La Torre de Belém
“Estatua de un guerrero en oración,
serio, fuerte e impávido”
La
Torre de Belém fue edificada en el estuario del río
Tejo, en Lisboa entre 1515 y 1520 durante el reinado de Manuel
I. Ella impresiona por su estilo gótico luso, llamado manuelino.
¿Ella es una torre?
Si, pero es casi un palacio en forma de torre. Cercada
por el mar, donde se notan las garitas en los ángulos para
los vigías que armados, defendían la torre.
La idea de guerra está plenamente presente
en ella.
Esa torre que se yergue sola en el estuario del
río Tejo, teniendo encima de sí sólo la bóveda
celeste, da la impresión que se considera con una superioridad
natural todo cuanto está a sus pies.
Propiamente ella es un reflejo simbólico
de la misión de Portugal en el tiempo en que fue construida.
***
¿Qué era Portugal en aquélla
época?
Una pequeña nación, pero no diminuta
en relación a la Península Ibérica de la
época. Durante toda la Edad Media, Portugal tenía
su peso como potencia dentro del panorama ibérico.
Siendo así, esa torre simbolizaba una nación
destinada a descubrir, conquistar, poblar, asimilar a su espíritu
y a su civilización pueblos de una vastedad inmensamente
mayor que su territorio. Basta sólo pensar en Brasil, en
Angola, en Mozambique, para comprender como todo eso representó
en cuanto a territorios conquistados para la Cristiandad...
Un misterioso viento histórico se posó
sobre la Torre de Belém, donde desde lo alto, los reyes
y los grandes hombres de Estado iban a ver partir a las escuadras
lusitanas
Ella simboliza un designio de Dios, simboliza una
misión. Al pie de ella se podría escribir: estatua
de un guerrero en oración, serio, fuerte e impávido.
Comparémosla con un rascacielos, moderno.
Supongamos que alguien dijera: “¡La
Torre de Belém está ocupando espacio inútilmente.
Vamos a derrumbarla, tirando toda esas piedras viejas en el fondo
del Tejo y construir allí un edificio, el mayor del mundo
con 200 pisos ...!”
Nunca más desearía ver ese lugar,
caso eso ocurriera.
Sin embargo, si alguien nadase hasta el fondo del
estuario y me trajera una de las piedras de la torre que fuera
derrumbada, yo le diría: “Deme un pedacito de esa
piedra, para guardarla y llevarla conmigo en mi sepultura”.
por Plinio
Corrêa de Oliveira

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