Las desigualdades armónicas
y la lucha de clases
Índice de textos pontificios por año de publicación,
sobre las desigualdades armónicas y la lucha de clases
Introducción
Los textos pontificios aquí citados ponen en evidencia que,
conforme enseña la Iglesia, la sociedad cristiana ha de estar
constituida por clases proporcionadamente desiguales, que encuentran
su propio bien, y el bien común, en una mutua y armoniosa colaboración.
Sin embargo, dichas desigualdades no pueden de ningún modo vulnerar
los derechos que corresponden al hombre en cuanto tal, pues la
naturaleza humana, que es en todos la misma según el sapientísimo
designio del Creador, ipso facto a tod os hace iguales con respecto
a ellas.
Equilibrio orgánico
Pero, dirá alguno, resulta una ironía hablar de equilibrio en
una sociedad en que hay desigualdades. El equilibrio de los platillos
de una balanza, ¿no se da solamente cuando ambos están a igual
nivel?
La respuesta es simple. El mal del socialismo está, en gran parte,
en ser materialista y en considerar los asuntos atinentes a la
sociedad humana con los criterios que se emplean para las cosas
materiales. El equilibrio entre las clases sociales no es el mismo
que puede reinar, por ejemplo, entre dos piedras de igual peso,
sino el que debe existir entre los miembros de un organismo vivo.
El modelo para la sociedad humana no es la balanza, sino el organismo,
constituido de miembros diferentes en forma, función e importancia,
pero armónicos entre sí. O mejor todavía, el equilibrio entre
las tres potencias del alma, inteligencia, voluntad y sensibilidad.
y éste no es de ningún modo un equilibrio de igualdad y sí de
proporcionalidad.
Lejos de este espíritu evangélico esta la lucha
de clases, destrucción corrosiva de la verdadera sociedad
humana, y como tal, objetivo del marxismo tantas veces condenado
por el Magisterio Eclesiástico.
Textos Santo
Tomás de Aquino, Summa Teologica 
Es necesaria la desigualdad entre las criaturas para que
dé gloria a Dios la Creación
A los textos pontificios transcritos anteriormente parece
conveniente añadirles algunos argumentos dados por Santo Tomás
de Aquino para justificar la existencia de desigualdades entre
las criaturas.
Afirma el Doctor Angélico en la Suma Teológica: "Vemos en efecto,
que en las cosas naturales las especies aparecen gradualmente
ordenadas: así, los cuerpos compuestos son más perfectos que
los elementos, y las plantas más perfectas que los minerales,
y los animales más perfectos que las plantas, y los hombres
más perfectos que los otros animales y en cada uno de estos
géneros se encuentran unas especies más perfectas que las otras.
Por tanto, así como la Divina Sabiduría es la causa de la distinción
entre las cosas con miras a la perfección del Universo, así
también lo es la desigualdad, porque no sería perfecto el Universo,
si hubiese solamente un grado de bondad en las cosas."
"De hecho no estaría en armonía con la perfección de Dios
el crear un sólo ser, pues ningún ser creado, por excelente
que se lo imagine, sería capaz de reflejar adecuadamente, por
sí solo, las infinitas perfecciones de Dios."
Así pues, las criaturas han de ser necesariamente múltiples,
y no sólo múltiples, sino también necesariamente desiguales.
Esta es la doctrina del Santo Doctor:
"Es mejor muchos bienes finitos que uno solo , pues aquellos
tendrían lo que éste y aún más. Pero la bondad de toda criatura
es finita, pues es deficiente con relación a la infinita bondad
de Dios, luego, es más perfecto el Universo de las criaturas
habiendo muchos grados de cosas que si hubiera uno solo. Ahora
bien, al Sumo Bien Le compete hacer lo que es mejor, luego le
convino hacer muchos grados de criaturas. Es más: la bondad
de la especie supera la bondad del individuo, como lo formal
a lo material. Por lo tanto, más añade a la bondad del Universo
la multiplicidad de especies que los individuos de una misma
especie. Por consiguiente, para que el Universo sea perfecto
no sólo conviene que existan muchos individuos, sino también
que existan diversas especies, y, por tanto , diversos grados
en las cosas. (22) Las desigualdades no son, pues, defectos
de la Creación, sino cualidades excelentes de la misma, en las
cuales se refleja la infinita y adorable perfección de su Autor;
y Dios se complace contemplándolas: "La diversidad y desigualdad
entre las cosas creadas no procede, pues, del acaso, ni de la
diversidad de la materia, ni de la intervención de algunas causas
o méritos, sino de la propia intención de Dios de querer dar
a la criatura la perfección que le era posible tener.
"Por eso dice el Génesis (1,31 ): 'Vio Dios que todo lo que
había hecho era sobremanera bueno'.' (23)
León XIII, "Quod Apostolici
Muneris",1878 
La desigualdad de derechos y de poder procede del propio Autor
de la Naturaleza
León XIII, en la encíclica Quod apostolici muneris, del 28
de diciembre de 1878, enseña:
"Por más que los socialistas, abusando del propio Evangelio
para inducir más fácilmente al mal a los incautos, se hayan
habituado a desvirtuarlo según su parecer, existe, sin embargo,
una divergencia tan grande entre su perversa teoría y la purísima
doctrina de Jesucristo, que no la hay ni puede haberla mayor.
Porque ¿qué consorcio hay entre la justicia y la iniquidad?
o ¿qué sociedad hay entre la luz y las tinieblas? (11 Coro VI,
14). Realmente, como hemos dicho ya, no cesan ellos de repetir
que todos los hombres son iguales entre sí por naturaleza, y
por eso pretenden que no se debe honra ni veneración a la autoridad,
ni obediencia a las leyes, a no ser a las que ellos mismos sancionan
a su gusto. "Por el contrario, según las enseñanzas de los Evangelios,
la igualdad entre los hombres está en que, al tener todos la
misma naturaleza, están todos llamados a la misma dignidad excelsísima
de hijos de Dios; bien como en que, por haber sido todos designados
para el mismo y único fin, cada uno será juzgado según la misma
ley, recibiendo según sus méritos el castigo o la recompensa.
Esto no obstante, la desigualdad de derechos y de poder procede
del propio Autor de la Naturaleza, de quien toda paternidad,
en el Cielo y en la Tierra, toma su nombre (Ef III, 15)."(1)
2. El Universo, la Iglesia y la sociedad civil reflejan
el amor de Dios en una orgánica desigualdad
En la misma encíclica el Pontífice afirma: "Quien creó y gobierna
todas las cosas las ha dispuesto con su providente Sabiduría
de tal forma que las más pequeñas por medio de las medianas
y las medianas por medio de las mayores lleguen todas a su fin.
Por consiguiente, así como quiso que el propio Reino celestial
los coros de los Ángeles fueran distintos y estuvieran sometidos
los unos a los otros; así como en la Iglesia instituyó varios
grados de órdenes y diversidad de ministerios, para que no todos
fueran Apóstoles, ni todos Doctores, ni todos Pastores (1 Cor:
XII), así también constituyó en la sociedad civil muchas categorías
diferentes en dignidad, derechos y poder, sin duda para que
la sociedad civil, al igual que la Iglesia, fuese un solo cuerpo
compuesto de muchos miembros, unos más nobles que otros pero
todos recíprocamente necesarios y preocupados por el bien común."
(2)
3. Los socialistas presentan el derecho de propiedad como
una pura invención humana que repugna a la igualdad natural entre
los hombres
Un poco más adelante declara: "La sabiduría católica, apoyada
en los preceptos de la ley divina y de la ley natural, vela
también con singular prudencia por la tranquilidad pública y
doméstica mediante los principios que mantiene y enseña respecto
al derecho de propiedad ya la distribución de los bienes adquiridos
para las necesidades y utilidad de la vida. Los socialistas,
en realidad, al presentar el derecho de propiedad como una pura
invención humana que repugna a la igualdad natural entre los
hombres, aspiran a la comunidad de bienes, y opinan que no puede
soportarse con paciencia la pobreza, y que se puede violar impunemente
las posesiones y los derechos de los ricos.
La Iglesia, mucho más acertada y provechosamente, reconoce la
desigualdad entre los hombres, naturalmente diferentes por las
fuerzas del cuerpo y del espíritu, y también por sus posesiones,
y ordena que el derecho de propiedad y de dominio, que proviene
de la propia naturaleza, permanezca intacto e inviolable en
manos de quien lo posee"(3)
León XIII, "Humanum
Genus", 1884
Nada repugna tanto a la razón como una igualdad absoluta
entre los hombres
"Que todos los hombres, sin excepción, son iguales
entre sí, es cosa que nadie duda, si se considera que el origen
y la naturaleza son comunes, que cada uno debe alcanzar el mismo
fin último, y que de aquí emanan naturalmente los mismos derechos
y obligaciones, pero, una vez que no pueden ser iguales las
cualidades naturales de todos, y cada uno es diferente del otro
-sea por las facultades espirituales, sea por la fuerza física-,
y que son muchísimas las diferencias de costumbres, gustos,
y maneras de ser; nada repugna, pues, tanto a la razón como
pretender reducir todas estas cosas a una misma medida y trasponer
esta igualdad tan absoluta a las instituciones de la vida civil"(4)
La existencia de desigualdades es condición necesaria para
que sea orgánica una sociedad
Prosigue León XIII: "Del mismo modo que la perfecta constitución
de un cuerpo resulta de la unión y adecuación entre sus diversos
miembros - los cuales difieren en forma y funciones, pero vinculados
y situados en su propio lugar constituyen un organismo bello,
vigoroso y apto para cumplir su función- , así también se encuentran
en la sociedad humana diferencias de proporciones casi infinitas.
Si todos fueran iguales y cada uno hiciera su voluntad, no podría
el Estado tener un aspecto más deforme, por el contrario, si
a través de distintos grados de dignidad, dedicación y talento,
todos contribuyen convenientemente al bien común, reflejarán
la imagen de una sociedad bien constituida y de acuerdo con
la naturaleza."(5)
León XIII, "Rerum Novarum",
1891 
La desigualdad social redunda en provecho de todos
En la encíclica Rerum novarum, del 15 de mayo de 1891,
León XIII vuelve al tema de las desigualdades sociales:
"Así pues, ha de quedar establecido en primer lugar que se debe
respetar la condición humana, que en la sociedad civil no se
puede igualar lo alto con lo bajo. Los socialistas desean, sin
duda, lo contrario; pero todo esfuerzo contra la Naturaleza
es vano. Es ella, en efecto, la que ha establecido entre los
hombres tantas y tan grandes diferencias : no todos tienen igual
inteligencia, ni habilidad, ni salud, ni fuerza, diferencias
necesarias, de las que nace espontáneamente su situación desigual.
Esto es claramente conveniente, no sólo en beneficio de los
individuos, sino también y especialmente en beneficio de la
sociedad, porque la vida social tiene necesidad de un organismo
variado con facultades y funciones diversas, y los hombres son
llevados a desempeñar estas funciones principalmente por las
diferencias de condición. " (6)
7. Así como en el cuerpo se unen conveniente ente entre
si los diversos miembros, así también deben integrarse las
clases en la sociedad
Un poco más adelante el Pontífice declara: "Lo que está en
causa, de lo que hablamos, es del error capital de suponer que
cada clase es enemiga natural de la otra, como si la naturaleza
hubiese enfrentado a ricos y a pobres para que combatan entre
sí en un pertinaz duelo. Esto es a tal punto incompatible con
la razón y con la verdad que, por el contrario, es necesario
sentar como cierto el siguiente principio: así como en el cuerpo
se unen convenientemente entre sí los diferentes miembros, de
donde nace un todo de aspecto armonioso que podrá llamarse justamente
proporción , de1 mismo modo dispone la naturaleza que ambas
clases se unan armoniosamente entre sí en la sociedad, y que
mantengan de perfecto acuerdo el equilibrio. Cada una necesita
absolutamente a la otra: no puede existir capital sin trabajo
ni trabajo sin capital. La concordia engendra la belleza y el
orden de las cosas; de la rivalidad perpetua es, en cambio,
inevitable que nazca una salvaje ferocidad y confusión." (7)
Normalmente, el Estado debe proteger de modo especial
a los pobres de las luchas sociales
"Porque la raza de los ricos, como que se puede amurallar
con sus recursos propios, necesita menos del amparo de la pública
autoridad; el pueblo pobre, como carece de medios propios con
que defenderse, tiene que apoyarse grandemente en el patrocinio
del Estado. Por esto, a los jornaleros, que forman parte de
la multitud indigente, debe con singular cuidado y providencia
cobijar el Estado". (103).
"Intervenga, pues, la autoridad del Estado, y poniendo
un freno a los agitadores, aleje de los obreros los artificios
corruptores de sus costumbres, y de los que legítimamente poseen,
el peligro de ser robados" (104) .
Ricos y pobres son hijos de Dios
"...es necesario apartar de la democracia cristiana otra acusación:
la de que ella consagra sus cuidados de tal modo a los intereses
de las clases inferiores, que parece dejar de lado las clases
superiores, las cuales no son menos útiles para la conservación
y mejora de la sociedad. Este peligro está prevenido en la ley
cristiana de la caridad, de que hablamos arriba. La caridad
abre sus brazos para acoger a todos los hombres, cualquiera
que sea su condición, como hijos de una sola familia, creados
por el mismo Padre benignísimo, rescatados por el mismo Salvador
y llamados a la misma herencia eterna".
León XIII, Alocución al Patriciado Romano,1901
La Iglesia ama a todas las clases, y la armoniosa desigualdad
entre ellas
En su alocución del 24 de enero de 1903 al Patriciado ya la
Nobleza romana, afirma también León XIII: "Los Romanos Pontífices
siempre fueron solícitos, a la vez, tanto en tutelar y mejorar
la suerte de los humildes, como en sostener y aumentar el decoro
de las clases elevadas. Puesto que ellos son los continuadores
de la misión de Jesucristo, no só1o en el orden religioso,
sino también en el social. ( ...) Por eso la Iglesia, al predicar
a los hombres la filiación universal del mismo Padre celestial,
reconoce asimismo como providencial para la sociedad humana
la distinción de las clases. Por esa razón inculca que só1o
en el respeto recíproco de los derechos y deberes y en la caridad
mutua está escondido el secreto del justo equilibrio, del bienestar
honesto, de la verdadera paz y del florecimiento de los pueblos.
Así pues, Nos, deplorando las actuales agitaciones que perturban
la convivencia social, hemos vuelto también muchas veces Nuestra
mirada hacia las clases más humildes, más pérfidamente asediadas
por las sectas inicuas, y les hemos ofrecido los maternales
cuidados de la Iglesia; y hemos declarado muchas veces que nunca
será remedio para esos males la igualdad que subvierte el orden
social, sino aquella fraternidad que, sin menoscabar en nada
la dignidad propia de cada categoría, une los corazones de todos
con un mismo vínculo de amor cristiano."(8)
León XIII,"Graves de Communi",
1903
Las desigualdades sociales deben ser armónicas
León XIII se refiere a los "...derechos y obligaciones,
por cuya observancia, las dos clases sociales de ciudadanos,
la que dispone del capital y la que dispone del trabajo, deben
mantener armonía entre si"(120).
San Pío X,Motu Propio "Fin dalla
prima",1903
Debe haber en la sociedad reyes y súbditos, patronos y obreros,
ricos y pobres, sabios e ignorantes, nobles y plebeyos
En el motu propio Fin dalla prima, del 18 de diciembre de
1903,San Pío X resume la doctrina de León XIII sobre
las desigualdades sociales:
" I. La sociedad humana, tal como Dios la ha establecido,
está compuesta por elementos desiguales, como desiguales son
los miembros del cuerpo humano; hacerlos todos iguales es imposible,
pues supondría destruir la propia sociedad (Enc. Quod Apostolici
muneris).
II. La igualdad entre los diversos miembros de la sociedad
consiste únicamente en que todos los hombres tienen su origen
en Dios Creador, han sido redimidos por Jesucristo y deben ser
juzgados y premiados o castigados por Dios según la medida exacta
de sus méritos o deméritos (Enc. Quod Apostolici muneris).
III. De aquí viene que esté de acuerdo con el orden establecido
por Dios que haya en la sociedad humana reyes y súbditos, patronos
y obreros, ricos y pobres, sabios e ignorantes, nobles y plebeyos,
los cuales, unidos todos por un vínculo de amor, se ayuden mutuamente
a conseguir su último fin en el Cielo y, sobre la tierra, su
bienestar material y moral (Enc. Quod Apostolici muneris)."(9)
San Pío X, Notre chargue apostolique, 1910
Cierta democracia llega al grado de perversidad de atribuir
al pueblo la soberanía de la sociedad y perseguir la supresión
y la nivelación de las clases
De la carta apostólica Notre chargue apostolique, de San
Pío X, del 25 de agosto de 1910:
"Le Sillon, llevado por un mal entendido amor a los débiles,
ha incurrido en el error.
En efecto, Le Sillon se propone el restablecimiento y regeneración
de las clases obreras. Ahora bien, los principios de doctrina
católica sobre esta materia ya han sido fijados, y ahí está
la historia de la civilización cristiana para atestiguar su
bienhechora fecundidad. Nuestro Predecesor, de feliz memoria,
los recordó en magistrales páginas que los católicos ocupados
en las cuestiones sociales deben estudiar y tener siempre ante
sus ojos. Enseñó especialmente que la democracia cristiana debe
'mantener la diversidad de clases propia, ciertamente, de la
ciudad bien constituida, y querer para la sociedad humana la
forma y carácter que Dios, su autor, ha impreso en ella'. Condenó
'una democracia que llega al grado de perversidad de atribuir
al pueblo la soberanía de la sociedad y perseguir la supresión
y nivelación de las clases.'."(10)
Jesucristo no enseñó una igualdad quimérica ni la rebeldía
contra la autoridad
Aún en la misma carta apostólica afirma San Pío X:
"Aunque Jesús fue bueno para con los extraviados y pecadores,
no respetó sus convicciones erróneas, por muy sinceras que pareciesen;
los amó a todos para instruirlos, convertirlos y salvarlos.
Si llamó junto a sí, para consolarlos, a quienes padecen y sufren,
no fue para predicarles la envidia de una igualdad quimérica;
si enalteció a los humildes no fue para inspirarles el sentimiento
de una dignidad independiente y rebelde a la obediencia."
(11)
Defender a los pobres, sin provocar el odio a las clases superiores
"...Los escritores católicos, al defender la causa de los
proletarios y de los pobres, deben abstenerse de palabras y
de frases que podrían inspirar al pueblo la aversión por las
clases superiores de la sociedad. No se hable, pues, de reivindicación
y de justicia cuando se trata de simple caridad, ... Recuerden
que Jesucristo quiso reunir a todos los hombres por los lazos
de amor mutuo, que es la perfeeci6n de la justicia e incluye
la obligación de trabajar para el bien reciproco" (122).
Benedicto XV, "Ad beatissimi",
1914
No por ser iguales en naturaleza han de ocupar los hombres
igual situación en la sociedad
En la encíclica Ad beatissimi, de noviembre de 1914,
Benedicto XV afirma:
"Contra aquellos que han sido favorecidos por la fortuna
o han alcanzado alguna abundancia de bienes con su trabajo,
se levantan encendidos en malevolencia los proletarios y obreros,
porque, aun cuando participan de la misma naturaleza, no se
encuentran, sin embargo, en la misma condición. Evidentemente,
una vez infatuados como están por las falacias de los agitadores
a cuya influencia suelen someterse totalmente, ¿quién los
convencerá de que del hecho de que todos los hombres son iguales
por naturaleza no se sigue que todos deban ocupar igual situación
en la sociedad, sino que, a no ser que algo lo impida, cada
uno tendrá la situación que haya alcanzado para sí mediante
su comportamiento? Así, los pobres que luchan contra los ricos
como si éstos se hubieran apoderado de bienes ajenos, no solo
actúan contra la justicia y la caridad, sino también contra
la razón, sobre todo considerando que, si quieren, pueden
alcanzar para sí una fortuna mejor mediante su honesta competencia
en el trabajo. No es necesario declarar cuáles y cuántas calamidades
engendra esta odiosa rivalidad entre clases, no sólo para
los individuos sino también para el conjunto de la sociedad."
(12)
El trato fraternal entre superiores e inferiores no debe
hacer desaparecer la variedad de condiciones y la diversidad
de las clases sociales
Continúa Benedicto XV: "Ciertamente no tendrá fuerza
ese amor para hacer desaparecer las diferencias de condición
entre las diversas clases sociales, así como no es posible
hacer que todos los miembros de un cuerpo viviente tengan
la misma función y dignidad; sin embargo, conseguirá que quienes
están en situación superior desciendan, en cierto modo, hasta
los inferiores, y que se comporten con ellos no sólo con justicia,
como conviene, sino también benigna, amable, pacientemente.
Alégrense por su parte los inferiores de la prosperidad de
aquellos y tengan confianza en su auxilio, así como el menor
de los hijos de una familia descansa en la protección y amparo
del mayor:"(13)
El igualitarismo alienta la revuelta de la multitud contra
los que tienen posesiones
"Deshecho ...o aflojado aquel doble vínculo de cohesión
de todo el cuerpo social, a saber, la unión de los miembros
entre sí por la caridad mutua, y de los miembros con la cabeza
por el acatamiento a la autoridad, quién se admirará con razón,
Venerables Hermanos, de que, actualmente la sociedad humana
se presenta como dividida en dos grandes facciones que luchan
entre sí impiadosamente y sin tregua, enfrentándose con los
que la suerte o la actividad propia dotaron de bienes de fortuna,
proletarios y obreros están abrasados por el odio, porque
participando de la misma naturaleza, no gozan, sin embargo,
de la misma condición. Naturalmente, infatuados como están
por los embustes de los agitadores, a cuyo influjo acostumbran
a someterse enteramente, quien será capaz de persuadirles
de que, no por ser iguales en naturaleza, deben los hombres
ocupar el mismo puesto en la vida social; sino que, salvo
circunstancias adversas, cada uno tendrá el lugar que consiguió
por su conducta. Y así, pues, los pobres que luchan contra
los ricos, como si éstos hubieran usurpado los bienes ajenos,
obran, no solamente contra la justicia y la caridad, sino
también contra la razón; principalmente teniendo en cuenta
que pueden si quisieran, con honrada perseverancia en el trabajo,
mejorar la propia fortuna. No es necesario declarar cuáles
y cuántos perjuicios acarrea esta rivalidad de clases, tanto
a los individuos en particular como a la sociedad en general.
Todos estamos viendo y deplorando las frecuentes huelgas,
en que acostumbra a quedar repentinamente paralizado el curso
de la vida pública y social, hasta en las funciones de más
imprescindible necesidad; e igualmente, esas amenazadoras
revueltas y tumultos en que, con frecuencia: se llega al empleo
de las armas y al derramamiento de sangre" (105).
Benedicto XV, "Soliti Nos ",1920
Se debe acatar la jerarquía social, para mayor provecho
de los individuos y de la sociedad
Benedicto XV, en la carta Soliti Nos, del 11 de marzo de 1920,
dirigida a Mons. Marelli, Obispo de Bérgamo, declara: "Quienes
son de inferior posición social y fortuna, entiendan perfectamente
esto: que la variedad de categorías existentes en la sociedad
civil proviene de la naturaleza y de la voluntad de Dios. En
conclusión, debe repetarse: porque Él mismo hizo al pequeño
y al grande (Sb. VI, 8), sin duda para mayor provecho de cada
uno y de la comunidad. Que ellos mismos se persuadan de que,
por más que mediante su esfuerzo y favorecidos por la fortuna
hayan alcanzado situaciones mejores, siempre restará para ellos,
como para todos los hombres, una parcela no pequeña de padecimientos;
por lo cual, si son juiciosos, no aspirarán en vano a cosas
más altas que las que puedan, y soportarán con paz y constancia
los inevitables males, en la esperanza de los bienes eternos."(14)
Sagrada Congregación del Conc ilio,
a Mons. Liénart, 1929
No se debe excitar la animosidad contra los ricos incitando
a las masas a la subversión de la sociedad
En carta dirigida el 5 de junio de 1929 a Mons. Achille Liénart,
obispo de Lille, la Sagrada Congregación del Concilio recuerda
los siguientes principios de la Doctrina Social católica y directrices
prácticas de orden moral emanadas de la suprema autoridad eclesiástica:
"'Quienes se ufanan del título de cristianos, tomados aisladamente
o agrupados en asociaciones, nunca deben, si tienen conciencia
de sus deberes, mantener enemistades y rivalidades entre las
clases sociales, sino la paz y la caridad mutua' (Pío X, Singulari
quadam).
"'En cuanto a los escritores católicos, guárdense bien, al tomar
la defensa de la causa de los obreros y de los pobres, de emplear
un lenguaje que pueda inspirar al pueblo aversión hacia las
clases superiores de la sociedad... Que recuerden que Jesucristo
quiso unir a todos los hombres con el lazo de un amor recíproco,
que es la perfección de la justicia, y que entraña la obligación
de que trabajen unos y otros por su mutuo bien' (Instrucción
de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios,
27 de enero de 1902).
"'Quienes presiden esta clase de instituciones (las que tienen
por finalidad promover el bien de los obreros) deben recordar...
que nada es más conveniente para asegurar el bien general que
la concordia y la buena armonía entre todas las clases sociales,
y que la caridad cristiana es el mejor lazo de unión entre todas
ellas. Muy mal trabajarían, por tanto, para el bien del obrero
quienes, pretendiendo mejorar sus condiciones de existencia,
no le ayudaran sino a conquistar los bienes efímeros y frágiles
de este mundo, descuidaran el preparar a los espíritus para
la moderación mediante el recuerdo de los deberes cristianos,
y, mucho más aún, si llegaran hasta excitar la animosidad contra
los ricos, entregándose a esas declamaciones amargas y violentas,
por medio de las cuales hombres extraños a nuestras creencias
tienen la costumbre de lanzar las masas a la subversión de la
sociedad' ( Benedicto XV; al obispo de Bérgamo, 11 de marzo
de 1920)." (15)
Pío XI,"Quadragesimo
Anno", 1931
Ultra-ricos y multitud de pobres
Refiriéndose, a la economía contemporánea en general, Pío
XI dijo: "Hoy, sin embargo, observando el enorme contraste entre
el pequeño número de los ultra-ricos y la multitud innumerable
de los pobres, no hay hombre prudente que no reconozca los gravísimos
inconvenientes de la actual repartición de la riqueza (118).
Aprobar que haya clases desiguales, grandes y pequeños, patronos
y empleados, fortunas grandes, medias y pequeñas, y, en fin,
personas y familias que vivan digna y suficientemente de sus
salarios, no es aprobar la coexistencia de 'ultra ricos' e indigentes."
Pío XI, "Divini Redemptoris"
, 1937
Es legítima la desigualdad de derechos
Pío XI, en la encíclica Divini Redemptoris, de 19 de marzo
de 1937, afirma: "Debemos advertir aquí que yerran de modo
vergonzoso quienes afirman que en la sociedad civil los derechos
son iguales para cualquier ciudadano, y que no es legítimo que
existan en la misma diversos grados de poder."(16)
Los pobres, víctimas principales de la demagogia
"Los pobres, en efecto, son los que están más expuestos
a las insidias de los agitadores, que explotan su desgraciada
condición para encender la envidia contra los ricos y excitarlos
a tomar por la fuerza lo que les parece que la fortuna les ha
negado injustamente" (121).
Interés de los empleados: usar de justicia y caridad para
con los patronos
"Pero también los trabajadores deben acordarse de sus obligaciones
de caridad y de justicia: estén persuadidos de que así pondrán
mejor a salvo sus propios intereses" (106).
Pío XII , Discursos y Radiomensajes,
1942, 1948, 1953. 
Tanto las semejanzas como las diferencias entre los hombres
encuentran su adecuado lugar en el orden absoluto del ser
Del radiomensaje de Navidad de 1942, pronunciado por Pío XII:
"Si la vida social supone unidad interior, no excluye, sin
embargo, las diferencias, que la realidad y la naturaleza favorecen.
Pero cuando se apoyan firmemente en Dios, supremo Legislador
de todo aquello que se refiere al hombre, tanto las semejanzas
como las diferencias entre los hombres encuentran su adecuado
lugar en el orden absoluto del ser, de los valores y, por consiguiente,
también de la moralidad. Por el contrario, minado este fundamento,
se abre entre los diversos campos de la cultura una peligrosa
discontinuidad, aparece una incertidumbre e inseguridad de contornos,
de límites y de valores."(17)
La convivencia humana produce siempre y necesariamente
toda una escala de graduaciones y diferencias
De la alocución de Pío XII a los trabajadores de la Fiat,
el 31 de octubre de 1948: "La Iglesia no promete aquella
absoluta igualdad que otros proclaman, porque sabe que la convivencia
humana produce siempre y necesariamente toda una escala de graduaciones
y diferencias en las cualidades físicas e intelectuales, en
las disposiciones y tendencias interiores, en las ocupaciones
y responsabilidades; pero, al mismo tiempo, asegura la plena
igualdad dentro de la dignidad humana, bien como en el corazón
de Aquel que llama a Sí a todos los que estánfatigados y agobiados."
(18)
Pretender la igualdad absoluta sería destruir el organismo
social
Pío Xll, en el discurso dirigido el 4 de junio de 1953 a un
grupo de fieles de la parroquia de Marsciano, Perusa, Italia:
"Es necesario que os sintáis verdaderamente hermanos. No
se trata de una simple alegoría: sois verdaderamente hijos de
Dios, sed, pues, realmente hermanos entre vosotros .
Ahora bien, los hermanos no nacen ni permanecen todos iguales:
unos son fuertes, otros débiles; algunos inteligentes, otros
incapaces; tal vez alguno sea anormal o llegue a volverse indigno.
Es, por tanto, inevitable una cierta desigualdad material, intelectual
y moral dentro de una misma familia. (...)
Pretender la igualdad absoluta entre todos sería como querer
dar idéntica función a los diversos miembros del mismo organismo."(19)
Juan XXIII, "Ad Petri Cathedram",
1959
Quienes se atreven a negar la disparidad de clases sociales
van en contra de las leyes de la propia naturaleza
Enseña Juan XXIII en la encíclica Ad Petri Cathedram, del
29 de junio de 1959: " Es cada vez más necesario promover
también entre las clases sociales esa armoniosa unidad que se
busca entre pueblos y naciones. Si esto no se logra, pueden
nacer de ahí -como ya estamos viendo- mutuos odios y discordias,
de los cuales resultarán tumultos, perniciosas revoluciones,
ya veces mortandades, así como un paulatino empobrecimiento
de la economía pública y privada, llevada a una situación crítica.
(...) Por consiguiente, quienes se atreven a negar la desigualdad
de las clases sociales contradicen las leyes de la propia naturaleza,
y quienes se oponen a esta amistosa e imprescindible unión y
cooperación entre dichas clases pretenden, sin duda, perturbar
y dividir la sociedad humana, con grave peligro y daño del bien
público y del privado. (...) ciertamente cada una de las clases
y diversas categorías de ciudadanos puede defender sus propios
derechos, con la condición de que esto no se haga con violencia
sino legítimamente, sin invadir injustamente los derechos de
los demás, tan inviolables como los propios. Todos son hermanos;
por consiguiente todo ha de resolverse con amistoso trato y
mutua caridad fraterna."(20)
Concilio Vaticano II,"C onst.
Pastoral Gaudium et Spes", 1965
Han de eliminarse las enormes desigualdades económico-sociales
"Para satisfacer las exigencias de la justicia y de
la equidad hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que,
dentro del respeto a los derechos de las personas y a las características
de cada pueblo, desaparezcan lo más rápidamente posible las
enormes diferencias económicas que existen hoy..."
Esos esfuerzos deben hacerce dentro del respeto al derecho
de propiedad, como puede ser la capacitación
"...teniendo en cuanta las peculiares dificultades de
la agricultura tanto en la producción como en la venta de sus
bienes, hay que ayudar a los labradores para que aumenten su
capacidad productiva y comercial, introduzcan los necesarios
cambios e innovaciones..." (123)
De los derechos esenciales, de la diversidad de la especie
humana
"...todos ellos, dotados de alma racional y creados
a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen.
Y porque, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación
y de idéntico destino. Es evidente que no todos los hombres
son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las cualidades
intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminación
en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o
cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social,
lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria
al plan divino. En verdad, es lamentable que los derechos fundamentales
de la persona no estén todavía protegidos en la forma debida
por todas partes. Es lo que sucede cuando se niega a la mujer
el derecho de escoger libremente esposo y de abrazar el estado
de vida que prefiera ..."(124)
Juan Pablo II, Homilía en una Misa
para Jóvenes en Belo Horizonte, 1980 
La peligrosa utopía de una sociedad sin clases
Juan Pablo II, en la homilía de una Misa para jóvenes estudiantes
celebrada en Belo Horizonte (Brasil) el 1 de junio de 1980,
declaró:
"Aprendí que un joven cristiano deja de ser joven, y hace
mucho que ha dejado de ser cristiano, cuando se deja seducir
por doctrinas e ideologías que predican el odio y la violencia.
(...) Aprendí que un joven comienza a envejecer peligrosamente
cuando se deja engañar por el principio fácil y cómodo de que
'el fin justifica los medios', cuando pasa a creer que la única
esperanza para mejorar la sociedad está en promover la lucha
y el odio entre los grupos sociales, en la utopía de una sociedad
sin clases, que se revela muy pronto como creadora de otras
nuevas." (21)
Notas
20) lnsegnamenti, vol. m, 2, p. 8.
21)Iq.47,a.2.
22) Suma contra los gentiles, L. II, cap. 45.
23) lb ídem.
(101) Cfr. Proposición 6.
(102) Cfr. Proposición 9.
(103) León XIII, Encíclica. "Rerum Novarum",
de 15 de ma.yo de 1891 - A .S. S., vol. XXIII, pág. 659 (Ex
Typographia. Polyglota. S. C. de Propaganda. Fide. -1890, 1891.
(104) Idem, pág. 659.
(105) Benedicto XV, Encíclica "Ad Beatissimi", de 1ro de noviembre
de 1914 - A.A.S., vol. VI, págl. 571-572.
(106) Pío XI, Encíclica "Divini Redemptoris", de 19 de marzo
de 1937 - A.A.S., vol. XXIX, pág. 93.
(118) Pío XI, Encíclica "Quadragesimo Anno". de 15 de mayo de
1931 - A.A.S., vol. XXIII, Pág. 197.
(119) Juan XXIII, Encíclica "Ad Petri Cathedram", de 29 de junio
de 1959 -A.A.S., vol. LI, Nro. 10, págs. 506.507.
(120) León XIII, Encíclica "Graves de Communi", de 18 de enero
de 1901 - A. S. S.. vol. XXXIII, págs. 385 (Ex Typographia Polyglota
S. C. de Propaganda Fide -1900, 1901).
(121) Pío XI, Encíclica "Divini Redemptoris", de 19 de marzo
de 1937 - A.A.S., vol. XXIX, p. 97
(122) San Pío X, "Motu Propio" sobre la Acción Popular Católica.
de 18 de diciembre de 1908 -A.S.S., vol. XXXVI, pág. 844 (Ex
Typographia Polyglota S.C. de Propaganda Fide -1908, 1904).
(123) Concilio Vaticano Segundo, Constitucion Pastoral "Gaudium
et Spes" , parte II, cap.
3, 66.
(124) Idem, cap. 2, 29.

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