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Cristo Rey
Dijimos que la sociedad medieval era eclesiocéntrica. Mejor dicho,
era Cristocéntrica -porque la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo
- y en torno a Cristo, Rey del universo y Rey de cuanto existe en
la Tierra, Rey por derecho de nacimiento, Rey por derecho de conquista,
todo gira, todo se mueve, todo recibe su capacidad de movimiento
y de vida. Esta es la idea de Cristo Rey.
Para comprender mejor los límites de la Revolución, es preciso
tener presente que los medievales tenían idea de que, cuando ellos
instituyeron ese orden sacral y jerárquico, en la cual el ser
sacral es mucho más importante que el ser jerárquico, instituyeron
para todo y para siempre el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo.
Cristo hizo una promesa de que El reinaría y esa promesa se cumplió.
Dentro de esa concepción de que su Reino, una vez instituido,
no es extinguible, toda insurrección contra ese reino, es apenas
un paréntesis, más o menos largo, al cabo del cual El tiene que
triunfar. Porque una vez implantado habrá revoluciones, pero nunca
extinción.
Esta es la razón más profunda del ¡Volveré!. Quiere decir que
no es posible que la Revolución venza de tal manera que elimine
enteramente el Reino de Cristo. Puede reducir a Nuestro Señor
Jesucristo a ser un Rey perseguido, fugitivo, puesto fuera de
la ley en Su propio territorio. Pero extinguir Su Realeza, no
puede.
Para comprender el alcance que esto tiene, cito el caso del rey
Alberto I de Bélgica, en la Primera Guerra Mundial. Los alemanes
invadieron toda Bélgica excepto una provincia (Bélgica es tan
pequeña, que es fácil imaginarse la suma de territorio que representa
una provincia). Los aliados lo ayudaron, y poco a poco, reconquistó
su pequeño reino. Un historiador que dijese: . "El Rey Alberto
I dejó de reinar", diría una falsedad, aunque él haya sido un
rey casi echado de su territorio.
Aún más: imaginemos un rey que es perseguido, que no tiene ninguna
parte de su reino donde pueda reinar, pero tiene fieles que lo
ayuden, y huye de acá para allá en su territorio, no se puede
decir propiamente que él fue depuesto. Continuó ejerciendo una
jurisdicción reconocida por sus fieles, un gobierno de hecho y
de derecho, aunque en la realidad, una parte mínima de poder estuviese
en sus manos. La Reina de Holanda, en la Segunda Guerra Mundial,
conservó una jurisdicción de derecho, refugiada en Londres. Pero
creemos que fue una jurisdicción de hecho, porque el país entero
la reconocía como Reina, y solamente no obedecía la soberanía
suya por la presencia de un invasor. Tan es así que bastó que
el invasor se retirase, y su soberanía se ejerció de hecho, esto
es, a través de los canales normales.
Jesucristo es todavía Rey de hecho, pues su Reino no conoce fin.
Vemos, entonces la riqueza de contenido del mensaje de Fátima,
que es el brazo derecho del paréntesis que se cierra. El brazo
izquierdo abrió y el brazo derecho cierra. Pero es un paréntesis.
Así se comprende cómo es arquitectónico que la Revolución acabe,
alcanzando el fin último de su infamia. Una vez que llegó a cierto
grado de plenitud, la Revolución necesitaba acabar en lo último
de su infamia, y sus discípulos llegar a lo último de la postración.
Ya que el pecado era inmenso era preciso llegar hasta el final,
el hijo pródigo tenía que acabar comiendo las bellotas de los
puercos.
Quien comprende este punto, comprende el hilo conductor y el
resto se entiende después con cierta facilidad.

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