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La verdad sobre el fundamentalismo islamico
por Luis Dufaur
El virus de la revolución anticristiana occidental inoculado en
el mahometanismo generó el monstruo fundamentalista
Desde los atentados del 11 de septiembre, el Islam es el gran tema
de la prensa. Se citan y comparan sus múltiples corrientes -enormemente
subdivididas-. Se especula de forma superficial sobre las moderadas
y las radicales y se investigan sus complejas divisiones étnicas
y culturales. Celebridades islámicas, en realidad totalmente desconocidas,
se presentan a Occidente y los términos árabes se utilizan como
si todo el mundo los entendiera. Después de ese bombardeo psicológico,
el lector cierra el diario -o apaga la TV- con la sensación de no
haber recibido una información objetiva y clara de la realidad.
Un aspecto capital de la temática parece ser ocultado meticulosamente:
¿qué es en realidad ese fundamentalismo islámico? ¿Se identifica
con Mahoma y el Corán? ¿Y si no es así, qué es entonces?
Por otro lado, ¿por qué la izquierda más ardorosa de Occidente,
particularmente la llamada izquierda católica, apenas disfraza su
simpatía por los talibanes fundamentalistas? ¿Por qué veintitrés
obispos de Brasil, Argentina y México criticaron duramente los ataques
anglo-americanos a Afganistán, comparándolos a los actos terroristas,
con el agravante, dicen ellos, de que son practicados por "gobiernos
que se presentan como democráticos, civilizados y cristianos? ("O
Estado de S. Paulo", 23-10-01). Al final, por detrás de las apariencias,
existe un fondo común que une la izquierda progresista al fundamentalismo
islámico?
Islam: un mundo hasta hace poco desconocido y poco significativo
para Occidente
El Islam, como creencia religiosa, está esparcido a través de una
inmensidad de pueblos que van desde el Atlántico hasta la Polinesia.
El fatalismo y la sensualidad exacerbada de la religión de Mahoma
lanzaron a esta fracción de la humanidad, en amplia medida, en el
miserabilismo más radical. Hasta hace poco, su multisecular entorpecimiento
apenas se veía perturbado por disputas locales.
La afluencia de petrodólares, que debería significar un avance
del progreso moderno en los dominios del Islam, no parece haber
eliminado esta parálisis. Sólo un puñado de emires, sheiks y sultanes
derrocha millones en lujos exhibicionistas, en general de mal gusto
y frecuentemente inmorales, mientras la masa de la población -siguiendo
las enseñanzas del "profeta"- vegeta a la sombra del festín de los
hiper-ricos.
La desproporción entre la organización y la pujanza del Occidente
nacido de la Civilización Cristiana -aunque hoy profundamente corrompido
por el neopaganismo- y el desorden e inmovilismo de la pesada herencia
de Mahoma se volvió abismal. En el siglo XIX casi todas las tierras
musulmanas estaban bajo el control de las naciones europeas, ricas
y dinámicas.
Si la parálisis no genera movimiento, ¿de dónde vino ese dinamismo?
A comienzos del siglo XX, en ese magma secularmente esclerosado,
explotó una tendencia nueva llamada fundamentalismo. Ésta es activa,
agresiva, modernizada en sus técnicas, muchas veces terrorista.
Y súbitamente, pasó a amenazar el orden mundial occidental neopaganizado,
ex - cristiano, "señor del universo".
Dice el adagio popular que "nadie da lo que no tiene". Como la
parálisis no genera movimiento, el dinamismo sólo podía venir de
quien lo tuviese. Una rápida mirada a las biografías de los líderes
islámicos fundamentalistas muestra que, en su mayoría, se formaron
en universidades de Occidente o en escuelas equivalentes occidentalizadas
de Oriente. Sus escritos reproducen las mismas ideas que corroen
las bases cristianas de nuestras sociedades occidentales. Es como
si el virus revolucionario occidental hubiera sido aplicado en un
caldo de cultura estancado, produciendo una infección explosiva,
con características propias, pero con el mismo origen occidental.
El jefe terrorista Bin Laden es un ejemplo característico de ese
proceso de laboratorio de la Revolución. Hijo de millonarios, fue
educado en el selectísimo colegio Le Rosey, en Suiza. Su juventud
fue la de un play-boy del jet set, en medio de lujos y escándalos
en las capitales occidentales y en Arabia Saudita (1). Sí, del jet-set,
tan del gusto de las izquierdas, aún de las tribalistas.
Hassan el-Turabi, el ideólogo del régimen perseguidor de los cristianos
de Sudán, se diplomó en Oxford y la Sorbonne. Ali Benadi y Abasi
Madani, líderes fundamentalistas de Argelia, aprendieron sus doctrinas
y técnicas subversivas en Europa. Los secuaces inmediatos de Bin
Laden también provienen de ambientes cultos y ricos. La lista es
interminable...
El estudioso francés Roger du Pasquier constata: "Los teóricos
de mayor autoridad en el seno de los movimientos integristas y activistas
comprometidos del mundo musulmán, a pesar de su rechazo formal y
superficial de Occidente, manifiestan en realidad una contaminación
de pensamiento de las concepciones occidentales modernas". ¿Qué
concepciones? Y aclara: "Las de las fuerzas subversivas que desde
hace dos siglos han provocado tantas revoluciones y violencias en
Occidente, Oriente y hasta en China"(2) . O sea, el socialismo y
el comunismo, no en sus fórmulas ya fracasadas, sino en versiones
más actualizadas, como veremos. Retenga esta idea, lector, y verá
que puede ser la llave para comprender muchos de los acontecimientos
actuales.
Destacados promotores de la Revolución anticristiana en Occidente
se vuelven islamitas
Hace años, figuras comprometidas con la Revolución político-social
y cultural que mina los fundamentos cristianos de Occidente se pasan
al Islam, sin renunciar a sus ideas. Por ejemplo, Roger Garaudiy,
ex responsable del Partido Comunista Francés para las relaciones
con las religiones, ahora predica el comunismo como vía superior
para alcanzar las metas utópicas de Marx y Lenín. Cat Stevens, pop-star
del rock, también se pervirtió y financia una ONG islámica (3) .
Lo mismo hicieron, entre otros, el ecologista Jacques Cousteau,
el coreógrafo Maurice Béjart, los cantantes Richard y Linda Thompson,
el campeón mundial de boxeo Cassius Clay, que ingresó a los Black
Muslims, movimiento filo-marxista liderado por Malcolm X, otro converso
musulmán.
Primeras tentativas de inoculación revolucionaria en el Islam
En los siglos de estancamiento, hubo tentativas de reencender el
furor anticristiano islámico. Pero no pasaron de casos aislados.
Por ejemplo, Muhammad Ibn Abdel Wahhab (1703-1787) formó una cofradía
radical -el waabismo- que sería desconocida si, en la Primera Guerra
Mundial, sus escasos seguidores no se hubieran aliado a Inglaterra
contra Turquía. Después del conflicto, recibieron como recompensa
el reino de Arabia Saudita.
Fue a fines del siglo XIX y en el siglo XX, cuando creció la penetración
de las ideas revolucionarias occidentales en el mundo musulmán.
Dajmal el-Din Afgani (1839-1897), desde Londres atizó la insurrección
iraní. Muhammad Ab-duh (1849-1905), su continuador, predicó ideas
progresistas europeas, de tipo anticolonialista. En la India, Sayed
Ahamad Kahn (1817-1898), que ostentaba el título de Sir inglés,
creó el centro de pensamiento nacionalista musulmán, del cual salieron
los padres de Paquistán (el país de los puros). Otro Sir inglés,
formado en Oxford, Heidelberg y Munich, admirador de Hegel, Niestzche
y Bergson, Muhammad Iqbal (1873-1938), fue quien formuló la idea
y el nombre del actual Paquistán. Elogiaba al marxismo y trató de
realizar la síntesis del socialismo con la doctrina de Mahoma. Su
discípulo, Abdul Ala Maududi (1903-1979), fuertemente modernista,
predicó una tercera vía entre capitalismo y comunismo, siendo considerado
el padre del fundamentalismo moderno (4) .
De la noche a la mañana: de Marx a Khomeini
En la famosa revolución de Khomeini, en Irán, iniciada en 1979,
numerosos militantes de izquierda se volvieron fundamentalistas.
El intelectual cristiano-marxista Gahli Chuckri narra: "Entre los
aspectos que todavía están presentes a nuestros ojos, figura el
hecho de ver que pensadores conocidos por su pasado marxista se
transformaron, en un abrir y cerrar de ojos, en islamitas convictos.
Sí, pensadores que pertenecen por su acta de bautismo al Cristianismo,
se transformaron, de la noche a la mañana, en musulmanes extremistas;
pensadores que pertenecen culturalmente a Occidente y al modernismo,
¡se convirtieron en extremistas fanáticos sin ninguna formalidad
ni restricción! (5).
El Partido Comunista Iraní (Tudeh) aprobó la revolución de los
ayatolas: "El contenido del proceso de la evolución histórica toma
hoy un aspecto religioso. Para los marxistas, es perfectamente natural.
Esta revolución anti-imperialista, antidictatorial y popular fue
hecha de acuerdo a las palabras de orden del Islam y bajo la dirección
de un jefe religioso célebre en Irán, el imán Khomeini" (6).
A su regreso de París, Khomeini creó la organización terrorista
Hezbollah. El discurso de lafundación del organismo fue una paráfrasis
del satánico grito de Marx y Engels "Proletarios del mundo, uníos":
"Hasta hoy -afirmó- los oprimidos estuvieron desunidos y nada se
consigue en desunión. Ahora que fue dado un ejemplo de la eficacia
de la unión de los oprimidos en tierra musulmana, ese modelo debe
ser difundido por todas partes... y tomar el nombre de 'partido
de los oprimidos', sinónimo de 'Partido de Dios', 'Hezbollah'. Los
oprimidos deben reinar sobre la tierra, esa es la voluntad del Altísimo,
de Alá" (7) . Como vemos, es el viejo marxismo revestido de musulmán.
Bruno Étienne, profesor de islamismo en la Universidad de Aix-en-Provence,
en Francia, explica la afinidad entre Marx y el fundamentalismo:
"La lucha de clases, como Engels la había previsto, sólo desemboca
en la revolución cuando puede presentarse en términos religiosos;
la finalidad del islamismo radical es totalmente terrena: crear
un reino igualitario que derrumbe la arrogancia de los propietarios"(8)
.
Develando las profundidades del islamismo
Nada pesó tanto en la génesis del fundamentalismo como la asociación
egipcia Fraternidad Musulmana o Hermanos Musulmanes. Fue fundada
en 1928 por un modesto profesor, Asan al-Banna (1906-1949). "La
resurrección del islamismo que se manifiesta hoy en el mundo árabe
proviene directa o indirectamente de la organización de los Hermanos
Musulmanes", explica un site islámico americano que publica su biografía
(9).
En una obra clave, al-Banna enseña que el deber de los Hermanos
es "expandir el Islam a todos los rincones del globo hasta que no
haya más tumultos ni opresión y la religión de Alá prevalezca".
Y que su slogan debe ser: "La muerte en las vías de Alá debe ser
nuestra suprema aspiración" (10).
En la Fraternidad, sunnitas y shiítas se codean y guardan unidad
en la acción. En 1989, el régimen de Teherán divulgó un opúsculo
que acumulaba ejemplos del acuerdo y la colaboración de sunnitas
y shiítas radicales, en el seno de los Hermanos. Reproduce elogios
elocuentes de la Fraternidad a Khomeini y viceversa, exalta a al-Banna
como al gran artífice de esa unidad (11).
En sus primordios, la organización se inclinó hacia las ideas
nazi-fascistas, nacionalistas, anticapitalistas y antijudaicas,
en voga en la Europa de entonces. Tal componente nunca dejó de existir
en el movimiento fundamentalista, generalmente con agregados de
otros elementos (12) .
Sayyid Qutb -el 'Gramsci' del fundamentalismo- hace una relectura
revolucionaria del Corán
Nadie marcó tan a fondo a la Fraternidad Musulmana como Sayyid
Qutb (1906-1966). Representó para el fundamentalismo lo que el italiano
Gramsci fue para el comunismo. Hizo con Mahoma lo que el pensador
peninsular había hecho con Marx: una relectura.
En Estados Unidos, Qutb conoció el renacimiento pentecostalista
protestante, basado en un retorno a los llamados fundamentos. De
ahí que el término fundamentalismo sea aplicado al nuevo islamismo,
aunque éste jamás lo emplee.
Qutb revistió las utopías revolucionarias occidentales con la fraseología
coránica. Según él, es necesario que el Islam vuelva a su esencia
primera, a sus fundamentos. Y reformuló tales fundamentos, parafraseando
la doctrina anárquica de la desalienación (nadie debe estar sometido
a nadie).
En su libro-base, enseña: "El Islam es una declaración general
a favor de la liberación del hombre en el mundo de la dominación
por parte de sus semejantes; el rechazo completo del poder de toda
criatura, bajo todas sus formas; el rechazo de toda situación de
dominación por organizaciones y situaciones sobre seres humanos,
bajo cualquier forma. Cuando el poder está en manos de seres humanos,
éstos personifican al Creador, y en consecuencia, sus semejantes
los aceptan. Ahora, esto es desconocer y expropiar el poder de Alá,
por lo cual estos usurpadores deben ser expulsados. Esto significa
la negación del reinado de los seres humanos, para sustituirlo por
un reinado divino sobre la Tierra"(13) .
Qutb sabía que un reinado directo de Alá sobre los hombres no es
practicable. Proponía entonces un régimen intermediario, en que
una organización poco visible conduciría a los pueblos hasta que
llegara la hora en que todo gobierno cesaría y los hombres vivirían
en contacto directo con Alá. Por lo tanto, una concepción análoga
a la de la "vanguardia del proletariado" de Lenín.
Las semejanzas entre el progresismo católico y el fundamentalismo
islámico
Según el Corán, Dios se reveló primero a Abraham. Como los judíos
prevaricaron, se comunicó a Jesús. Los cristianos también falsificaron
la revelación divina. Entonces Dios se manifestó a Mahoma. El Corán
sería el mensaje definitivo e incorruptible y Mahoma el último de
los profetas.
Qutb explica la "apostasía" de los cristianos siguiendo el pensamiento
del progresismo occidental. Las primeras comunidades cristianas,
según él, habrían tenido un contacto directo con Dios, sin intermediarios,
autoridades ni doctrinas racionales. Pero el reconocimiento de autoridades
jerárquicas y de un Magisterio teológico y pastoral racional trajo
la catástrofe. Y añade: "La mayor calamidad fue el triunfo histórico
del Cristianismo. Esto ocurrió cuando el Emperador Romano Constantino
abrazó la 'nueva religión'". Además, según Qutb, sucesivos concilios
definieron verdades de fe y reforzaron la autoridad pontificia(14)
.
Qutb veía defensores de la "verdadera religión" en los heréticos
arrianos, monofisistas y jacobitas, que fueron excomulgados por
la Iglesia. La "apostasía", de acuerdo con su tesis, culminó en
la Edad Media. Qutb se enfurece contra el monaquismo medieval, la
obediencia y la castidad practicadas por los monjes y frailes. "Fueron
introducidos en el Credo -agrega- dogmas abstractos e increíbles,
el más sorprendente de los cuales fue el dogma relativo a la Eucaristía,
contra el cual se rebelaron Martín Lutero, Juan Calvino y Zwinglio,
lanzando las bases del protestantismo". También execra a la Inquisición,
que castigó a Giordano Bruno con la muerte y a Galileo Galilei con
la censura eclesiástica" (15) .
En las herejías y contestaciones a la Iglesia Católica ve señales
precursoras de un retorno al mensaje primitivo del Cristianismo,
que se encontraría en su plenitud en el Islam. "Europa se rebeló
contra el Cristianismo; Europa se rebeló contra las arbitrariedades
de los hombres de Iglesia", se regocija. Pero la Europa rebelada
quedó tan marcada por la Iglesia, que no se puede esperar de ella
la "salvación". El europeo, según él, razona lógicamente en todos
los temas, hace distinciones, por influencia de la Iglesia pervertida
(16) .
Misión del fundamentalismo: completar la revolución anticristiana.
Ésa es una de las claves para comprender todo el fenómeno del fundamentalismo
islámico. Estamos en la etapa culminante del proceso revolucionario,
denunciado y analizado por el Plinio Corrêa de Oliveira en Revolución
y Contra-Revolución. Qutb reverencia los "principios de la Revolución
Francesa y los derechos de la libertad individual, en el comienzo
de la experiencia democrática norteamericana". Sin embargo lamenta
que "esos valores jamás se hayan desarrollado plenamente ni hayan
sido jamás realizados por entero. Eran insuficientes para enfrentar
las exigencias de una humanidad en evolución". La salvación, concluye
el ideólogo de los Hermanos Musulmanes, no vendrá de Occidente,
sino del Islam. Éste completará lo que la rebelión contra el Cristianismo
no consiguió hacer (17).
"Esto exige una operación de resurrección (islámica que) será seguida
más temprano o más tarde por la toma de dirección del destino del
mundo" (18). "El Islam está destinado a todo el género humano: su
campo de acción es la Tierra, toda la Tierra" (19), en una República
Islámica Universal, bajo los efluvios de autoridades religiosas
encubiertas por el secreto.
Erradicar de la Tierra todo vestigio de la Cristiandad
He aquí la finalidad del "retorno a las fuentes": arrojar de la
Tierra el último perfume de la Cristiandad que todavía planea sobre
los países otrora católicos. O sea, los últimos reflejos sobrenaturales
en el orden temporal, que se cuentan entre los frutos más preciosos
que los méritos de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo
atrajeron sobre a la Tierra.
Qutb expone una visión bastante clara del proceso revolucionario
que desde la decadencia de la Edad Media corroe a la Civilización
Cristiana. Sin embargo, le añade un desenlace trágico que muy pocos
entrevieron: al final de la Revolución anticristiana no existirá
un mundo de placeres y libertades, en el cual la ciencia y la técnica
eliminarían las enfermedades y la guerra, sino una opresión siniestra,
material y mental, bajo el látigo del fanatismo fundamentalista
islámico.
La revolución que supera al comunismo esclerosado
Así resume el profesor Olivier Carré las máximas de Qutb sobre
con la propiedad privada: "En el Islam, el propietario no tiene
jamás el derecho de usar o abusar de sus bienes. En el Islam, la
propiedad privada es un medio social al servicio de las utilidades
comunes" (20).
Pero entonces ¿cómo se explica que los fundamentalistas islámicos
se declaren anticomunistas? El ayatollah Baqir as-Sadr -apellidado
el Khomeini iraquí, ejecutado en 1980- resuelve la dificultad. Así
sintetiza la doctrina comunista: "El objetivo inconsciente que el
marxismo atribuye al movimiento de la Historia consiste en la eliminación
de los obstáculos en el camino de desarrollo de las fuerzas productivas.
Este objetivo se alcanzará mediante la abolición de la propiedad
privada y la construcción de la sociedad comunista". Y a continuación
introduce la crítica fundamentalista: "Entonces, después de esa
liberación, la Historia se detendrá y todas las potencialidades
y el impulso nuevo del hombre perecerán". Para evitar la paralización
de la evolución, explica el ayatola, es preciso un nuevo horizonte
que entusiasme a los hombres para ir más allá del comunismo.
Una Teología de la Liberación para el mundo islámico
Este horizonte nuevo tiene que ser religioso. Dice as-Sadr: "Poner
a Alá como objetivo de la marcha evolutiva constituye la única estructura
ideológica que puede ofrecer al movimiento humano una energía inagotable"(21).
Desde esta perspectiva, los comunistas clásicos representan una
esclerosis y deben ser eliminados. Ahora, serán los religiosos quienes
harán la tarea.
Por añadidura, el nuevo horizonte tiene otra utilidad. En el mundo
musulmán, la autoridad natural y religiosa de los jefes de clanes,
tribus y etnias es muy respetada. Para los revolucionarios era imposible
destruir este resto de orden natural apelando a doctrinas laicas
modernas, "porque tarde o temprano el movimiento nuevo mostrará
su verdadera faz de enemigo declarado de la Religión. Eso acarreará
un gran desperdicio de energías y expondrá a la obra en curso a
los peligros que provienen de la mayoría de los conservadores del
mundo islámico"(22). Esta tarea sólo será viable bajo ropajes religiosos.
Además, mutatis mutandis, lo mismo sucede con el progresismo católico
que se sirvió de la Teología de la Liberación con objetivos análogos
a los de los fundamentalistas musulmanes.
De las "Mil y una noches" a las tinieblas infernales
El fundamentalismo no busca reactivar el mundo de las Mil y una
noches, de los tapices fascinantes, de los emires míticos y de los
sheiks del desierto, de los minaretes esbeltos y elegantes, de las
mezquitas doradas, del Taj-Mahal. Ese universo de maravillas refleja
aspectos positivos de los pueblos que hoy languidecen bajo el yugo
de la falsa religión de Mahoma. Por el contrario, el fundamentalismo
busca extinguir también esas potencialidades de alma que podrían
florecer en civilizaciones de fábula, en el caso de que se convirtieran
a la única Iglesia verdadera, la Santa Iglesia Católica Apostólica
Romana. Busca una tierra proletarizada, miserabilista, en contacto
con los abismos infernales. Y se recubre de apariencias antiguas
y religiosas porque le resulta conveniente para ello.
La revolución igualitaria occidental se inocula en el mahometanismo
y genera el monstruo fundamentalista
Roger Garaudy, el ex dirigente del PC francés que se hizo musulmán,
narró sus conversaciones con el dictador libio Muhammad Khadafi,
considerado en Occidente como un sustentáculo del terrorismo internacional.
Khadafi le enseñó la "traducción política" del versículo II-136
del Corán: "Es una democracia directa sin delegación de poder y
sin alineación. Nada debe substituirse al pueblo, por medio de partidos
o parlamentos. Democracia directa a través de comités y congresos
populares, que son la emanación directa de las empresas, cooperativas
agrícolas, universidades, aldeas, barrios" (23)23. En pocas palabras,
una actualización del modelo que los soviéticos no realizaron, y
que las izquierdas recicladas tratan de alcanzar bajo diversas formas
de autogestión.
En 1995, Garaudy publicó la obra ¿Hacia una guerra de religión?
- El debate del siglo(24), con un prefacio del ex fraile y teólogo
de la liberación Leonardo Boff. El ex religioso franciscano elogiaba
a Garaudy como a un profeta que junto con Helder Câmara habría puesto
las bases de una convergencia cristiano-marxista anticapitalista.
Y agregaba que el fundamentalismo islámico vive del mismo fuego
libertario de la Teología de la Lliberación.
Garaudy anunció una "guerra de religión", no entre la Iglesia Católica
y el Islam, sino de los rebeldes de todas las religiones contra
toda forma de autoridad, porque ésta sería intrínsecamente cómplice
del capitalismo consumista y hedonista.
Efectivamente, el fundamentalismo islámico integra un vasto movimiento
que supera los límites del mahometanismo histórico. El documentadísimo
Atlas mundial del Islam Activista constata que el "renacimiento
islámico no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe en un movimiento
global de rechazo al materialismo mercantilista y mediático que
invade al Planeta desde hace tres décadas. Este movimiento tienen
una dimensión natural: la de la ecología; y una religiosa: el retorno
a lo fundamental"(25). El fundamentalismo es objetivamente aliado
de las fuerzas del caos, que se manifestaron en el Foro Social Mundial
realizado en Porto Alegre(26), en los disturbios de Seattle y Génova(27)
y en la subversión eclesiástica progresista.
El fundamentalismo -que es fruto de lo peor de Occidente- trata
de realizar una síntesis con el Alá de Mahoma, al cual se le aplican
las palabras de la Escritura: "Omnes dii gentium daemonia" (Sl 95-5)
(Todos los dioses de los gentiles son demonios).
Esa siniestra convergencia recuerda la tesis de un histórico artículo
publicado en Catolicismo, escrito por el Prof. Plinio Corrêa de
Oliveira: "Si Oriente y Occidente se unen fuera de la Iglesia, sólo
producirán monstruos"(28). El fundamentalismo islámico y el pavoroso
atentado del 11 de septiembre constituyen una espantosa confirmación
de esta tesis.
1. Cfr. "O Globo", 25-9-01; "O Estado de S. Paulo", 30/09/01.
2. Roger du Pasquier, Le Réveil de I'Islam, Cerf, París, col. Bref,
p. 34.
3. http://www.catstevens.com/articles/00009/index.html
4. Cfr. du Pasquier, op. cit., pp. 56-64.
5. Ghali Chuckri, "Al Bayadir", nº 11, 1-2-82, in Al Hoda - Teheran
branch, El sunnismo y el sismo: una querella artificial y una provocación
pérfida, Teherán, 1989, p. 34.
6. Ehsan Tabari, Le rôle de la religión dans notre révolution, "La
Nouvelle Revue Internationale", Nº 12 (292), diciembre de 1982,
p. 34.
7. In Atlas mondial de l'islam activiste, La Table Ronde, Paris,
1991, p. 34.
8. Bruno Étienne, L'islamisme radical, Hachette, Paris, 1987, p.
327.
9. http://www.jannah.org/articles/hassan.html.
10. Six tratcts of Hassan Al-Banna, International Federation of
Student Organizations, Kuwait, s/d, pp. 16-18.
11. Al Hoda, op. cit.
12. Véase, por ejemplo: Shayhk Abdul Qader Al-Murabit, Para el hombre
que viene, Ediciones Ribat, Granada-México-Chicago, 1988. El autor
se auto-intitula sheik, pero es un escocés llamado Ian Dallas. Fundó
en Norwich el Movimiento Morabitum, nombre de una histórica cofradía
místico-guerrera del Norte de África, los almorávides. Sus miembros
son, en número significativo, ex -hippies y cultores frustrados
de la droga. En el libro, Abdul Qader justifica al III Reich, y
considera que éste no obtuvo la "liberación" total del hombre debido
a la oposición judaico-capitalista-usurera. No critica al comunismo
por su lado igualitario y nivelador, sino porque habría sido ideado
por judíos. La "liberación" del hombre, según él, exige la extinción
del consumismo capitalista. Y la vía para ello sería actualmente
el Islam.
13. Sayyid Qutb, Jalons sur la route de l'Islam, International Islamic
Federation of Student Organizations,Kuwait, s/d, 293, pp. 96-97.
14. Sayyid Qutb, Il Futuro sarà dell'Islam, International Islamic
Federation of Studen Organizations (Kuwait) The Holy Coran Publishing
House (Beirut), 1980, 42-44.
15. Id. Ibid., pp. 51-57.
16. Id. Ibid., pp. 63-64.
17. Id. Ibid., pp. 63-67.
18. Id. Ibid., p. 15.
19. Id. Ibid., p. 100.
20. Olivier Carré, Mystique et politique - Lecture révolutionnaire
du Coran par Sayid Qutb Frère Musulman radical, Les Éditions du
Cerf/Presses de la Fondation Nationale des Sciences Politiques,
Paris, 1984, p. 149.
21. Baqir as-Sadr, sin título, Al-Hoda Teherán branch, Teherán,
1989, pp. 9-10. 22 Baqir as-Sadr, id., ibid. p. 27.
22. Baqir as-Sadr, id., ibid. p. 27.
23. Roger Garaudy, Appel aux vivants, Seuil, Paris, 1979, pp. 294-295.
24. Desclée de Brouwer, Paris, 1995.
25. Atlas Mondial de l'Islam Activiste, Institut de Criminologie
de Paris - Centre de Recherche sur la Violence Politique, La Table
Ronde, Paris, 1991, p. 14.
26. Cfr. Catolicismo, Nº 603, marzo 2001.
27. Cfr. Catolicismo, Nº 609, septiembre 2001.
28. Cfr. Catolicismo, Nº 106, octubre 1959.
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