El segundo punto para mostrar la proporcionalidad es la situación
de los esclavos en la Antigüedad comparada con la de los siervos
de la gleba.
El esclavo en la Antigüedad era considerado un hombre sin derechos,
y, por el Derecho Romano, igual a una cosa; una cosa sin derechos.
El esclavo podía ser muerto por su dueño cuando éste lo quisiese.
Los señores romanos probaban los venenos en sus esclavos, para
ver si el veneno servía para el caso de que ellos quisieran
suicidarse. El señor romano, por lo tanto, tenía derecho de
vida y muerte en cualquier momento sobre el esclavo. El esclavo
no tenía familia y ningún derecho sobre los hijos. Si nacía
el hijo de un esclavo, podía ser vendido o mandado para cualquier
lugar; aun que fuese, como a veces pasaba, un gran artista,
letrado o científico era tratado como un animal.
En el fin de la época del Imperio Romano se reconoció a los
esclavos una forma de matrimonio. Eso era parte de lo que se
llama la "humanización del Derecho Romano" en los últimos siglos
del Imperio atribuida por muchos humanistas a la influencia
cristiana. Ese derecho al matrimonio, sin embargo, no impedía
que la pareja fuese separada, vendida, etc. Era apenas una sombra
del derecho matrimonial. No era propiamente el matrimonio del
hombre libre. Cuando terminó la Antigüedad pagana y surgió el
imperio romano cristiano, por influencia de la Iglesia se reconoció
el matrimonio para los esclavos y se abolió el derecho de vida
o muerte sobre ellos. Los esclavos, sin embargo, continuaron
en su calidad de tales, para todos los demás efectos.
Veamos a continuación la Edad Media. Fue en la Europa medieval,
que se conoció por primera vez en la Historia un continente
entero sin esclavitud.
El siervo de la gleba era un servidor que no tenía el derecho
de salir de su campo, del lugar donde trabajaba. Tenía que trabajar
allí toda su vida, estaba ligado a la tierra. No era, por lo
tanto, un hombre libre en toda la fuerza del término, pero,
a pesar de no ser un hombre libre, tenía innumerables derechos.
Tenía el derecho a la tierra, y el señor no lo podía echar.
Tenía por lo tanto, más derechos que un colono de hoy, que un
empleado de hoy. Tenía además una especie de propiedad sobre
su casa y sobre una parte de las tierras que cultivaba. Se le
pagaba habitualmente dándole en posesión tierras de cuyos frutos
vivía. Trabajaba una parte del tiempo en las tierras de su señor
y muchas veces aún tenía derecho a una parte de lo que producía
en dichas tierras. Su día estaba organizado por un contrato
hereditario e intocable de manera que pudiese vivir de su propio
trabajo. No era propiamente un asalariado. Tenía una situación
francamente mejor que la de un colono de hoy.
Por otra parte, si el señor vendía la tierra, la vendía junto
con él. No podía ser echado. Tenía derecho a la familia, no
podía ser muerto, y en cuanto a castigos físicos, estaba sujeto
más o menos al régimen para los infractores de la ley de nuestros
días.
La servidumbre de la gleba era un estado intermedio entre la
esclavitud y la libertad. Cuando terminó la Edad Media, ya casi
no habían más siervos de la gleba en Europa. Quiere decir que
la Edad Media produjo en su mayor parte a la clase de los hombres
libres. Esta clase, en la Antigüedad era muy poco numerosa.
Había muchos esclavos. Hombres libres, casi no los había. Al
final de la Edad Media la libertad se convirtió en regla general.
Poquísimos eran los lugares adonde quedaba alguno que otro
esclavo, y los siervos de la gleba eran un poco más numerosos.
El nombre "siervo de la gleba" continúo hasta la Revolución
Francesa, pero en este caso los denominados "siervos" eran los
descendientes de los siervos de la gleba medievales, que se
habían convertido en propietarios de las tierras y que pagaban
a los nobles una pequeña anualidad, generalmente convencional,
como un alquiler anual. Esto se debía a que la tierras habían
pertenecido antiguamente a los nobles.
La justificación doctrinaria e histórica de la existencia del
siervo de la gleba es la siguiente; a causa de las invasiones,
el Imperio Romano se disgregó, y los bárbaros comenzaron a romper
y a arrasarlo todo. Los propietarios, que eran hombres de ciertos
recursos, comenzaron a construir fortificaciones de madera para
protegerse. Entonces muchos hombres libres que no tenían dónde
protegerse contra los bárbaros, pidieron al propietario permiso
para refugiarse en la fortificación hecha por él, y que era
la forma primitiva del castillo - posteriormente evolucionó
y se transformo en el castillo de piedra. Este propietario le
imponía una condición: defenderlo a condición de que luchase
por el señor en la guerra. Es como si le dijese: "Lo admito
en este lugar pero para luchar contra el enemigo. No puede ser
una boca inútil y un brazo cruzado. A ese precio, Ud. entra
con su mujer, y como es necesario vivir en este lugar, a pesar
de la pobreza causada por las invasiones, es preciso producir
víveres para que nadie muera de hambre. Yo doy mi tierra pero
usted debe trabajarla".
Así se formó el contrato libre del siervo con el propietario.
En lo que se ve que la servidumbre de la gleba, en la ocasión
en que fue instituida, era considerada una cosa natural. Porque
un señor, frente a aquellas grandes hordas de fugitivos que
se disgregaban, necesitaba estar seguro de que su castillo tuviese
el número suficiente de hombres. Para él era una cuestión de
vida o muerte tener gente a fin de defenderse contra los adversarios
y cultivar sus tierras. Tenía que formar un contrato vitalicio
y, más todavía, hereditario. El siervo decía al señor: "Yo me
doy al señor pero quedo dueño de una tierra, y una casa, y mi
familia permanecerá allí toda la vida". Era un contrato ventajoso
para ambos. En otros casos, menos numerosos, no eran hombres
libres que voluntariamente se habían hecho siervos, sino esclavos
romanos cuya situación fue suavizada por la influencia de la
Iglesia, que los transformó en siervos de la gleba antes de
abolirse totalmente la esclavitud.