto: el de la desigual distribución de la riqueza. Pitrola, que es trotskista, teoriza desde el Polo Obrero que la contradicción se resuelve en el clásico terreno de la lucha de clases, que lleva a la dictadura del proletariado" ("El País de la furia", Daniel Capalbo, "Noticias", 6-12-03).

Tal objetivo, en breve, podrán intentar alcanzarlo a través de una movilización general en todo el país, con el corte de las vías de acceso a las principales ciudades y de las más importantes rutas, paralizando toda reacción por medio del factor sorpresa.

Hipótesis que, lamentablemente, ya no resulta descabellada dada la extensión del fenómeno piquetero, así como por la sistemática omisión y falta de previsión de las autoridades.

Exhortamos a todos los que no se resignan a ver a nuestra Patria arrastrarse cada vez más exangüe, en este umbral del siglo XXI, a un análisis del origen, la doctrina, los medios de acción y las ramificaciones internacionales del movimiento piquetero.

Una exhortación a ver, juzgar y actuar para contribuir a esclarecer los espíritus, fortificar los ánimos y movilizar las voluntades, a fin de que la Argentina no zozobre en la actual confusión, sino que al contrario, rectifique sus rumbos para alcanzar el progreso y la prosperidad para todos, con una paz sólida y durable establecida en nuestra luminosa tradición cristiana. En suma, la paz de Cristo en el Reino de Cristo.

Los contenidos son marca registrada © 1991 - 2004
de la Fundación Argentina del Mañana