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EDAD MEDIA
 

Justificación de este orden

Proporcionalidad

Dada la descripción sumaria del orden medieval, hay algo que debe notarse primordialmente: la proporcionalidad. Se trata de un orden semejante a una escalera adonde no hay abismos entre un escalón y otro. Los escalones se tocan unos a otros y son proporcionados como una escalera bien hecha. Para comprender el valor de esta noción sin tener que subir hasta la metafísica, es necesario con prender qué es lo contrario a ese orden.

A. Ritos de la Antigüedad y de la Edad Media

Si consideramos el ceremonial en boga en las naciones paganas y lo confrontamos con el mismo ceremonial usado en las naciones cristianas notamos una diferencia enorme. El ceremonial es el conjunto de ritos que expresan las diferencias sociales. Por ejemplo, las relaciones de los nobles o de cualquier otra persona del pueblo con el Rey. El ejemplo clásico que citamos a continuación, es una fórmula de saludo a la que los egiptólogos habitualmente se refieren, encontrada en una carta escrita en ladrillo por un agente comercial de Siria a un Faraón. Nótese que se trataba de un hombre de cierta graduación -correspondía más o menos a un cónsul de los días de hoy. El se dirigía al Faraón en estos términos: "Yo (daba su nombre), indigno de besar tus pies, e indigno de besar las patas de tus caballos, beso el polvo adonde las patas de tus caballos pisaron".

Si se compara este saludo con Luis XIV, el Rey Sol, saludando - llegando aún a sacarse el sombrero - a toda criada que encontraba en el camino, se comprende la enorme desproporción que había en el primer caso, y toda la proporción que se guardaba en el segundo. En el peor de los casos, es aberrante que un hombre se declare indigno de besar la pata de un caballo y vaya a besar el polvo en el cual la pata de un caballo se posó porque encima del caballo estaba el Faraón.

Es la divinización de los Reyes. En la mayor parte de las naciones antiguas, los Reyes eran considerados dioses. En el Japón, hasta el fin de la guerra mundial, el Emperador era considerado divino. Mac Arthur juzgó que destruía la divinidad del Micado, haciéndolo comparecer a un balcón y declarar al pueblo que no era verdad que él fuese un dios. Tal cosa, para la creencia popular, no tiene efecto. Se tiene la impresión de que el Micado hizo más contra sí mismo que Mac Arthur.

Es fácil comprender la desproporción que hay entre esas honras divinas tributadas a un hombre, y el modo por el cual, en Occidente, eran tratados los monarcas. Los reyes de Francia, al igual que los Reyes de toda Europa, directamente recibían en audiencia a los plebeyos, que se arrodillaban, les besaban las manos y hablaban con ellos, entregándoles los pedidos que quisiesen. El palacio de Versalles era continuamente invadido por todas las personas del pueblo que quisiera entrar, como no se entra hoy en la casa de ningún Jefe de Estado. Cuán distinto era esto de un Faraón.

San Fernando de Castilla, cuando pasaba por una Ciudad, se dirigía a una casa y se sentaba junto a la ventana que daba a la calle, quedando al alcance de cualquier plebeyo que pasara por allí. San Fernando de Castilla, sentado en la ventana atendiendo al pueblo ...¡qué escena bonita!

Está también el famoso caso de San Luis, Rey de Francia, que en la Ciudad de Vincennes, mandaba colocar un asiento junto a un gran roble que allí había, para atender al pueblo. ¡Cuán paterno y afable era esto! y cuán distinto de un Faraón.

El Rey de Francia era consagrado en una ceremonia bellísima. Terminada ésta, del lado de afuera de la Catedral, estaban los escrofulosos, portadores de una enfermedad de piel sumamente repugnante. Se decía que el Rey de Francia recibía el carisma de curar los escrofulosos con sólo tocarlos; y tocaba la llaga, diciendo: "Le Roi te touche, Dieu te guérisse" (el Rey te toca, que Dios te cure). Y muchos sanaban. A tal punto que, cuando Juan el Bueno, Rey de Francia, fue apresado en Inglaterra, llenaron la prisión de ingleses escrofulosos para ser curados por él. Esto es monarquía cristiana, en su paternalidad, en su bondad, tan distinta del aparato irascible y ocultista de la monarquía de los Faraones, y de otras monarquías orientales.

Este trato que había entre el rey y el plebeyo, era proporcionalmente semejante, entre el señor y su servidor.

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