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En el bar, con los "moderados"

Estaba buscando asiento con un grupo de amigos en un espacioso y ruidoso bar. Cuando encontramos y nos sentamos, me di cuenta que nuestra presencia molestaba a algunas personas sentadas cerca.

Tres hombres y dos mujeres nos miraban continuamente de reojo. Uno de ellos, alto, delgado, con nariz angular y un largo cuello, movió discretamente su silla para escuchar nuestra conversación.

Estábamos hablando un poco de todo, la conversación iba y venía sobre nuestros temas usuales, pero a través de insospechados e imaginativos caminos.

El hombre de nariz angular no se esforzó en ocultar su interés en nuestra conversación. Menos se esforzó cuando ésta le comenzó a molestar; por el contrario: sus ojos se obscurecieron; la punta de su nariz angular tomó la forma del pico de un cuervo. También sus codos parecieron convertirse en codos que apuntaban agresivamente. ¿Quién podría ser? ¿Un profesor de un campo de instrucción terrorista? ¿Un líder sindicalista? ¿Un cronista de alguna pequeña revista suburbana, o de un gran diario demagogo? ¿Un pequeño comerciante algo intelectualizado? No lo sé.

En determinado momento se dio cuenta de que estábamos hablando del uso de gas venenoso y no se pudo contener a si mismo; con el despotismo típico de algunos izquierdistas autodenominados "moderados", y obviamente esperando poner a las demás personas del bar contra nosotros, le preguntó a uno de los más jóvenes que estaban en mi mesa:

"¡Ahora si! Hasta acá llegaron, ¿está usted a favor del uso del gas venenoso?

El hombre-angular quería que mi joven amigo confirmara su pregunta. Entonces él se pararía en su mesa (o en la nuestra) y convocaría al resto de los que estaban en el lugar para "escracharnos" por nuestra opinión.

Este izquierdista, que seguramente era un romántico guerrero lobotomizado de la libertad de todas las opiniones... (mientras éstas sean de izquierda), logró comenzar lo que parecía que iba a ser una larga y aburrida discusión entre las dos mesas. Pronto llegué a la conclusión de que el hombre-angular debía ser silenciado si queríamos continuar con nuestros armoniosos pensamientos y nuestra cómoda charla.

Si le acusábamos de intruso, hubiéramos caído en su juego... hubiera dicho que nuestro orgullo era intolerable, etc, etc. Hubiera sido algo más monótono y largo que una discusión, hubiera sido una pelea. ¿Qué podíamos hacer?

Tomé aire y lo miré fijamente, luego dije:

"Por supuesto, soy partidario del uso de gases venenosos. Yo pienso, por ejemplo, que cuando una pequeña banda de guerrilleros toma como refugio la cima de una montaña y la usa como fuerte para crearle problemas al ejército, las fuerzas armadas tienen el derecho de defenderse disparando gases sobre los rebeldes. ¡No todos los gases tienen que ser mortales! Hay medidas y matices en todo. Es suficiente que los gases enfermen a los guerrilleros. Eso sería suficiente para capturarlos y terminar con los problemas"

Este izquierdista "moderado", con su nariz, sus rasgos, sus brazos, y con su boca, mostraba su gran triunfo. Entonces, me preguntó:

"¿No rechazarás poner lo que dijiste por escrito, no? Un hombre de carácter no dudaría poner en papel lo que dice".

Para provocarlo aún más, simulé un instante no tener tal carácter. Le dije que no lo haría. Luego tomé una pequeña pausa que - yo creo - el usó para calcular si le convenía saltar sobre la mesa directamente o si no le era más fácil poner una silla antes y usarla como escalera. Entonces se movió triunfante: "Que noche gloriosa para él hubiera sido aquella en el bar!"

Entonces proseguí con un tono suave: "Escribir da mucho trabajo, y hoy me siento cansado. Pero si usted puede conseguirme una grabadora de casettes (sabía que había una en una mesa cercana), grabaré lo que acabo de decir". En menos de un minuto la grabadora estaba en mi codo.

Impuse solo una condición para el cumplimiento de lo que el hombre-angular pedía: que él no me interrumpiera. Él aceptó.

Mis amigos parecían confundidos por mi movimiento. Los de él mostraban la curiosidad de las hienas. Ahhh.... la ferocidad de los "moderados" ¡La conozco bien!

Grabé lo que había dicho palabra por palabra, simplemente agregándole que mi argumento había sido una estrategia para espantar de nuestra conversación a un agresivo e inoportuno interlocutor. Cuando fuimos interrumpidos por él, expliqué, estábamos condenando el bombardeo de gas venenoso, que, según los periódicos, los comunistas de Laos estaban llevando a cabo contra las guerrillas anti-comunistas de la tribu Hmong. Ellos lo hacían con soporte vietnamita, y por ende con soporte de la Unión Soviética. Los informes eran que no todos los Hmong habían muerto, pero que los sobrevivientes habían sido abandonados.

Seguí elogiando a los héroes anticomunistas que continúan luchando por su nación aún mientras todo parece perdido. Entonces apagué la grabadora y mis amigos se la alcanzaron.

Posé mis ojos en el "campo enemigo". Todos ellos estaban hablando de otros asuntos. "El" continuó mirándonos fijamente, pero toda su mente parecía absorberse en su cigarrillo. Su puntiaguda nariz y todos sus rasgos retornaron a su forma original. Estiró su mano para recibir la grabadora, y solo dijo "Okay". Advirtió que estaba todavía mirándonos fijamente, y entonces nos dio su espalda.

La realmente odiosa tesis de que es legítimo el principio de exterminar cualquier adversario con gas venenoso no les molestaba más a esos izquierdistas "moderados". ¿Por qué? Porque no era utilizado por derechistas como ellos esperaban, sino por comunistas, quienes no solo defienden su uso sino que lo ponen en práctica. En ese caso.... ¡tales "moderados" no odian más la idea!

por Plinio Corrêa de Oliveira

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