INICIO Mapa del Sitio
RECONQUISTA       Y       DEFENSA
Quienes somos
InscripcionContáctenos
AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
Castillos e iglesias medievales
La falsa promesa de la felicidad
Santos:¿sentimentales o fuertes de alma?
+ Ver todos
- -
ESTUDIOS
Nazismo y Comunismo: ¿enemigos o amigos?
Evolucionismo: La ciencia demuestra su caducidad.
La Cruzada del Siglo XXI
+ Ver todos
- -
DOCTRINA SOCIAL
Textos pontificios
El lujo y el desapego de los bienes terrenos
La incompatibilidad con el socialismo
La desigualdad, el Estado y la Propiedad Privada
+ Indice temático
- -
EFEMERIDES ARGENTINAS
Historia de Don Martin de Alzaga, héroe de la reconquista
Genealogía de José Hernandez: autor del Martín Fierro
+ Ver todos los artículos de Historia
- -
NUESTRAS ACCIONES
+ Ver todas nuestras acciones

Cuentele a un amigo sobre esta página

Su E-M@il Mail de su amigo

EDAD MEDIA
 

Esclavos antiguos
y siervos de la gleba

El segundo punto para mostrar la proporcionalidad es la situación de los esclavos en la Antigüedad comparada con la de los siervos de la gleba.

El esclavo en la Antigüedad era considerado un hombre sin derechos, y, por el Derecho Romano, igual a una cosa; una cosa sin derechos.

El esclavo podía ser muerto por su dueño cuando éste lo quisiese. Los señores romanos probaban los venenos en sus esclavos, para ver si el veneno servía para el caso de que ellos quisieran suicidarse. El señor romano, por lo tanto, tenía derecho de vida y muerte en cualquier momento sobre el esclavo. El esclavo no tenía familia y ningún derecho sobre los hijos. Si nacía el hijo de un esclavo, podía ser vendido o mandado para cualquier lugar; aun que fuese, como a veces pasaba, un gran artista, letrado o científico era tratado como un animal.

En el fin de la época del Imperio Romano se reconoció a los esclavos una forma de matrimonio. Eso era parte de lo que se llama la "humanización del Derecho Romano" en los últimos siglos del Imperio atribuida por muchos humanistas a la influencia cristiana. Ese derecho al matrimonio, sin embargo, no impedía que la pareja fuese separada, vendida, etc. Era apenas una sombra del derecho matrimonial. No era propiamente el matrimonio del hombre libre. Cuando terminó la Antigüedad pagana y surgió el imperio romano cristiano, por influencia de la Iglesia se reconoció el matrimonio para los esclavos y se abolió el derecho de vida o muerte sobre ellos. Los esclavos, sin embargo, continuaron en su calidad de tales, para todos los demás efectos.

Veamos a continuación la Edad Media. Fue en la Europa medieval, que se conoció por primera vez en la Historia un continente entero sin esclavitud.

El siervo de la gleba era un servidor que no tenía el derecho de salir de su campo, del lugar donde trabajaba. Tenía que trabajar allí toda su vida, estaba ligado a la tierra. No era, por lo tanto, un hombre libre en toda la fuerza del término, pero, a pesar de no ser un hombre libre, tenía innumerables derechos. Tenía el derecho a la tierra, y el señor no lo podía echar. Tenía por lo tanto, más derechos que un colono de hoy, que un empleado de hoy. Tenía además una especie de propiedad sobre su casa y sobre una parte de las tierras que cultivaba. Se le pagaba habitualmente dándole en posesión tierras de cuyos frutos vivía. Trabajaba una parte del tiempo en las tierras de su señor y muchas veces aún tenía derecho a una parte de lo que producía en dichas tierras. Su día estaba organizado por un contrato hereditario e intocable de manera que pudiese vivir de su propio trabajo. No era propiamente un asalariado. Tenía una situación francamente mejor que la de un colono de hoy.

Por otra parte, si el señor vendía la tierra, la vendía junto con él. No podía ser echado. Tenía derecho a la familia, no podía ser muerto, y en cuanto a castigos físicos, estaba sujeto más o menos al régimen para los infractores de la ley de nuestros días.

La servidumbre de la gleba era un estado intermedio entre la esclavitud y la libertad. Cuando terminó la Edad Media, ya casi no habían más siervos de la gleba en Europa. Quiere decir que la Edad Media produjo en su mayor parte a la clase de los hombres libres. Esta clase, en la Antigüedad era muy poco numerosa. Había muchos esclavos. Hombres libres, casi no los había. Al final de la Edad Media la libertad se convirtió en regla general.

Poquísimos eran los lugares adonde quedaba alguno que otro esclavo, y los siervos de la gleba eran un poco más numerosos. El nombre "siervo de la gleba" continúo hasta la Revolución Francesa, pero en este caso los denominados "siervos" eran los descendientes de los siervos de la gleba medievales, que se habían convertido en propietarios de las tierras y que pagaban a los nobles una pequeña anualidad, generalmente convencional, como un alquiler anual. Esto se debía a que la tierras habían pertenecido antiguamente a los nobles.

La justificación doctrinaria e histórica de la existencia del siervo de la gleba es la siguiente; a causa de las invasiones, el Imperio Romano se disgregó, y los bárbaros comenzaron a romper y a arrasarlo todo. Los propietarios, que eran hombres de ciertos recursos, comenzaron a construir fortificaciones de madera para protegerse. Entonces muchos hombres libres que no tenían dónde protegerse contra los bárbaros, pidieron al propietario permiso para refugiarse en la fortificación hecha por él, y que era la forma primitiva del castillo - posteriormente evolucionó y se transformo en el castillo de piedra. Este propietario le imponía una condición: defenderlo a condición de que luchase por el señor en la guerra. Es como si le dijese: "Lo admito en este lugar pero para luchar contra el enemigo. No puede ser una boca inútil y un brazo cruzado. A ese precio, Ud. entra con su mujer, y como es necesario vivir en este lugar, a pesar de la pobreza causada por las invasiones, es preciso producir víveres para que nadie muera de hambre. Yo doy mi tierra pero usted debe trabajarla".

Así se formó el contrato libre del siervo con el propietario. En lo que se ve que la servidumbre de la gleba, en la ocasión en que fue instituida, era considerada una cosa natural. Porque un señor, frente a aquellas grandes hordas de fugitivos que se disgregaban, necesitaba estar seguro de que su castillo tuviese el número suficiente de hombres. Para él era una cuestión de vida o muerte tener gente a fin de defenderse contra los adversarios y cultivar sus tierras. Tenía que formar un contrato vitalicio y, más todavía, hereditario. El siervo decía al señor: "Yo me doy al señor pero quedo dueño de una tierra, y una casa, y mi familia permanecerá allí toda la vida". Era un contrato ventajoso para ambos. En otros casos, menos numerosos, no eran hombres libres que voluntariamente se habían hecho siervos, sino esclavos romanos cuya situación fue suavizada por la influencia de la Iglesia, que los transformó en siervos de la gleba antes de abolirse totalmente la esclavitud.

Ir Arriba

Los contenidos son marca registrada © 1991 - 2004 de la Fundación Argentina del Mañana